Gracias a las lluvias de finales de año, miles de manzanas de frijoles y maíz se salvaron. LAPRENSA/J.DUARTE

Lluvia alegra a productores de Nueva Guinea

La lluvia del último día del año 2010 fue una bendición para los productores de Nueva Guinea, quienes perdían las esperanzas al ver sus cosechas sin agua. Debido al agua que cayó, miles de manzanas de frijoles y de maíz que estaban en riesgo, ya no lo están.

Jerónimo Duarte Pérez/Corresponsal/Nueva Guinea.- La lluvia del último día del año 2010 fue una bendición para los productores de Nueva Guinea, quienes perdían las esperanzas al ver sus cosechas sin agua. Debido al agua que cayó, miles de manzanas de frijoles y de maíz que estaban en riesgo, ya no lo están.

Vicente Anastasio Urbina Rocha, presidente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG) en la zona, había anunciado el pasado 28 de diciembre que si las lluvias se ausentaban unos ocho días más, tendrían que declarar en zona de emergencia al menos a unas diez mil manzanas de frijoles e igual cantidad de manzanas de maíz.

En la zona de Nueva Guinea las lluvias se habían ausentado desde finales del mes de noviembre. Esa situación provocó serias preocupaciones en los productores que buscaban alguna alternativa para poder enfrentar la posible hambruna que se esperaba.

BUENOS PRESAGIOS

Jerónimo López, productor de la colonia San Martín, que se ubica unos 25 kilómetros al norte de Nueva Guinea, dijo que si “tenemos lluvias de esta forma por unos 15 días más, estaríamos en la gloria porque tendríamos una buena producción. El problema sería que si se retiran rápidamente volveríamos a la preocupación”.

Por su parte el presidente de la UNAG dijo sentirse confiando porque “con estas pocas lluvias que han caído en la zona la tierra está quedando húmeda y los cultivos de frijoles pueden alcanzar un crecimiento bueno y producir las vainas”.

Además, señaló, si las noches nos dan algunos pocos serenitos, con eso nos basta para que las plantaciones de frijoles puedan producir las vainas”.

Los productores de la zona están convencidos que Dios escuchó sus plegarias y que por eso mandó la lluvia del 31 de diciembre, ésa que, al menos por ahora, los deja respirar tranquilos.

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