Nicaragua fue mencionada por el eminente escritor peruano, Mario Vargas Llosa, en su discurso oficial de aceptación del Premio Nobel de Literatura 2010 que pronunció en Estocolmo, el recién pasado miércoles 7 de diciembre.
Vargas Llosa incluyó a Nicaragua en el discurso más importante de su vida, pero no por recordar que fue con un ensayo sobre la obra poética del más ilustre de todos los nicaragüenses, Rubén Darío, que él, Vargas Llosa, inició su carrera literaria hace 52 años.
En efecto, en 1958, cuando Vargas Llosa tenía apenas 22 años, para concluir sus estudios en la Facultad de Letras y Ciencias de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima, Perú, defendió la tesis titulada Bases para una interpretación de Rubén Darío , en la cual escribió que: “La grandeza de Darío no está sólo en aquel universo musical y mágico, en aquellos personajes fabulosos y en las armonías admirables que constituyen sus obras, sino en aquella honradez consigo mismo, como hombre y como escritor, impartiendo un sentido a su literatura. Es esta elección inicial la que da sentido y grandeza a su obra, además de su talento”.
Sin duda que hubiera sido muy honroso para Nicaragua, que la mención de Mario Vargas Llosa al aceptar oficialmente el Premio Nobel de Literatura fuese por la tesis dariana que escribió en el amanecer de su carrera literaria. Pero lamentablemente no ha sido por eso que el laureado escritor peruano, español y universal mencionó al país, sino por la “seudodemocracia populista y payasa” que Daniel Ortega y su partido han impuesto en Nicaragua. (Ahora) “Padecemos menos dictaduras que antaño; sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudodemocracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua”, expresó Vargas Llosa, refiriéndose al progreso de la libertad y la democracia en América Latina, con las sombrías excepciones de algunos países, como el nuestro.
No es la primera vez que Mario Vargas Llosa se refiere por esa causa a Nicaragua. Tal como lo recordamos en el editorial del sábado 9 de octubre pasado, titulado Dos Nobel a la lucha por la libertad , en el cual comentamos el anuncio de la Academia Sueca de que había decidido otorgar el premio de Literatura al eminente escritor peruano, “a fines de julio del 2008 Mario Vargas Llosa escribió y difundió un denso artículo en diversos periódicos del mundo (incluyendo LA PRENSA de Nicaragua que lo publicó el 3 de agosto de 2008), titulado Para la historia de la infamia . En ese artículo Vargas Llosa señaló que en Nicaragua, ´en un acto de verdadero desvarío colectivo, los electores eligieron el año pasado (en noviembre de 2006) a Daniel Ortega para ocupar la primera magistratura de la nación, olvidando su catastrófica primera gestión (1986-1990) y legitimando el pacto mafioso con el ex presidente “liberal” Arnoldo Alemán Esta alianza mafiosa y antinatura de una supuesta izquierda y otra supuesta derecha —en verdad dos bandas gansteriles disfrazadas de partidos políticos— ha permitido la desnaturalización de la justicia, sentado las bases de una nueva dictadura y abierto la puerta para que Daniel Ortega y Arnoldo Alemán se salgan con la suya y se libren de pagar por los delitos que se les imputan´”.
Ahora Mario Vargas Llosa ha considerado necesario volver a referirse con palabras de desprecio al régimen seudodemocrático de Nicaragua, mediante el cual se pretende restablecer la odiada dictadura, que ya fue derrotada por el pueblo democrático nicaragüense, en julio de 1979 en su versión somocista de derecha y en febrero de 1990 en su modalidad sandinista de izquierda.
Pero no sólo a las satrapías latinoamericanas fustigó Vargas Llosa en su discurso oficial de aceptación del Premio Nobel de Literatura. Se refirió en general a los regímenes opresivos de todo el mundo y dijo, urgiendo a la denominada comunidad democrática internacional, que todas “las dictaduras deben ser combatidas sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones económicas”. Y lamentó “que los gobiernos democráticos, en vez de dar el ejemplo, solidarizándose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentes venezolanos o (los activistas por los derechos humanos) Aung San Suu Kyi (en Birmania) y Liu Xiaobo (en la China comunista), que se enfrentan con temeridad a las dictaduras que sufren, se muestren a menudo complacientes no con ellos, sino con sus verdugos”.
Pero al parecer a los gobiernos democráticos les interesan más los negocios q ue la libertad.
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