Malaria política

Por Carlos Cardenal

Una buena dosis de DDT y otra de Abate podría impulsar la tan ansiada y esperada unión de los opositores para marchar juntos en la campaña electoral del adalid de las virtudes políticas y ciudadanas, Fabio Gadea Mantilla. Es obvio que la plaga de zancudos anda zumbándole el oído y si no le han picado es que Fabio tal vez no tenga la sangre tan dulce, como parece, o como buen hombre de monte estos diminutos bichos lo respetan y se le corren. No debemos sin embargo esperar, que nuestro candidato esté vacunado contra la malaria, pues entre más cebados estén los hemodepredadores, más habilidad tienen para seguir extrayendo el precioso líquido rojo ya desde sus curules, ya de los altos y bajos poderes del Estado y otros ciudadanos portadores de banderas de micropartidos empeñados en agarrar parte de la hemoglobina prebendaria.

El zancudismo no es nuevo en nuestro país. Es una manera en el pasado de hacer una oposición complaciente y un modus vivendi todavía más complaciente. Nosotros los ciudadanos independientes tal vez hemos sido los más complacientes en permitir este descaro con inusitada tolerancia y aceptación y vemos que en el presente se están repitiendo los mismos escenarios, tal vez no con las mismas siglas políticas, pero con iguales pretensiones. Nuestra tolerancia debe cortar de tajo la cabeza de esa hidra nefasta y nuestro candidato debe tener cuidado no solo con los pequeños aspirantes a picar el erario, sino también de los grandes y peligrosos megazancudos, que ya se han instalado como pandemia en ese negocio antipatriótico que ha llevado a nuestro país a una anemia moral y cívica y a una corrupción totalitaria, avalada por pactos ignominiosos, que no admiten más que un cambio radical, en pro de la honradez y del progreso. Fabio Gadea tiene la reciedumbre y el talante para decir ¡Basta ya!

Veo preocupante que esos micropartidos y seudoalianzas en formación, arranquen compromisos al candidato del alivio, bajo promesas de apoyo a la democracia y otras edulcoradas consignas y nos veamos obligados a ver en los mismos circos, a caras demasiado identificadas con lo mismo y en permanente negocio del “quid pro quo”, al que se refería el honorable diputado Wilfredo Navarro, en fecha no muy lejana.

Como si esto fuera poco, nuestro Gobierno no sólo ha fomentado el zancudismo para el engorde plácido de estos parásitos, sino lo más grave es que estos “colaboradores”, sobre todo en el parlamento han apoyado la cascada de actos y decretos contra nuestra carta magna y la institucionalidad del país. Todo este andamiaje destructivo, que se ha instalado en otros poderes del Estado, nos tiene al borde o ya propiamente en el caos, que ni el mismo Trotsky hubiera soñado en lograrlo. La anarquía puede ser un estadio primario de una revolución, pero no el epítome de un proceso democrático, al cual supuestamente nuestro país y nuestro gobierno están abocados.

Sostengo y reitero, que el zancudismo, una de las plagas más atroces que consume nuestros ideales y esperanzas, debe ser erradicado para siempre y cuanto más apoyemos a un líder vertical y honesto, estaremos más cerca de su eliminación total.

El autor es empresario

 

COMENTARIOS

  1. DenisSomarriba
    Hace 16 años

    Don Carlos El titulo de «malaria politica»suena un poco comico pero muy original;mejor definicion que esa no podriamos encontrar para esos antipatriotas que pululan entre todos los partidos,dispuestos alo que sea por servir al dictador de turno para que continue enel poder,ya que en este caso[daniel ortega] es quien le acarrea mejores dividendos;aunque siempre estan dispuestos,como buenos traidores,a chupar la sangre del que sea,con tal de tener el buche lleno;asi que compre su repelenteDonFabio

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