Disidentes y opositores

Es llamativa la fobia que demuestra la cúpula del PLC a los disidentes sandinistas del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y del Movimiento por el Rescate del Sandinismo ( MpRS). También menosprecian a los disidentes conservadores, de la Resistencia y del mismo PLC, pero mucho más a los disidentes sandinistas que son antiorteguistas.

La disidencia es una categoría política relativamente nueva. El nombre de disidentes se les dio a aquellas personas que habiendo sido partidarias del sistema comunista de la extinta Unión Soviética, comenzaron a discrepar del poder y como consecuencia fueron sometidas a exclusiones y represiones de toda clase. Muchos disidentes fueron recluidos en asilos psiquiátricos, pues los gobernantes soviéticos decían que sólo los locos podían disentir del comunismo.

Los disidentes soviéticos tomaron fuerza al calor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la cual fue proclamada por las Naciones Unidas en diciembre de 1948, cuando la URSS ya tenía 31 años y el totalitarismo nazi y fascista había sido aplastado durante la Segunda Guerra Mundial. Es que la Declaración Universal consagró el principio de que todos los seres humanos son jurídicamente iguales; que todos tienen derecho a vivir en libertad y a gobernarse democráticamente; que la libertad de pensamiento y expresión es un derecho natural, fundamental e incondicional de todas las personas; y que todos los individuos, independientemente del país donde viven, del color de su piel, de la religión que profesen o si no tienen ninguna, y cualesquiera que sean sus convicciones políticas, tienen derecho de pensar y de opinar libremente, de disentir de los gobiernos si así lo estiman necesario, derecho sagrado que debe ser respetado.

De manera que los disidentes, primero en la desaparecida Unión Soviética y luego en todos los países comunistas y totalitarios o autoritarios, eran personas que se decepcionaron del sistema y se cansaron de avalar los crímenes y las grandes mentiras oficiales. O se hicieron disidentes porque su naturaleza humana los impulsó a cambiar y quisieron ejercer sus derechos de personas, establecidos claramente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

En términos generales, los disidentes no se convirtieron en opositores activos contra el régimen comunista. Sólo disentían del sistema y cuando lo estimaban pertinente ejercían su derecho de opinar de acuerdo con sus propios criterios, de manera independiente y crítica, por lo cual fueron perseguidos e inclusive asesinados en no pocas ocasiones.

Entre los disidentes que cobraron resonancia universal se puede mencionar a la poetisa Anna Ajmátova, el científico nuclear Andrei Sajarov, el novelista Boris Pasternak y el escritor Alexander Solshenitsyin, en la desaparecida Unión Soviética; el estadista Vaclav Havel y los firmantes de la Carta 77, en Checoslovaquia; el dirigente sindical Lech Walesa y el intelectual Adam Michnik, en Polonia; el escritor Tzvetán Todorov y el periodista Georgi Markov, en Bulgaria; el defensor de los derechos humanos Chen Xiaoming y el profesor de filosofía y Premio Nobel de la Paz 2010, Lu Xiaobo, en China; Orlando Zapata, Guillermo Fariñas y la bloguera Yoanni Sánchez, en Cuba; Anna Politkovskaya y Lyudmila Alexeyeva, en la Rusia actual; Alexander Vladimirovich Milinkevich, en Bielorrusia; Aunng san suu Kyi, en Birmania, y muchos otros más.

En Nicaragua, los disidentes del Partido Liberal somocista, Salvador Buitrago Ajá, Macario Estrada, Humberto Alvarado y otros destacados políticos fundaron en 1944 el Partido Liberal Independiente (PLI). Otros disidentes del mismo partido somocista, entre los cuales destacaban Ramiro Sacasa Guerrero, Pedro J. Quintanilla, Mario Oviedo y Orlando Trejos Somarriba, entre otros, crearon en 1969 el Movimiento Liberal Constitucionalista (MLC), que derivó en el Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Y es oportuno recordar al respecto, que los opositores sectarios de esa época menospreciaban a los disidentes del MLC, no los aceptaban en las filas de la oposición democrática, los consideraban indignos porque habían formado parte del somocismo. Así se escribe la historia.

Está claro que los disidentes no deben tener posiciones ventajosas en las filas de la oposición, ni colocarse por encima de quienes siempre fueron opositores y afrontaron los riesgos y sufrieron las consecuencias correspondientes. Pero tampoco deben ser de menos. La verdad es que entre más sean los sandinistas disidentes menos fuerza tendrá el orteguismo. Y en todo caso, la unidad en la acción de los opositores tradicionales con los disidentes es indispensable para poder garantizar el éxito de la lucha por la libertad y la reconquista de la democracia.

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