Justo Pastor Ramos

María, reina de la paz

En Nicaragua, nuestra escogida patria de lagos y volcanes, hoy florecen los madroños, las pascuas y los pastores; el cenzontle y el ruiseñor como enamorados del cielo dejan escapar de su guzla de oro las dulces armonías de la salutación celestial; hay canción de amores en la campiña y alegría inefable en el corazón del creyente, que con fe y vocación de amar canta una vez más evocando la lejana tradición de fe llegada a nosotros trascendiendo fronteras, tiempo y espacio para ser la causa de muchas alegrías.

Es la tradicional “Gritería” que expresa el valor humano de la pureza de María, madre de Jesús y que con singular sentimiento de amor cristiano nace en la víspera del 8 de diciembre desde la iglesia de San Felipe de León en el año de 1857 bajo el inspirado acervo religioso del cura de la misma iglesia Gordiano Carranza, para extenderse luego por Chinandega, Masaya, Granada y así, por pueblos y ciudades de nuestra Patria.

Es indudable que razones como prescritas en la Declaración del Dogma de la Iglesia aprobado oficialmente por el Papa Pío IX, en 1854, mediante promulgación de la bula “ineffabilis Deus” que define a este dogma como doctrina revelada por Dios en la que los cristianos debemos de creer que María fue preservada de toda mancha de pecado original, las acciones bélicas de 1844-1856 y la erupción del volcán Cosigüina de 1835, la cual había provocado mucha ruina a la región occidental, profundizaran en el sentimiento del cura Carranza la piadosa necesidad de celebrar con fe, lo que sin pensarlo quizás llegaría a ser el génesis de la ocasión más alegre en nuestro país hoy en día.

María llena de gracia, desde su nacimiento idealizada y venerada como el símbolo del amor, la ternura y la humildad, es signo de regocijo entre civilizaciones y culturas desde que los antiguos misioneros allá por el siglo IX en Constantinopla, Sicilia, Italia el occidente de Irlanda, continuando en el siglo XI por Inglaterra, Alemania, Francia, España, América, como era de esperar la designaran “la limpia y pura Concepción” Nicaragua.

La historia, que es la memoria de la humanidad, nos recuerda que la fe cuando es traducida a la espiritualidad induce a ideales y sentimientos que promueven la nobleza, el amor y la veneración, medios indubitables para alcanzar la satisfacción del ideal que nos anima y la alegría que experimentamos en la creencia de “La Purísima Concepción” de la siempre Virgen María, alegría ejemplificada en la vocación del amor que expresamos al celebrar este acontecimiento cuyo centro es la Virgen María, representada ante nosotros por vez primera en “La Niña Blanca” que don Pedro Alanzo Sánchez de Cepeda y Ahumada nos trajera en el año de 1562, imagen que hemos llegado a venerar como “La Virgen del Trono”, la que desde la ciudad de El Viejo, lo cual a la vez nos recuerda la labor misionera de los frailes que ingresaron del Reino de las Indias hasta nuestro pueblo indígena proclamando la lejana idea de la “Inmaculada Concepción de la Virgen María” lo cual hacían mediante rezos de la novena, actos procesionales con la presencia iconográfica de “la Purísima” y con sermones que pronuncia como el que pronunció fray José Velasco en la ciudad de Granada, al concluir la construcción del Castillo de la Inmaculada en 1766, luego con los cánticos de la Novena El Candor de la Luz Eterna de fray Rodrigo de Betancourt, editada y promulgada por el año 1722.

De esta manera la significación histórica de “la Gritería” como hemos visto tiene su fundamento en la proclamación del Dogma de fe, doctrina que desde el siglo IX había sido iniciada por antiguos misioneros de cuya historia hemos recogido pasajes que evocan con admirada devoción lo que vale la fe, el amor y buena voluntad, cuando éstos van dirigidos la búsqueda del bien espiritual. María es la Reina de la Paz, María es de Nicaragua, “La Concepción de María es toda la causa de nuestra alegría”.

Ella es la Reina de la paz, la Patria, la familia y el amor, es el alba de la esperanza que asoma por el horizonte de nuestra vida, es el símbolo verdadero de la unidad, de la conciliación, es la madre antológica divina que desde sus altares nos dirige su mirada de amor bendecido y nos alienta a encontrar la paz que promueve la dignidad humana, valor trascendente y fuente conciliación de los unos con los otros.

Salve, Azucena Divina. Gloria, gloria del alma inmortal. Condúcenos, Madre amable a tu vergel, a tu Vergel Celestial.

¡Que Viva por siempre la Concepción de María!

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