Después de dos años de batallar contra una creciente y devastadora cultura de no pago, que ocasionó el corte en la línea de créditos a nivel internacional y por ende una reducción drástica en las carteras de clientes y créditos, las microfinancieras dicen haber aprendido la lección.
Atrás quedó la década de prosperidad y bonanza que gozaron las microfinancieras. Tal era el crecimiento sin precedente de este sector que de la noche a la mañana algunas de éstas se convirtieron en financiera, para luego incursionar en el complejo sistema bancario.
El costo que tuvo que pagar el sector, por ese crecimiento exuberante y sin regulación, fue alto. En el 2009, dejaron de crecer a niveles superiores a un 30 por ciento anual para caer a un ritmo mayor al 19 por ciento, crisis que se extendió hasta el cierre de este año.
La cartera en riesgo, que se mantenía a niveles de un tres por ciento antes del 2009, se incrementó a un 45 por ciento. “No se puede crecer a pasos agigantados. Algunos de nuestro sector perdieron su razón de ser, su misión”, admite por primera vez el presidente de la Asociación de Instituciones de Microfinanzas de Nicaragua (Asomif), René Romero.
Por ahora el sector ya no aspira a crecer a más de un 30 por ciento, sino por lo menos un cinco por ciento para el próximo año. Pero para eso, Romero dice que necesitan liquidez y sobre todo las condiciones de estabilidad y erradicar la cultura de no pago, que se encarnó en el 2008 con el nacimiento del movimiento conocido como los No Pago. La aprobación de la Ley de Microfinanzas será clave, advierte.
::: ¿Por qué no se logró la recuperación definitiva de las microfinancieras este año?
El asunto es que el efecto contagio del movimiento No Pago sigue demostrándose en la industria financiera nacional y eso hace que algunas personas, no siendo del movimiento No Pago, sigan sin honrar sus deudas. Son varias decenas de miles de personas que siguen sin pagar. Recordemos que en abril de este año, y ése es un hito muy importante que hay que recordarlo, la Asamblea Nacional aprobó la Ley 716, la Ley Moratoria, con la cual se pretendía poner punto final al problema existente del sector microfinanzas. Sin embargo esta ley no logró resolver y los clientes siguen en mora y sin haber resuelto un problema a través de la reestructuración de sus deudas. Solamente el 7.3 por ciento del total de clientes que pudieron haber reestructurado sus deudas lo hicieron al amparo de esta Ley 716.
::: ¿En términos reales qué significó una caída de un 19 y 23 por ciento en el sector de microfinanzas?
Eso significa que hay 41.2 millones de dólares menos en la cartera de nuestras instituciones, dígase en manos de nuestros clientes. Eso significa que hay 67 mil microcréditos menos en manos de los microempresarios. Esta cifra es una situación muy fuerte. Sin embargo, si nosotros comparamos estas cifras con las del Sistema Financiero Nacional nos vamos a dar cuenta que si bien la caída del sector microfinanzas fue de un 19 por ciento en cartera, te das cuenta que en el estudio de Funides y de otras instituciones, el crédito del sector privado durante el 2010 continuó cayendo. Acá tengo cifras de Funides donde queda muy claro demostrado que solamente el sector de crédito de consumo ha caído en un 34.5 por ciento, eso es casi el doble de la reducción del microcrédito en microfinanzas, refiriéndome a nuestras afiliadas. Solamente el sector industrial observó un crecimiento en el crédito, todos los demás sectores hablando del agrícola, comercial, ganadero, vivienda y de consumo, vieron caído el crédito.
::: ¿Entonces cómo se logró un crecimiento económico superior al cuatro por ciento, sin crédito?
Es cierto, las cifras de crecimiento son alentadoras, eso porque hay un 30 por ciento de crecimiento de las exportaciones, estamos viendo un repunte del sector ganadero, hay un repunte del sector agrícola y es ahí donde surge. ¿Cómo se explica un crecimiento de esa naturaleza cuando el crédito ha caído? Creo que aquí hay una recomposición de la oferta y la demanda del sector financiero. Hay actores que no están reportado en el Sistema Financiero Nacional que están siendo importantes actores financieros al sector productivo de medianos y grandes productores.
::: ¿ A qué tipo de actores se refiere?
Estoy hablando de financiamientos que reciben grandes empresas acopiadoras de café, por ejemplo, o grandes empresas ganaderas que obtienen muchas veces financiamiento no de la banca nacional, sino directamente de la banca internacional.
::: ¿Significa entonces que ante el vacío de microcrédito, los sectores se están autofinanciando en el exterior?
Efectivamente, hay una parte que se está financiando y otros están duplicando sus esfuerzos para buscar financiamiento internacional. Hay cooperativas grandes que tienen contratos directos con empresas internacionales y bancos que les dan créditos. Hacen como un tipo de trueque, como compras anticipadas para que luego las cooperativas produzcan y les vendan sus cosechas o productos. Sin embargo, hay que decir que esto sólo ocurre en el sector medio y grande, pero con los pequeños no. Recordemos que la economía nicaragüense siempre ha estado basada en las micro, pequeñas y medianas empresas. Eso significa que si el financiamiento hacia ese sector se reactivara podríamos estar viendo un crecimiento económico mucho más robusto.
::: ¿Qué expectativas hay con la aprobación de la Ley de Microfinanzas?
Tenemos muchas expectativas como sector y no sólo nosotros sino también los financiadores internacionales. Nuestros financiadores han dicho categóricamente “no vamos a continuar financiando a las entidades de microfinanzas de Nicaragua si no hay un marco regulatorio que propicie y fomente al sector de microfinanzas”. Entonces la Ley es más que indispensable. Todo mundo habla de la Ley. Nosotros pasamos hablando todo el año de la Ley desde Asomif, con los diputados hablamos muchas veces, hemos hecho giras con ellos para que vean otras experiencias, fuimos con diputados a Bolivia, Perú, estuvimos en la quinta conferencia centroamericana de microfinancieras. Y no sólo eso, el Banco Mundial (BM) financió la llegada de un consultor para que apoyara la creación de esta ley, sin embargo los resultados de esa consultoría no llenaron las expectativas.
::: ¿Entonces qué futuro tiene la aprobación de esa Ley si es un requisito que exigió el FMI para la extensión del programa económico?
Ahorita estamos como un punto muerto. El gran problema es que no hay acuerdo en el sentido de quién y cómo debe ser la supervisión de las microfinancieras. Y quiero hacer un llamado acá a la sociedad nicaragüense, porque un sector tan importante como el sector de microfinanzas no quiere ser supervisado por el ente indicado que es la Superintendencia de Bancos. Tenemos información que el Superintendente (Víctor Urcuyo) no está interesado en supervisar a las microfinancieras. Si eso no ocurriera de que la Superintendencia no supervisa a las microfinanzas de este país, sería el único país de este mundo donde habiendo una Ley de Microfinanzas, la Superintendencia no es el ente supervisor y regulador del sector. Realmente no concebimos una supervisión de un negocio tan específico como es el sector microfinanciero donde el ente especializado como es la Superintendencia no intervenga.
::: ¿Por qué esa negativa de la Superintendencias de Bancos de regular a las microfinancieras?
Tenemos entendido que el Superintendente (Víctor Urcuyo) concluye, creo que de manera muy rápida, que si no hay captación de depósitos del público, no hay razón por qué supervisar a las entidades de microfinanzas. Eso es debatible porque en otros países del mundo, inclusive Perú, hay entidades que no captan depósitos, pero por el impacto que tienen en la economía son supervisadas por la Superintendencia de Bancos. Creo que aquí es necesario ponerse de acuerdo en el tipo de supervisión al sector. Ley habrá, porque efectivamente es un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial está claro que es necesaria la Ley, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) lo ha dicho en reiteradas ocasiones. Doña Mirna Liévano, representante del BID en Nicaragua, ha dicho que este sector es muy importante para la economía del país. Incluso el BID tiene colocados, en varias instituciones de microfinanzas de Nicaragua, fondos. Hay un fondo de 20 millones de dólares del BID que iría al Banco Produzcamos para el sector de microfinanzas, pero mientras no exista una Ley y sigamos sintiendo los efectos de una Ley moratoria, en realidad no habrá más inversión en este sector.
::: ¿Cómo valoran la propuesta de que la supervisión del sector la asuma el Ministerio de Gobernación ?
Efectivamente, lo que han dicho los diputados y específicamente la Comisión Económica es que como somos ONG (Organismos No Gubernamentales), entonces que la supervisión recaiga en el Ministerio de Gobernación. Craso error, es una conclusión muy simplista porque si fuera así Gobernación tendría que supervisar las ONG que trabajan en el sector salud, o que hacen otro tipo de actividades. Creo que aquí los entes especializados, en este caso la Superintendencia de Bancos, deben encargarse de supervisar las microfinancieras dado que el peso que tenemos es muy importante. Estamos hablando que nuestras afiliadas administran alrededor de unos 200 millones de dólares, que tiene un peso muy importante en el Producto Interno Bruto (PIB), así que no se puede minimizar el impacto que tenemos en la economía nacional.
::: ¿Qué impacto tendría la supervisión de la Superintendencia de Bancos en las operaciones de las microfinancieras?
Una buena supervisión vendría a mejorar la gobernabilidad de nuestras instituciones, evitaría el sobreendeudamiento de los clientes, se vendría a mejorar la atención a los clientes, se vendría a proteger al consumidor, se vendría a estandarizar los registros contables. Por eso aprovecho este espacio para hacer un llamado a los actores más importantes, a los diputados de la Asamblea Nacional, al Gabinete Económico de este Gobierno, a la Superintendencia de que nos sentemos a inicios del próximo año para que conjuntamente elaboremos una propuesta de Ley de Microfinanzas que sea de consenso para que en menos de 45 días podamos estar aprobándola.
::: Ustedes han propuesto, en el marco de esta Ley, captar depósitos, ¿ se mantiene vigente esa solicitud, pese a la crisis que viven actualmente como sector?
Nosotros en aras de encontrar el consenso hemos renunciado, por ahora, a la propuesta de captar depósitos del público. Ése ya no es un punto de discordia. Ya hemos aceptado y hablado con el comandante Bayardo Arce (Asesor de Asuntos Económicos de la Presidencia) y el diputado Wálmaro Gutiérrez (presidente de la Comisión Económica), y les hemos dicho que en aras de que podamos aprobar una ley de consenso si hay sectores que no están de acuerdo de que nosotros captemos depósitos del público y considerando la situación que vive el sector, aceptamos no captar depósitos. Hubo una propuesta de la Superintendencia de segmentar al sector de microfinanzas para que las que tiene un capital de más de dos millones de dólares que pasen a ser supervisadas por la Superintendencia, y las que tienen menos que pasen a Gobernación. Nosotros no creemos que ésa sea la solución a una buena supervisión. Ya hemos visto que instituciones de 15 millones de dólares, que siendo bancos, ante una deficiente gestión, ya vemos cómo desaparecieron. Así que no creo que sea el capital el referente para determinar quién debe supervisar.
::: ¿Qué avances hay en el tema de la tasa de interés dentro de toda esta discusión de la Ley?
En eso ya hay un acuerdo entre todos los sectores que diseñan la ley, de que una ley no debe poner un límite a ninguna tasa a ningún precio. En eso nos hemos puesto de acuerdo en que las tasas de intereses del sector de microfinanzas, supervisado mediante esta ley, deben ser libres. Pero eso no significa de que si hablamos de una tasa de interés libre, las instituciones de microfinanzas van a hacer su capricho y van a continuar cobrando tasas astronómicas a los clientes. Para eso la ley va a tomar en cuenta una serie de cosas, que van a permitir que una libre competencia baje las tasas de interés año con año, como consecuencia de una mejor eficiencia de las instituciones, como consecuencia de que sus costos operativos sean más bajos. Eso va a permitir que las tasas e intereses internacionales también sean más bajas. Porque ahora estamos hablando que con el riesgo país las tasas internacionales para Nicaragua son de entre un 11 y 12 por ciento, cuando en otros países de Sudamérica y Centroamérica las tasas pueden ser de un tres y cinco por ciento. Esto no va a ser posible en un contexto donde no hay un buen clima de inversión, como dice la revista Microscopio del BID este año. Pese a eso, soy optimista de que los financieros van a regresar al país una vez que tengamos una ley, porque si no no podemos crecer sin liquidez.
::: Luego del cierre definitivo de Banex ¿cómo se vio afectado el sector?
En realidad el cierre de Banex para el sector de microfinanzas vino a convertirse casi en un tiro de gracia, hablándolo en términos muy nica. Los financiadores aumentaron su percepción de riesgo país con la quiebra de Banex, eso viéndolo desde la óptica de los financiadores internacionales. El caso Banex vino a ahuyentar aún más la inversión, hay financiadores que perdieron 30 millones de dólares, 15 millones de dólares y estamos viendo que eso ha restringido mucho más la disponibilidad mucho más de las instituciones de microfinanzas. Incluso, es sorprendente que financiadores como el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), que tienen otro perfil no de un banco comercial, estén siendo mucho más restrictivos con el financiamiento a instituciones de Nicaragua después que perdieran ocho millones de dólares de dólares en el Banex. Ojalá que el próximo año el BCIE vuelva a ser lo que siempre fue, obviamente tomando en cuenta la gestión de riesgo, pero dando a las instituciones.
::: Después de dos años de esta crisis ¿cuáles son la s lecciones aprendidas por el sector?
Nosotros hemos aprendido mucho durante estos años dos años. No podemos dejar de señalar que crecimientos acelerados como los que vivió la industria durante los últimos 10 años, sin ningún apropiado desarrollo de las instituciones, fueron elementos que contribuyeron a que los efectos de la crisis fueran superiores. Seguramente hemos tenido fallas metodológicas en tecnologías crediticias, significa que nuestra metodología crediticia era muy a la ligera, no todas las instituciones consultaban a la central de riesgo para ver el nivel de endeudamiento que tenía el cliente. También aprendimos que producto de estos crecimientos acelerados no se logró un fortalecimiento del control interno, lo que tiene como consecuencia fraude o malos manejos del personal que contribuye a que muchas veces el cliente no cumpla con sus obligaciones. No podemos manejar crecimientos descontrolados. El sector financiero no pude crecer a tasas agigantadas como los crecimientos que tuvimos en Nicaragua. Acá en el país hubo instituciones que crecían a tasas del cien por ciento anual, es decir que pasaron de tener 20 millones de dólares hoy a 40 millones el próximo año. Eso significa que necesitamos revisar, repensar las tasas de crecimientos y mi criterio es que en este país sólo se va a lograr la estabilidad del sector financiero con crecimientos modestos de un 10 a 15 por ciento, no más del 20 por ciento y eso te da posibilidad una sanidad del sistema financiero. Es decir no podemos volver a los crecimientos de ayer, y eso es una lección muy importante.
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