LA PRENSA publicó el viernes de la semana pasada, una información política alentadora que debería servir como estímulo a todos los demócratas nicaragüenses para fortalecer la lucha por la defensa de la libertad y la democracia en Nicaragua.
La información se refería a un estudio sobre Cultura Política de la Democracia en Nicaragua 2010, que fue presentado públicamente el jueves de la semana pasada, según el cual el 71.3 por ciento de los nicaragüenses quieren vivir en democracia. Precisa la información que esta cifra es un poco menor que la obtenida en 2008, mediante un estudio similar, cuando el 72.9 por ciento de los nicaragüenses dijo querer vivir en democracia. Pero la diferencia es mínima, sólo 1.6 por ciento. Lo relevante es que los ciudadanos de Nicaragua que optan por la democracia constituyen una abrumadora mayoría . O sea que hay en la población una amplia reserva democrática, que puede ser organizada y convertida en movilización y lucha, para detener el avance del autoritarismo y de la dictadura que pretende imponer Daniel Ortega.
El autor del estudio sobre Cultura Política de la Democracia en Nicaragua 2010, señor John A. Booth, de la Universidad del Norte de Texas, expresó al presentar su trabajo el jueves de la semana anterior, que a pesar de la insatisfacción popular por “cómo funciona la democracia ( ) en términos de sus valores democráticos hay un fuerte apego”. O sea que hay insatisfacción de los ciudadanos por los defectos en la implementación de la democracia, por la corrupción de los políticos, por los abusos de poder de quienes gobiernan, pero no por la democracia en sí misma a la que más bien tienen en muy alta estima. Esto habla muy bien a favor del pueblo nicaragüense y sustenta la convicción y la esperanza en que la lucha para impedir que Nicaragua caiga otra vez en las garras de la dictadura, será finalmente exitosa, igual que lo fue en 1990.
Es interesante observar que según el estudio sobre la Cultura Política de la Democracia, mucha gente percibe a los Consejos del Poder Ciudadano (CPC), que son los órganos de base creados por el orteguismo para sostener popularmente la nueva dictadura, “como un mecanismo para vigilar y promover el control partidista”. “El 46.4 por ciento de la población no tiene ninguna confianza en los CPC”, se desprende del estudio, mientras que la percepción de que son un mecanismo de control partidista subió del 13.9 por ciento en 2008, al 36.2 por ciento en 2010.
Señala la información sobre el estudio de la Cultura Política de la Democracia en Nicaragua, que “otro aspecto importante es que empieza a incrementar la tolerancia política en Nicaragua, aunque se mantiene un grado de polarización entre los que se identifican como sandinistas y los liberales”. En realidad, los ciudadanos comprenden cada vez más, que la contradicción política fundamental en Nicaragua no es entre izquierda y derecha o entre liberales y sandinistas, sino entre democracia y dictadura. Y que, por lo tanto, la lucha tiene que ser de todos los demócratas —de derecha, de izquierda, de centro e independientes— contra el sector minoritario que está tratando por todos los medios a su alcance de restablecer la dictadura en Nicaragua.
Comentando el estudio de Cultura Política de la Democracia, el director del Centro de Análisis Socio Cultural (CASC) de la Universidad Centroamericana (UCA), Manuel Ortega Hegg, llamó la atención al hecho de que los nicaragüenses “prefieren la democracia antes que tener un mayor bienestar”. Esto es muy positivo, sin duda, pero no por eso los líderes democráticos deben despreocuparse por la necesidad social de la gente, por la aspiración de las personas no sólo a satisfacer sus necesidades básicas sino también a vivir cada vez mejor. No se debe perder de vista que los caudillos populistas y mesiánicos, autoritarios y dictatoriales, tienen más posibilidad de confundir y engañar mientras haya extrema pobreza y mucha gente se sienta abandonada socialmente.
Los partidos de oposición que se dicen democráticos, o más bien dicho sus líderes, deberían entender esos mensajes de la sociedad y de los ciudadanos y actuar en consecuencia. Por ejemplo, rechazando en la Asamblea Nacional o al menos modificando sustancialmente, las leyes militares y de seguridad que está tratando de imponer Daniel Ortega, con el propósito de seguir menoscabando la democracia y avanzando hacia el establecimiento de una dictadura de tipo chavista en Nicaragua.
Ver en la versión impresa las páginas: 13 A