La falta de Ortega en la Cumbre Iberoamericana

Expertos independientes en política internacional y diplomacia han criticado como un craso error de Daniel Ortega, su falta en la XX Cumbre de Iberoamérica que se está celebrando en la ciudad de Mar del Plata, República Argentina.

Por supuesto que la crítica a Ortega no es porque con su ausencia le hubiera restado importancia a la reunión anual de jefes de Estado y/o de Gobierno de los países de Iberoamérica, España y Portugal; ni porque Nicaragua vaya a perder algunos beneficios materiales, económicos o de cualquier otra clase. La crítica es porque Daniel Ortega debía estar presente en la Cumbre de Mar del Plata, para responder allí el planteamiento de la presidenta costarricense Laura Chinchilla, sobre la controversia fronteriza entre Nicaragua y Costa Rica, alrededor del río San Juan. Es cierto que la agenda de esa Cumbre ya estaba aprobada, y el tema de discusión que se estableció es el de “Educación para la inclusión social”. Sin embargo, nada le impide a cualquier mandatario participante en la reunión, ejercer su derecho a exponer sobre el tema que le parezca importante y necesario darlo a conocer y promoverlo, al margen de la agenda oficial previamente adoptada.

De manera que como lo anunció la presidenta Chinchilla personalmente, antes de viajar a la República Argentina y al llegar a Mar del Plata, ella fue a la Cumbre Iberoamericana ante todo para presentar la posición costarricense sobre el diferendo o conflicto fronterizo de su país con Nicaragua, con la ventaja de no encontrar una respuesta de su mismo nivel y autoridad que sostenga la posición nicaragüense. Y lo peor es que Daniel Ortega es consciente de su falta de responsabilidad, al faltar a la Cumbre Iberoamericana de Mar del Plata, pues él mismo reconoció públicamente, el jueves recién pasado por la noche, que no fue a dicha reunión porque Costa Rica iba a “sentar en el banquillo a Nicaragua (…) ellos como víctimas, nosotros como agresores”. Y agregó Ortega que había instruido a su sustituta en la Cumbre de Mar del Plata, la magistrada de la Corte Suprema de Justicia, Alba Luz Ramos, para que alegara “que el tema del río San Juan (está fuera de lugar) y debe dilucidarse en la Corte Internacional de Justicia (CIJ)”.

Pero el hecho de que la representante de Daniel Ortega en la Cumbre Iberoamericana de Mar del Plata, alegue que el tema del conflicto alrededor del río San Juan está fuera de lugar, no le impide a la presidenta costarricense exponerlo en ese magno escenario, con todos sus argumentos y adobado con la acusación al gobierno orteguista porque “irrespeta foros internacionales”, refiriéndose a su rechazo a la resolución conciliadora del Consejo Permanente de la OEA, a pesar de que en su mayor parte era favorable a Nicaragua. Ortega incluyó en la delegación nicaragüense que participa en la Cumbre Iberoamericana a su representante en la OEA, pero ésta es una representación de muy bajo nivel en ese cónclave y tampoco impide que la presidenta de Costa Rica “se dé gusto” exponiendo su posición sobre el conflicto, sin tener la debida respuesta a la altura de su misma categoría presidencial.

Daniel Ortega, en vez de cumplir su deber como es debido, y de reconocer su error, lo que ha hecho es utilizar su acostumbrado lenguaje agresivo, ofensivo y descalificador, para acusar injuriosamente a quienes ejercen su derecho y cumplen su obligación cívica y patriótica de criticar el mal manejo político y diplomático del gobierno orteguista en el conflicto con Costa Rica, dándole ventaja al adversario en la opinión pública y los organismos internacionales.

A lo largo de la historia nacional, desde antes de la independencia de España hasta nuestros días, Nicaragua ha perdido la mayor parte de los conflictos fronterizos con sus vecinos. Pero no ha sido por la crítica de quienes opinan con interés de aportar ideas al debate y la solución de los grandes problemas nacionales. Todo lo que se ha perdido en las controversias y conflictos fronterizos ha sido por culpa de los gobernantes, los cuales, por múltiples razones que van desde la arrogancia y la torpeza hasta el ensimismamiento y el desprecio a la opinión pública, han manejado irremediablemente mal las negociaciones y la diplomacia tanto bilateral como en los organismos internacionales. Y esto a pesar de que Nicaragua siempre ha tenido y tiene lumbreras en diplomacia, política internacional y manejo de conflictos, pero casi siempre han sido menospreciados e ignorados por los gobernantes de turno.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí