Muchos ya están muertos, cayeron atacando a las dictaduras; cayeron en nombre de la justicia; cayeron en busca de la paz y del progreso. Los hermanos Báez Bone, Praslin, Pablo Leal, Juan Martínez Reyes, Chema Tercero, Rigoberto López Pérez y muchos otros más son los héroes silenciosos que murieron en defensa de una ideología progresista, de una causa noble como es la democracia y de un ideal sagrado como es la libertad. Ellos no pueden hablar porque las balas de la dictadura somocista callaron para siempre sus estridentes voces libertarias. Pero no todos murieron en esa perpetua lucha, no porque hayan sido cobardes, sino porque así lo dispuso Dios, lo que no quiere decir que no hayan sufrido también los golpes del tirano. Ellos fueron encarcelados, torturados, desterrados y nunca se alejaron del camino que un grupo de hombres brillantes y valientes trazaron un día del año 1944. Se separaron del tronco liberal que cayó en las manos sangrientas de Anastasio Somoza García. Se separaron para no tener dueño y poder luchar sin amo contra el tirano que martirizaba a los amantes de la justicia y de la libertad.
Pregunto dónde están los verdaderos PLI porque actualmente es necesario que esos PLI que existen y luchan con el mismo entusiasmo que tuvieron los fundadores hablen claro y fuerte.
La política es impersonal y acogiéndome a esa filosofía me atrevo a alzar mi voz para protestar contra ese advenedizo que hoy se alza como dueño del partido que ha costado tanta sangre, tantas vidas y tantos sufrimientos. Me refiero a José Venancio Berríos, quien puede ser liberal por los cuatro costados, pero no ha sido y no es PLI, sin embargo, se atreve a prohibirle a Fabio Gadea Mantilla, quien, en un gesto de respeto por ese partido que ha sido llamado “la reserva de la dignidad liberal”, decidió correr electoralmente en la casilla número 13, no por cábala, como cansinamente dice un conocido director de uno de los programas matutinos de TV, sino como un homenaje al mejor partido político que ha existido en Nicaragua.
Heredero indiscutible de ese partido, el PLI, es el doctor Virgilio Godoy Reyes, cuya voz se debe alzar, como trueno apocalíptico, para silenciar la voz desautorizada de un PLI de nuevo cuño, cuya misión es colocar un obstáculo más en el camino de la ansiada unidad opositora. No es una carta del desprestigiado Consejo Supremo Electoral (CSE) la que le va a dar la representación del heroico PLI. La voz autorizada no puede ser otra que la del doctor Godoy Reyes, luchador incansable que vivió entre las mieles del poder y no pudieron corromper su alma limpia y luchadora.
Con toda la soberbia de los desaparecidos somocistas en el poder, José Venancio Berríos le dice no a Fabio Gadea Mantilla. No podés usar mi casilla, la 13, porque no me haz pedido permiso. Se revuelcan los miembros del PLI que murieron en nombre de la democracia ante las palabras autoritarias de este PLI de mentiras que anda en busca de una curul zancuda. Así se le deben revolver las agallas al doctor Godoy Reyes al escuchar semejante atropello a la independencia que siempre ha practicado su partido.
Por eso pregunto ¿dónde están las voces de los verdaderos miembros del Partido Liberal Independiente (PLI)? ¿En donde están esos hombres y esas mujeres que le han dado gloria al partido? Sus gritos de protesta no se escuchan y dejan que el entorno se llene con la voz de un advenedizo que lo que menos es, es ser un PLI auténtico.
Me da la impresión de que quienes respaldan a este PLI de nuevo cuño son las autoridades del CSE, que lo enviaron a desatar el caos de la división dentro de las filas del partido. Si el PLI auténtico se decide a perseguir a este sujeto que se quiere adueñar del partido, lo más que puede pasar es que el CSE le quite la personería al PLI. Y eso qué importa cuando se ha logrado poner en evidencia la dependencia de Berríos con el CSE. Lo importante es no permitir que un don nadie dentro de las filas del PLI logre destrozarlo creando el caos entre de sus miembros.
Hay que golpear rápido y fuerte. A como lo ha hecho siempre el PLI desde su fundación.
El autor es ingeniero.
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