El Bóer tiene demasiado talento y está tan crecido en estos momentos como para creer que se puede venir a pique. Y sin embargo, no sería la primera vez que eso suceda.
En el beisbol no hay nada seguro. El propio Oriental lo vivió en carne propia el domingo, cuando le arrebataron un juego que tenía en su bolsillo. No obstante, la serie entre Bóer y Granada está de lo más opuesta. La tribu a un paso de la Final. El Oriental a un paso de su tumba.
Y mientras el Bóer se siente capaz de medirse a Boston, el Oriental intenta reagruparse, darse ánimo y probar que su carácter está intacto a pesar de las circunstancias que no le favorecen. Ha perdido dos veces y su margen para el error se ha desvanecido en la serie a cinco duelos.
¿Qué ha sido la clave? En Puerto Rico dirían que el Bóer le tiene cogido el número al Oriental. Aquí decimos, le tiene tomadas las medidas. Y el dominio que exhibió en la temporada lo ha extendido hasta la semifinal, en la que los Indios han establecido las reglas y el plano en el que se desarrollan las batallas.
A juzgar por eso, hoy el Bóer debe rematar a los granadinos. Los ha vencido dos veces, el juego de hoy es ante su público. Tienen el momentum psicológico de su lado y como equipo han sido claramente superiores a sus rivales. Si el duelo es de pitcheo, se imponen. Si es a batazos, también.
Pero como señalaba antes, en el beisbol no hay nada escrito. Hay que salir al terreno a ganar cada partido. Y los equipos son capaces de los giros más inesperados. En la Primera División nica, vimos al León voltear una final 0-3. Luego lo hizo Granada ante León varios años después.
Entonces, se puede revertir el curso de la historia. El problema es que este Granada ha batallado todo el año intentando descubrir el lado flaco del Bóer y no lo ha encontrado. Y ahora en la semifinal, todo se ha repetido. No importa lo que haga el Oriental. Siempre pierde ante el Bóer. Al menos hasta hoy.
En situaciones como ésta, en la que no se puede fallar, más que las propias habilidades de los jugadores, lo que está a prueba es su carácter y serenidad. Granada nunca estuvo en una situación similar, en la que flaquear significara morir, pero tampoco el Bóer ha estado tan cerca de la gloria, como para dejarla ir.
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