Por RAF CASERT
Estrasburgo, Francia/AP
El disidente cubano Guillermo Fariñas se dirigió por video al Parlamento Europeo este miércoles para reclamar la libertad de los presos políticos y el fin de los ataques a la oposición pacífica en su país.
Fariñas no obtuvo permiso del gobierno cubano para viajar a Estrasburgo, Francia, donde debía haber recibido el Premio Andrei Sajarov a la Libertad de Pensamiento. «Esto es un testimonio irrefutable de que desgraciadamente nada ha cambiado (en Cuba)», dijo.
Fariñas estuvo representado por una silla vacía colocada en medio de la legislatura y cubierta con una bandera cubana.
El presidente del parlamento, Jerzy Buzek, dijo que la silla significaba un «día triste».
Una huelga de hambre realizada por Fariñas durante 134 días atrajo la atención del mundo sobre la situación de los disidentes cubanos.
Cuba comenzó a excarcelar a 52 prisioneros políticos a principios de año tras un acuerdo logrado por mediación de la Iglesia católica, lo que motivó a Fariñas a concluir su protesta.
Sicólogo y periodista de 48 años, pasó más de 11 años en la cárcel, aunque no se encontraba preso durante la huelga de hambre, que decidió iniciar tras la muerte de un prisionero político encarcelado y también en ayuno voluntario.
Cuba considera a Fariñas un delincuente común pagado por los enemigos del régimen comunista en Washington, y destacó que algunos de sus problemas legales incluyen la agresión a un colega de trabajo y otras conductas violentas. Fariñas sostiene que todas las acusaciones obedecen a su activismo.
Entre los ganadores del premio figuran Aung San Suu Kyi y Nelson Mandela y en el 2002 fue entregado al activista cubano Oswaldo Payá y en el 2005 al grupo disidente Damas de Blanco.
La víspera de la ceremonia, Fariñas dijo en una entrevista telefónica con Associated Press desde su domicilio en Cuba que las autoridades le negaron permiso para viajar porque según el gobierno nunca recibió pedido alguno de la Unión Europea. Los cubanos que deseen salir de la isla deben solicitar una «tarjeta blanca» al gobierno.
En su video de aceptación transmitido en medio de un solemne silencio entre los parlamentarios, Fariñas comparó esa tarjeta con la que llevaban los esclavos en tiempos coloniales.
«Tenía todo preparado, mi pasaporte, un visado de Francia y mis boletos aéreos», contó Fariñas a la AP. «Lo único que faltaba era la voluntad política del gobierno cubano».
Empero, el disidente recibió complacido el galardón. «Este premio representa para mí la primera y la razón más importante de aumentar mi compromiso de luchar para que un día tengamos una verdadera democracia en Cuba», indicó.
En el video Fariñas pidió la liberación de todos los presos políticos, respeto a la oposición pacífica, la derogación de las leyes contrarias a los derechos humanos, el derecho a una prensa libre y libertad sindical y un pedido para que la diáspora cubana pueda participar en la vida política.
El gobierno cubano considera a disidentes como Fariñas mercenarios pagados por Washington para debilitar al régimen. En el caso de Fariñas, destacó que gran parte de sus problemas legales proceden de un altercado que tuvo con un colega de trabajo, no por su oposición política, lo que niega el imputado.
El disidente cubano Guillermo Fariñas se dirigió por video al Parlamento Europeo el miércoles para reclamar la libertad de los presos políticos y el fin de los ataques a la oposición pacífica en su país.
Fariñas no obtuvo permiso del gobierno cubano para viajar a Estrasburgo, Francia, donde debía haber recibido el Premio Andrei Sajarov a la Libertad de Pensamiento. «Esto es un testimonio irrefutable de que desgraciadamente nada ha cambiado (en Cuba)», dijo.
Fariñas estuvo representado por una silla vacía colocada en medio de la legislatura y cubierta con una bandera cubana.
El presidente del parlamento, Jerzy Buzek, dijo que la silla significaba un «día triste».
Una huelga de hambre realizada por Fariñas durante 134 días atrajo la atención del mundo sobre la situación de los disidentes cubanos.
Cuba comenzó a excarcelar a 52 prisioneros políticos a principios de año tras un acuerdo logrado por mediación de la Iglesia católica, lo que motivó a Fariñas a concluir su protesta.
Sicólogo y periodista de 48 años, pasó más de 11 años en la cárcel, aunque no se encontraba preso durante la huelga de hambre, que decidió iniciar tras la muerte de un prisionero político encarcelado y también en ayuno voluntario.
Cuba considera a Fariñas un delincuente común pagado por los enemigos del régimen comunista en Washington, y destacó que algunos de sus problemas legales incluyen la agresión a un colega de trabajo y otras conductas violentas. Fariñas sostiene que todas las acusaciones obedecen a su activismo.
Entre los ganadores del premio figuran Aung San Suu Kyi y Nelson Mandela y en el 2002 fue entregado al activista cubano Oswaldo Payá y en el 2005 al grupo disidente Damas de Blanco.
La víspera de la ceremonia, Fariñas dijo en una entrevista telefónica con Associated Press desde su domicilio en Cuba que las autoridades le negaron permiso para viajar porque según el gobierno nunca recibió pedido alguno de la Unión Europea. Los cubanos que deseen salir de la isla deben solicitar una «tarjeta blanca» al gobierno.
En su video de aceptación transmitido en medio de un solemne silencio entre los parlamentarios, Fariñas comparó esa tarjeta con la que llevaban los esclavos en tiempos coloniales.
«Tenía todo preparado, mi pasaporte, un visado de Francia y mis boletos aéreos», contó Fariñas a la AP. «Lo único que faltaba era la voluntad política del gobierno cubano».
Empero, el disidente recibió complacido el galardón. «Este premio representa para mí la primera y la razón más importante de aumentar mi compromiso de luchar para que un día tengamos una verdadera democracia en Cuba», indicó.
En el video Fariñas pidió la liberación de todos los presos políticos, respeto a la oposición pacífica, la derogación de las leyes contrarias a los derechos humanos, el derecho a una prensa libre y libertad sindical y un pedido para que la diáspora cubana pueda participar en la vida política.
El gobierno cubano considera a disidentes como Fariñas mercenarios pagados por Washington para debilitar al régimen. En el caso de Fariñas, destacó que gran parte de sus problemas legales proceden de un altercado que tuvo con un colega de trabajo, no por su oposición política, lo que niega el imputado.