
Por Pablo E. Ayón G.
Con mucha pena hemos visto que en Nicaragua los hechos que se repiten continuamente una y otra vez, aun siendo de gran magnitud negativa y de impacto nacional, se hacen costumbre y no logramos mantener el propósito y la fortaleza para enmendarlos, aunque sabemos que cuesta mucho volver lo indebido a ser útil y correcto.
Veamos por ejemplo el caso de los numerosos funcionarios de alto nivel (aunque en su mayoría de limitada capacidad profesional y experiencia y moralidad), que hace pocos años por acuerdo político de los dos principales partidos en el poder, en forma masiva se incorporaron al Gobierno (Corte Suprema de Justicia, Contraloría General de la República, Consejo Supremo Electoral y otros), sin ser necesarios, y con la protesta de gran parte de los nicaragüenses, protesta que fue reduciéndose poco a poco, suponemos ante la incapacidad de lograr un cambio favorable o tal vez considerando que había en el país problemas más graves que los que causaban esos grupos.
Por el contrario, estos nuevos funcionarios y empleados del pacto, en lugar de irse incorporando de manera productiva a lo más beneficioso del país , fueron confirmando la corrupción y creando grupos partidarios de choque que han causado tanto daño. No solamente a la economía del país sino a su moral y desarrollo y dentro del raquítico y limitado presupuesto nacional, de manera indirecta han sacrificado económicamente a empleados indispensables como son entre otros los maestros y los policías con tan bajo e injusto salario.
Estimaciones muy conservadoras indican que esos grupos de alto, medio y bajo nivel pueden gastar actualmente alrededor de cuarenta millones de córdobas anuales del presupuesto, entre sueldos de personal ejecutivo y asistentes, vehículos, gastos de oficina y otros muchos más, sin incluir el costo económico y moral indirecto de todos los efectos negativos que ellos causan.
Esperamos que los aspirantes a gobernar Nicaragua en un futuro cercano próximo, ya que los anteriores no lo han hecho a pesar de lo obvio y necesario que ha sido, como uno de sus propósitos principales deben poner atención cuidadosa para enderezar y limitar, tan pronto como les sea posible, de una manera ordenada a estos grupos que podemos llamar sin ninguna reserva, personal excedente y que han estado afectando seriamente por varios años la capacidad de desarrollo de nuestro país. Las sumas de ahorro que resultarían de ese recorte, aplicarlas efectivamente a los sueldos de maestros, policías y enfermeras, algo tan necesario.
Esperamos oír pronto de los futuros candidatos a la presidencia esa disposición concreta e indispensable para tener en el gobierno una vez en el poder, un personal capaz, efectivo y únicamente al servicio del país. Luchemos todo lo que sea necesario para lograrlo.
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