PARÍS/AFP
El sitio ya fue obligado a cambiar su dominio y a cambiar de servidores en el mundo mientras sucesivas firmas y países fueron cediendo a los argumentos de Estados Unidos señalando que la divulgación de esos archivos era “ilegal”.
En varios países han surgido sitios que repiten la información de WikiLeaks. Y en los últimos días, WikiLeaks ha estado ofreciendo sus archivos para ser descargados y compartidos por el sistema “de igual a igual”, una medida que podría permitir a cualquier usuario del mundo mostrarlos o compartirlos.
WikiLeaks dice que tiene otros 250,000 cables que proyecta difundir de manera gradual en los próximos meses, si puede.
Anticipando los intentos de Estados Unidos de bloquearlo, WikiLeaks ha tomado la precaución de postear un gran archivo encriptado de 1.4 gigabytes con una clave de 256 dígitos que considera infranqueable.
Con el nombre de “insurance.aes256”, el archivo es lo suficientemente grande para contener todos los cables de Estados Unidos que se dice que están en posesión de WikiLeaks.
La encripción lo hace ilegible hasta que se provea la clave, en cuyo momento todos sus contenidos estarían disponibles para quienes lo descargaron de los sitios que lo suministran como ThePirateBay.org.
Assange, en una comunicación en línea el viernes a través del diario británico The Guardian —uno de los varios periódicos en todo el mundo que cooperan con WikiLeaks en la difusión de los cables— dijo que mucha gente en todo el mundo ya había guardado el archivo de seguridad en sus computadoras.
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Venezuela sería una amenaza para la región, aunque el aislamiento no es una solución, y Hugo Chávez es un “perro que ladra y no muerde”, afirman diplomáticos brasileños y estadounidenses en cables filtrados por el sitio WikiLeaks, publicados ayer por el periódico Le Monde.
Los cables diplomáticos estadounidenses dejan ver las diferentes posturas de los políticos brasileños respecto a la figura de Hugo Chávez.
El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, afirma en un mensaje de marzo de 2007 que “la orientación política de Hugo Chávez no es la de Brasil, pero los brasileños no se sienten amenazados por Chávez. El aislamiento no es una solución con Chávez”. Pero el ministro de Defensa, Nelson Jobim, tiene una visión bien diferente ya que percibe a Venezuela como una “nueva amenaza” para la estabilidad regional.
“Los brasileños consideran plausible una incursión militar de Chávez en un país vecino, por su carácter imprevisible”, afirma un telegrama secreto de 2008. Por eso se creó un consejo de defensa sudamericano que sirve para “conducir a Venezuela y otros países de la región a una organización común que Brasil pueda controlar”.
Según estos cables, Estados Unidos y Brasil compiten por la influencia en América Latina y las relaciones brasileñas con Venezuela han estado en el centro de las preocupaciones estadounidenses, lo que se demostró con el veto en 2005 de la venta de aviones brasileños Super-Tucano a Venezuela.
“Brasil estima estar comprometido en una competencia con Estados Unidos y desconfía de las intenciones estadounidenses. (…) Brasil tiene una necesidad casi neurótica de ser igual a Estados Unidos y de ser percibido como tal”, afirma un mensaje secreto de noviembre de 2009.
La anticipada elección de Antonio Patriota, ex embajador de Brasil en Washington, como ministro de Relaciones Exteriores de la presidenta electa Dilma Rousseff no cambiará este rumbo, afirma el diario Le Monde.
En noviembre de 2009, un telegrama estadounidense explica que “aunque Patriota conoce bien a Estados Unidos y está listo para trabajar con nosotros, no lo hará en una perspectiva pro-estadounidense sino en la base del nacionalismo tradicional de la diplomacia brasileña”.
Brasil había digerido mal el veto estadounidense a la venta de los aviones Super Tucano a Venezuela (Venezuela terminó comprando aviones Sukhoi Su-30 de origen ruso) y llegó incluso a tratar de negociar con Estados Unidos una suerte de “trueque”, según la información publicada por Le Monde.
En otro pasaje destacado por el diario francés, el embajador brasileño de la época en Caracas propuso a su homólogo estadounidense que si Estados Unidos autorizaba la venta de los Tucanos, Brasilia apoyaría a la organización no gubernamental Sumate, que en ese momento recolectaba firmas para el referéndum que buscaba revocar al presidente Chávez.