Anteriormente hemos expresado nuestra opinión (concretamente en el comentario editorial titulado “Avanzando a la gran alianza”, el cual se publicó el miércoles de la semana pasada), de que si las elecciones nacionales del próximo año fuesen libres y limpias y se permitiera la observación electoral independiente, nacional e internacional, el candidato de la unidad democrática opositora, don Fabio Gadea Mantilla, podría recibir los votos suficientes para derrotar al candidato orteguista. Y si el doctor Arnoldo Alemán retirara su nominación presidencial, la cual, de acuerdo con las encuestas no tiene posibilidad de éxito en ningún escenario; y si dejara, el doctor Alemán, al PLC, en libertad de respaldar a don Fabio, quien por cierto pertenece a ese mismo partido, entonces el triunfo del candidato democrático podría ser arrollador, tan contundente como en las elecciones de 1990, 1996 y 2001.
En realidad, según el historial electoral de Nicaragua desde 1990 hasta 2006, las fuerzas democráticas siempre han tenido capacidad para derrotar al caudillismo, el autoritarismo y el populismo que representan Daniel Ortega y el FSLN. De hecho, si Ortega pudo ganar la elección presidencial de 2006, fue gracias al pacto con Arnoldo Alemán que permitió reformar la Constitución para facilitarle que se alzara con la Presidencia, con sólo el 38 por ciento de los votos.
Pero no sólo por eso Daniel Ortega ganó la elección presidencial de noviembre de 2006. Fue también porque el liberalismo y en general las fuerzas democráticas se presentaron divididas a esas elecciones, como consecuencia del mismo pacto; y además, porque el Consejo Supremo Electoral (CSE) —el cual para entonces ya estaba sometido a Daniel Ortega— escamoteó o escondió el 8 por ciento del total de los votos que depositaron los ciudadanos en las urnas electorales. Es obvio que el CSE ocultó esos casi 200 mil votos, porque si los hubiera escrutado y reconocido, la elección presidencial habría tenido que ir al balotaje, o sea a una segunda vuelta, la cual Daniel Ortega jamás habría podido ganar.
Pero a la luz de lo que se ha podido aprender de la experiencia histórica en el período que va desde 1990 hasta ahora, se ve claro que la victoria de don Fabio en la elección presidencial del próximo año, no sería suficiente para poder reconstruir la institucionalidad democrática, el Estado de Derecho y el sistema de libertades que han sido devastados por el pacto de Arnoldo Alemán con Daniel Ortega, y por las acciones gubernamentales de este último.
Sin duda que para las fuerzas democráticas es necesario ganar la elección presidencial con don Fabio Gadea Mantilla. Pero muy poco se lograría con eso, si al mismo tiempo no se logra elegir el número de diputados suficiente para tener la mayoría calificada del 60 por ciento en la Asamblea Nacional, que es la que posibilita hacer reformas constitucionales y estructurales. Reformas que son indispensables para quitar de la Constitución todos los elementos dañinos y perversos del pacto, para reestructurar los poderes del Estado según los principios de independencia política de los magistrados y autonomía en el funcionamiento institucional, para garantizar las libertades, las garantías democráticas y el respeto a los derechos humanos de todos los nicaragüenses, para hacer la revolución de la honestidad que quería el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y con la cual se ha comprometido don Fabio Gadea Mantilla.
El objetivo de alcanzar la mayoría calificada en la Asamblea Nacional, podría parecer ilusorio porque las fuerzas democráticas nunca la han podido conseguir. Pero la verdad es que en las elecciones de 1990, la UNO sí tuvo los votos suficientes para lograr esa mayoría calificada, pero le fueron quitados varios diputados en un recuento de votos que se impuso a última hora, precisamente para eso.
De manera que si don Fabio ganara la elección presidencial del próximo año, pero no se lograra elegir una Asamblea Nacional con mayoría calificada para sostenerlo ante el acoso del “gobierno desde abajo” que otra vez implementaría Daniel Ortega — y para realizar los cambios democráticos que son indispensables—, entonces sería muy poco lo que él, don Fabio, podría hacer desde el Poder Ejecutivo.
Por supuesto que estamos hablando del caso de que las elecciones nacionales del próximo año fuesen libres y limpias, que no hubiera fraude, que los votos fueran contados correctamente, que se permitiera la observación electoral independiente y que el FSLN estuviese dispuesto a entregar el poder voluntariamente. Todo lo cual está por verse, o más bien está por conquistarse, que es tarea del pueblo y para lo cual se necesita el apoyo de la comunidad internacional.
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