Por José Israel Núñez Henríquez
Los nicaragüenses tienen derecho a la información veraz.
Constitución Política de Nicaragua
Hace muchos años, cuando revisaba los textos escolares de mi hija mayor, me tropecé con las siguientes líneas: “Para la geología el término era hace referencia a un momento de lenta transformación de nuestro planeta, a una época de su evolución diferenciada de las demás por características especiales”. Ciencias 6to. Grado, por Centeno R. Rocío, 2002, P.95.
No dudo que dichos textos en su momento hayan pasado por un proceso de intensa planeación y revisión, no obstante, cuando se enseña “evolución” en términos absolutos se hace de forma tal que, nuestros educandos la consideren incuestionable e incluso para los propios educadores que en ciertos casos tienen sus propias dudas o carencia de preparación en esta área en particular, por lo que se “enseña” como un axioma ampliamente demostrado. Es decir, desde temprana edad se deja a los estudiantes sin las herramientas científicas para la réplica correspondiente.
Cuando se discute a nivel académico la evolución muchas veces se hace con la clara intención de socavar los principios creacionistas del alumno, llegando hasta ridiculizarlo, negándole arbitrariamente “objetar” ciertos aspectos que hacen de la evolución una teoría que no es el resultado de una ciencia pura, prístina y objetiva.
Existen muchas consideraciones y cuestionamientos que no se discuten convenientemente en las aulas de clase porque no se cuenta con respuestas lógicas, coherentes y científicamente demostrables y hacer el ridículo como sabelotodo evolucionista podría restar “autoridad” ante los discípulos. Deliberadamente se oculta información, además imponer de forma autoritaria la mecánica evolucionista con estratagemas de enajenación en el aprendizaje y extirpar el razonamiento lógico imponiendo ideas preestablecidas es enseñar pseudociencia.
Sugiero considerar los siguientes cuestionamientos con el objeto de hacer más objetiva y dinámica la discusión, en tanto no parezca un “monólogo” y a un nivel académico más realista: ¿cómo evolucionó la reproducción sexual? ¿cómo pudieron órganos tan complejos como el oído, el ojo o incluso el cerebro de un pájaro pequeño acontecer por casualidad o gracias a los procesos naturales fortuitos o erráticos? ¿de dónde provino el espacio, el tiempo, la energía e incluso las leyes físicas, que había antes del Big Bang? ¿quiénes son los antepasados evolutivos de los insectos? ¿qué apareció primero, el ADN o las proteínas necesarias para el ADN, las cuales sólo pueden ser producidas por el mismo ADN? Si las posibilidades de que la vida haya surgido por métodos puramente fortuitos es (1/1040,000) (número trillones de veces mayor que la cantidad de electrones en todo el universo), entonces creerlo es una sugerencia estadísticamente imposible, ¿adónde se fue todo el helio del Big Bang? ¿a dónde fueron a parar los huesos de los miles de seres humanos y animales que convinieron morir durante el proceso de mutación de otras especies? Y la lista podría ser interminable.
La teoría de la evolución y la visión del mundo materialista se imponen sobre las multitudes de seres humanos por medio del adoctrinamiento sistemático. Quienes continuamente están absorbiendo la enseñanza de los criterios evolucionistas en los medios de información, en las fuentes académicas y en los principios básicos de la razón caen presa por este hechizo, opino que sí hay que “discutir” sin hacer apologías “tautológicas” ni “hechicería pseudocientífica”, hay que hacerlo a la altura.
La evolución no es un hecho, sino un concepto interpretativo y bastante subjetivo, un paradigma (en el sentido de Raoul Kuhn) que inspira diferentes teorías. Es importante tener presente esta distinción si se quiere conservar todo el rigor en la actuación científica y analizar de manera correcta la validez de los razonamientos empleados en las teorías evolucionistas.
En resumen, como ya hace un siglo escribió Béchamp: ¡se supone, se supone continuamente, y de suposición en suposición se acaba por dar conclusiones sin pruebas! … Es de esperarse que la trama evolucionista ha de seguir siendo objeto de polémica y por qué no decirlo, a causa de que esos enfoques dogmáticos de aquellos que creyendo hacer ciencia solamente muestran el desgaste intelectual de la irracionalidad inconsecuente.
El autor es ingeniero agrónomo.
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