El último capítulo de la final del Torneo Apertura de Futbol será recordada por un Walter Ferreti que, a pesar de caer 2-1 ante el Diriangén (2-2 marcador global), se coronó campeón, en medio de un cuestionable arbitraje que desató la ira de los aficionados de los Caciques la tarde de ayer en Diriamba.
Minutos antes de que el juez central del partido, René Guerrero, diera por finalizado el juego, y con un Diriangén con dos goles a favor, Juan Carlos Narváez fue atropellado por el defensa Eustace Martin, el árbitro obvió la falta en el área y provocó el reclamo de los jugadores dentro del campo, despertando así el lado más oscuro de una barra brava futbolera.
Luego que los aficionados salieron del estadio, un grupo muy resentido por una final a la que tachó como “comprada y fraudulenta” empezó a tirar piedras a los policías que resguardaban la seguridad del Ferreti.
Los actos violentos se extendieron en toda la zona que rodea el estadio, hasta la Carretera Panamericana, en la entrada de Diriamba. Muchos habitantes, entre ellos ancianos y niños que viven en las cercanías del estadio, fueron afectados por los gases lacrimógenos que los antimotines lanzaron al grupo de aficionados diriambinos.
“Es un abuso que los policías nos hagan esto, ¿que no ven que hay niños aquí?, nosotros nada tenemos que ver con los que andan volando piedras”, reclamó Fernando González, quien tuvo que llevar a su hijo de seis años de emergencia al hospital por los gases lacrimógenos.
Según uno de los agentes de la Cruz Roja, dos niños, de unos ocho meses y un año de edad, fueron llevados de emergencia por los gases. Aunque aún no se reportan muertos ni heridos de gravedad, la mayoría de los afectados lo han sido producto de los gases que los antimotines disparaban a la afición, sin importar que los demás pobladores fueran afectados.

BANDERAS SANDINISTAS
El comisionado Carlos Palacios, presidente del Walter Ferreti, también fue blanco de las críticas en esta final, principalmente debido a una afición capitalina que lució banderas del partido orteguista en el estadio.
Aunque el uniforme del Ferreti es rojo y negro, las mantas hacían alusión al partido sandinista, además los aficionados portaban banderas rojinegras, sin ningún logo del equipo.
“Ferreti siempre será rojo y negro”, decía una de las mantas de la fanaticada.
A mediados de las cinco de la tarde, los jugadores y la barra del Ferreti pudieron salir del estadio, en medio de una batalla llena de gases y con un gran resguardo policial.
“Son malos perdedores, deberían aceptar que somos los mejores”, gritaba a uno de los fanáticos del Ferreti.
No es la primera vez que en el futbol pinolero ocurren este tipo de enfrentamientos, pero la situación suscitada la tarde de ayer en Diriamba se salió del control policial.
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