La diputada conservadora Miriam Argüello, quien fuera elegida en 1996 en las listas electorales del Frente Sandinista de Daniel Ortega, renunció el domingo pasado a la presidencia de mayor edad, de la sesión especial de la Asamblea Nacional para elegir a los miembros de la Junta Directiva del Poder Legislativo, debido a que las bancadas del FSLN y el PLC, junto con sus aliados menores, decidieron hacer la elección en plancha y no individualmente, que es como manda la ley.
Los detractores de la antigua líder conservadora que ha sido aliada del FSLN en los últimos años, dicen que su actitud del domingo pasado no fue por principios, sino porque ya está de salida y “quiere lavarse la cara”. Pero lo que vale es el hecho, lo que importa es que ella ha defendido la ley y la institucionalidad democrática del país, que no ha querido ser cómplice de la violación a la Ley Orgánica de la Asamblea Nacional y el atropello al ordenamiento constitucional, el cual los diputados deben de ser los primeros en respetar independientemente del bando político al que pertenezcan.
Lo cierto es que ha sido encomiable esa actitud de la diputada Argüello. Y si la han denigrado es porque puso en evidencia a quienes se dicen demócratas pero en realidad son cómplices del orteguismo, políticos a los que sólo les interesa mantener u obtener “cuotas de poder”, como llaman a los beneficios que se derivan de la ocupación de algunos cargos secundarios en el Estado.
La Ley Orgánica del Poder Legislativo, en el inciso 4 de su artículo 33 determina con respecto a la elección de los miembros de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional, que: “Cada cargo se elegirá por separado, resultando electo el candidato que obtenga la mayoría absoluta de votos de los diputados”. Esta norma no es facultativa u opcional, sino imperativa, y por lo tanto es de cumplimiento obligatorio. O sea que los miembros de la Junta Directiva de la Asamblea tienen que ser elegidos uno por uno, como lo manda el mencionado artículo de la Ley Orgánica del Poder Legislativo. Al hacerlo de otra manera se ha violado la ley y en consecuencia la “elección” de la Junta Directiva el domingo pasado estuvo viciada de nulidad, fue fraudulenta, ilegal y carente de legitimidad.
Más todavía. Según expresó la diputada Miriam Argüello, ella también renunció a la presidencia de la Asamblea Nacional por mayor edad, el domingo pasado, porque en la elección de la Junta Directiva no se estaba respetando el artículo 35 de la Ley Orgánica del Poder Legislativo, según el cual: “La composición de la Junta Directiva deberá expresar el pluralismo político y por consiguiente la proporcionalidad electoral en la Asamblea Nacional”.
De acuerdo con esa disposición legal, la Junta Directiva tiene que ser integrada por representantes de todas las bancadas políticas, o al menos de las principales, pero en esa farsa de elección parlamentaria se excluyó a la Bancada Democrática Nicaragüense, que tiene 14 diputados, y en cambio fueron incluidos dos miembros del BUN, a pesar de que esta bancada sólo tiene 6 diputados, pero se subordinan al FSLN en las decisiones de la Asamblea Nacional.
Los diputados del FSLN y sus asociados de viejo y nuevo cuño en el pacto, alegan que el plenario de la Asamblea Nacional es soberano y si la mayoría decide elegir a sus directivos en plancha, en vez de uno por uno, esa decisión tiene absoluta validez. Pero eso es mentira. En ninguna parte de la Constitución ni de la Ley Orgánica del Poder Legislativo, se dice que el plenario de la Asamblea Nacional es “soberano” para hacer lo que quiera. El procedimiento para elegir a los directivos parlamentarios está expresamente determinado en y por la ley, y nadie, ni siquiera el plenario, tiene la potestad de cambiarlo a menos que lo haga mediante una reforma de la Ley Orgánica del Poder Legislativo.
Al comenzar este año en el cual se realizará una elección crucial para la libertad y la democracia, los partidos de oposición parlamentaria —incluyendo el PLC y la ALN— debieron enviar un mensaje de confianza al pueblo de Nicaragua, uniéndose para elegir una Junta Directiva de la Asamblea Nacional independiente de Daniel Ortega, pero hicieron lo contrario. Era la última oportunidad que tenían, de hacer creer que es cierto que, como dicen, son una alternativa al orteguismo. Pero la han perdido.
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