Dos interrogantes dramáticas a las muchas que constantemente se están formulando los nicaragüenses frente al dilema impostergable que representan las elecciones generales del 2011. Y no es para menos, pues por la noche de la fecha de las elecciones se conocerá si la nación finalmente experimentará las transformaciones inevitables que impone el inicio de la segunda década del nuevo siglo, o el retroceso democrático y el estatismo social, será la tónica frustrante que mantendrá, sin remedio, al país alejado del progreso que los países vecinos alcanzan en forma acelerada.
En esta maraña de suerte se debate Nicaragua, pues por un lado miles de ciudadanos pugnan por un sistema representativo y democrático de gobierno y otros menos forcejean, sin rubor, por un sistema oprobioso y decadente sin alternativas posibles de evolución.
Frente a estas disyuntivas, los nicaragüenses, sin signo partidario, justamente se encabritan, pero otros, menos fogosos, reaccionan con timidez, pero ambos, en el fondo, convencidos que si los resultados electorales fueran producto del robo masivo y descarado de votos el país se hundirá, sin consuelo, en una catástrofe difícil de pronosticar.
Entonces, es común, que te pregunten inesperadamente y con vos angustiosa, frente a esos pronósticos desalentadores, conocidos y no conocidos, qué puedo hacer, cómo puedo colaborar y a quién tengo que buscar. Obviamente, esta inquietud no es solo un fenómeno urbano sino también rural. Quizás obedezca, este asunto, a que los jinetes apocalípticos que aparecieron en 1979 todavía galopan frescos y desafiantes por las ciudades y caminos polvorientos.
Los estrategas políticos y directores de campaña deben prestarle suma atención a este fenómeno de connivencia patriótica. El signo de esta novedad que aglutina y concentra esfuerzos por Nicaragua es la heterogénea naturaleza de las personas. Es cierto, detrás de un candidato o aspirante presidencial, existe una organización política, pero los esfuerzos genuinos y espontáneos de la gente que no esta organizada trascienden el común trivial de la propaganda pues el ciudadano sin importar lo que haya consumido o digerido de ésta, a la hora de votar valora en la más profunda intimidad su autoestima y escruta sigilosamente su conciencia.
Pero para llegar a ese instante crucial y decisivo del votante, antes el partido o el mismo candidato, bajo la presión singular del “quiero ayudar, qué hago”, sin vacilación ni demora debe apoyar su campaña en estas personas que habitan comúnmente los barrios, pueblos y cañadas.
Sin embargo, el asunto no para allí pues este genuino activista político es, para sorpresa, perspicaz e intuitivo, con un don natural de comunicación, y goza de la confianza absoluta de sus vecinos, lo que no acontece con el político tradicional, generalmente maldecido y despreciado por la gente común, más aún si éste de manera descarada y bochornosa, continúa, al infinito, graduándose especialmente en ventajas personales.
El trabajo de proselitismo de la gente común se desarrolla y maximiza en este ambiente comunal y familiar de cercanía, entendimiento fácil, parodia y alcahuetería, donde también se decide, en ocasiones, el destino de los políticos y las más veces la suerte de la nación.
Lo anterior, naturalmente, tendría profundas implicancias si se deja en manos de los políticos —si es diputado laméntense—, la conquista de estos miles de electores, por cierto inescrutables y volubles sin escarmiento. La conquista de este voto heterogéneo y balbuceante, es vital. Es decir, el hombre y la mujer común, recurrentes, dueños de un lenguaje arbitrario y agresivo, pero dotados de talento natural, son, indiscutiblemente, los que deben conquistar con planes razonables a sus escurridizos y desconfiados vecinos. Confían más en su gente, pues al igual que ellos están desempleados, con deudas en la pulpería, la luz cortada y la mesa desierta de comida.
Sin embargo, de estos rincones nicaragüenses, frugales, calientes, veleidosos y hartos de dictaduras, salieron las preguntas palpitantes que conmocionan: “¿Cómo puedo ayudar y dónde puedo ser útil?”.
El autor es abogado.
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