Los pobladores iniciaban labores de reconstrucción. LA PRENSA/G.MIRANDA

Tornado en San Benito

La familia de Daniel Martínez revivió momentos de angustia cuando ayer a las dos y media de la tarde un pequeño tornado hizo que su techo volara a más de 200 metros.

La familia de Daniel Martínez revivió momentos de angustia cuando ayer a las dos y media de la tarde un pequeño tornado hizo que su techo volara a más de 200 metros.

Es la segunda ocasión que les ocurre esto en el asentamiento Marvin Salazar, de San Benito. La primera vez fue en abril del año pasado cuando una noche lluviosa y con viento les arrancó el mismo techo.

“Esa vez me lo castigó, el zinc era nuevo, lo volvimos a poner, pero ahora sí está descartado”, dice Martínez, quien aun así va a volver a colocar las láminas hoy, porque no hay plata para comprar unas nuevas. La esperanza es conseguir dinero para comprar unas nuevas y estar listos a recibir el invierno.

El barrio El Paraíso, de la comarca de San Benito, en Tipitapa, también fue nuevamente castigado con un tornado.

Aún no hay un conteo oficial de los afectados, pero se presume que son más de 30 casitas las que quedaron con los techos destruidos total o parcialmente.

La mayoría de los pobladores estaba volviendo a clavar las láminas de zinc, aunque estuvieran dobladas o con hoyos.

LA PROMESA DEL ALCALDE

En abril del 2010, cuando ocurrió el primer tornado, el alcalde de Tipitapa, César Vásquez, prometió que reforestaría la zona para que los fuertes vientos no afectaran a los pobladores nuevamente.

Casi un año después vuelve a ocurrir lo mismo, pero en menor escala.

Los damnificados sólo esperan que las lluvias de invierno no sean peores que las del año pasado.

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COMENTARIOS

  1. Analista
    Hace 16 años

    La cosa es que esta gente siempre busca lugares inhóspitos para vivir. con la esperanza que les den nuevos terrenos, conozco montones de familias que viven de eso. Hombres y mujeres sinvergüenzas que no quieren trabajar u ordenar sus vidas para un futuro mejor. Ser pobre no significa ser miserable de mente. NIngún ser humano consciente pone en peligro la vida de sus seres amados, sólo gente vividora como esas son las que viven en los asentamientos.

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