Cartas al Director

Estudiar

Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber.Albert Einstein (1879-1955), científico alemán nacionalizado estadounidense.

Mejorar el éxito escolar

Es un hecho constatable que el porcentaje de alumnos de la Educación Básica Obligatoria que no obtienen éxito escolar y abandonan prematuramente los estudios es elevado y preocupante, y que los programas de apoyo que se vienen aplicando para resolverlo no es la única ni mejor solución, al menos que se integren en el mismo proceso educativo como refuerzo, llevado a cabo por los mismos profesores.

Se olvida que la naturaleza de la educción consiste en la formación de hábitos (intelectuales, morales, destrezas, habilidades, ideales, y valores) y que ésta precisa de unas determinadas condiciones y pautas a poner en práctica, en las distintas etapas de la Educación Básica Obligatoria, mediante el ejercicio, y el esfuerzo reiterado, para conseguir lo que Aristóteles llamaba segunda naturaleza, un actuar natural, eficiente y metódico.

Asimismo no se tiene en cuenta que el mayor obstáculo para la formación de hábitos en la educación escolar lo constituye el excesivo tamaño de los centros, el elevado número de maestros y profesores que intervienen en el mismo grupo de alumnos a lo largo de su escolaridad, la organización interna de los mismos, e incluso la duración del curso y la distribución de horas dentro de la jornada escolar. Sus efectos son negativos para centros, alumnos, profesores y padres de alumnos:

En los centros se da lugar a que las relaciones que ligan entre sí a los profesores, a los alumnos, a los equipos directivos, dejen de ser personales, y se transformen, con frecuencia, en relaciones meramente formales; a que aparezcan grupos con intereses distintos que dificulten la comunicación, la participación, la toma de decisiones, la implicación en la elaboración y puesta en práctica del proyecto educativo, al desarrollo de una cultura organizativa común; a la rigidez y falta de flexibilidad para dar respuesta adecuada a las necesidades educativas de cada alumno, con el consiguiente peligro de masificación o de marginación, sin que pueda evitarse que surjan graves problemas de disciplina.

A los alumnos, además de privarles, por el tamaño de los centros, de un ambiente adecuado para la convivencia y la educación cívica ciudadana, la excesiva especialización del profesorado (4 o 5 maestros en Primaria y 11 en Secundaria) está dando lugar al fraccionamiento de la unidad del proceso educativo, muy difícil de lograr cuando son varios profesores los que intervienen en un mismo grupo de alumnos, ya que cada uno da lugar a una situación distinta en el aula; a que dificulta que los profesores, debido al poco tiempo que permanecen con ellos, puedan conocerlos mejor y reforzar los contenidos de las distintas materias, curso a curso, ampliándolos y profundizando en ellos, y que puedan establecerse lazos de afecto y empatía, esenciales para la motivación en el aprendizaje.

A los maestros y profesores, en su relación con su actividad en el aula, debido también al escaso tiempo que permanecen con cada grupo de alumnos, les está haciendo perder la visión total del alumno, la posibilidad de reforzar el aprendizaje de los que lo necesitan para su más completa educación, y el establecer lazos de afecto y empatía con los mismos, lo que les produce insatisfacción y frustración, al no tener en su mano las posibilidades de actuar ni de ver los resultados de su labor.

A los padres la intervención de tanto profesor en el proceso educativo de su hijo y el frecuente cambio de tutores, dificulta el establecer una comunicación fluida e intercambiar puntos de vista sobre la educación de sus hijos, lo que puede estar influyendo en la consideración y el aprecio que la sociedad ha venido teniendo a sus maestros y profesores y a la institución escolar.

Los programas de apoyo con distintos profesores, no son la solución más adecuada, porque vienen a reforzar la misma causa que está dando lugar al fracaso escolar. La solución para mejorar el éxito escolar pasa, por tener más en cuenta la naturaleza de la educación y, por consiguiente, por reducir el tamaño de los centros educativos y el número de profesores que intervienen en un mismo grupo de alumnos, por crear un ambiente educativo que permita hacer realidad en los mismos las exigencias o notas de una educación de calidad, esto es: que sea integral, que abarque las distintas potencialidades o capacidades de la naturaleza del alumno y dé respuesta a todas las exigencias de la vida; que sea armónica, que a cada potencialidad o capacidad se le dé la importancia y prioridad que le corresponde para su posterior formación escolar en cada etapa educativa y también para la vida, de modo que se establezca una jerarquía; que sea eficaz, que haya, por tanto, una relación adecuada entre objetivos, medios y resultados y que sea coherente.

La coherencia se alcanza cuando el proceso educativo tiene unidad y todos los elementos que en él intervienen actúan ordenadamente en relación los unos con los otros, de forma que cada elemento educativo no obstaculice sino que refuerce la acción de los demás y cuya falta puede originar, no solo la pérdida de calidad sino la desaparición de la educación entre un cúmulo de elementos disgregados y sin sentido.

En relación con la armonía, Juan Jacobo Rousseau ya decía que “cada edad, cada etapa de la vida, tiene su percepción apropiada, la clase de madurez que le es propia”. Y Debesse añade que este éxito es el que el centro educativo debe de favorecer, es la perfección la que debe alcanzar y es el conjunto de estos éxitos lo que define el éxito de la educación entera. Si una etapa se descuida siempre le faltará algo al alumno, por mucho que se haga más tarde.

Miguel Zapater

Los nuevos inocentes

Hace un poco más de dos mil años, el emperador romano otorgó el título de rey a un extranjero llamado Herodes el Grande que era enemigo irreconciliable del pueblo judío.

Ese rey marcó para los judíos un período de terror y tiranía que demostró en todas sus acciones, movido por una orgullosa codicia y un desprecio absoluto por sus súbditos. Fruto de la inseguridad de quien es excesivamente ambicioso, consideraba como adversario a cualquier persona que sobresaliese por sus cualidades, imaginándolo como un posible rival y por tanto, un adversario y como persona a eliminar.

Hizo matar a su esposa Marianna, a tres de sus hijos y a cualquiera que conspirara contra él, además de un gran número de aristócratas de Judea que fueron cayendo uno a uno bajo los golpes de su brutalidad.

Cuando ya era viejo y estaba amargado por sus crímenes, llegó a Jerusalén una caravana venida de Oriente que preguntaba por el “rey de los Judíos que acababa de nacer”, inmediatamente fue presa de una tremenda inquietud porque consideró amenazada la estabilidad de su reino.

Al cabo de pocos días ordenó que con celeridad fueran muertos todos los niños nacidos en Belén de dos años para abajo.

Esto que hoy nos parece una gran monstruosidad, no sólo no ha desaparecido sino que las leyes que lo amparan en muchos países del mundo, permiten seguir matando a miles de criaturas que todavía no han nacido. Ahora se le llama interrupción voluntaria del embarazo pero el resultado es el mismo de siempre: la muerte de un ser inocente e indefenso.

Esta situación está provocando por un lado una menor natalidad y por tanto, una disminución de gente joven y un aumento de gente mayor a la que hay que atender y pagarle la jubilación. La solución que propondrá pronto el actual Gobierno de España es legalizar la eutanasia a la que llamarán “muerte digna” para poder también matar a los viejos que ya no pueden producir.

Me parece que va siendo hora de cambiar esa mentalidad de muerte y destrucción, para crear una corriente basada en principios, y en una cultura de vida normal que esté de acuerdo con la naturaleza humana.

Isabel Costa Espluga

 

Cumpleaños de Sor María

Hoy es el cumpleaños de nuestra Beata Sor María, 13 de enero. Una mujer que desde pequeña su anhelo era trabajar por los pobres. Ella nació en Granada, pero sus grandes trabajos los hizo en Costa Rica, por sus votos de obediencia.

Una mujer que era todo sacrificio. El que llegaba donde ella salía fortificado, ya sea por consejos o o por ayuda económica, salían tranquilos y agradecidos.

Cuando su beatificación, fuimos miles de nicaragüenses y ticos. Mucha gente que trabajaba en otros lugares, como Estados Unidos, averiguó y fue a su beatificación.

Tanto nicas y ticos, en su fiesta de beatificación nos juntamos en Roma. Unas lloramos de alegría y otras de contento. Y fuimos una sola familia, felices por gozar de su triunfo.

Ahora que existen estas diferencias entre ticos y nicas, pidámosle a ella que volvamos a ser una sola familia, para que nos bendiga y se acaben las diferencias. Esperando que ella nos ayude desde el cielo para terminar con estas diferencias. “Pon tus manos madre mía, ponlas antes que las mías”.

Isabel C. de Chamorro

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