PUERTO PRÍNCIPE/ AFP
Los haitianos eligen el domingo a nuevos dirigentes que heredarán un país que el sismo de enero puso de rodillas, con más de un millón de damnificados y una población amenazada por el cólera, que ha dejado 1,523 muertos, ya sin ilusiones frente a las soluciones que ofrece la clase política.
Cerca de un año después del terremoto del 12 de enero que mató a unas 250,000 personas, el país es llamado a elegir a uno de los 18 candidatos para suceder al presidente René Preval, y designar a diputados y senadores. Preval, a quien la Constitución prohíbe volver a ser candidato, podría pasar el mando a la primera presidenta del país: Mirlande Manigat, una ex primera dama de 70 años, quien aparece como favorita frente al candidato del partido en el poder, Jude Celestin, de 48 años.
Según un sondeo reciente de la Oficina de Investigaciones Informáticas y de Desarrollo Económico y Social, Manigat triunfaría con 36 por ciento de los votos contra 20 por ciento para Celestin. Un tercer candidato, Michel Martelly, más conocido por su nombre artístico “Sweet Micky” y popular entre los jóvenes, se quedaría con el 14 por ciento de los sufragios.
Los resultados de los comicios no se conocerán antes de principios de diciembre. Si los pronósticos se confirman, los dos candidatos favoritos en los sondeos se enfrentarán en una segunda vuelta.
Pero existe el temor de que haya irregularidades en un país en el que cunde la corrupción. El director del registro electoral nacional haitiano, Philippe Augustin, expresó que teme que haya “fraudes por todos lados”. Manigat anunció por su parte que se preparaba para “fraudes masivos”.
La ex primera dama, respaldada por las clases medias e intelectuales, podría beneficiarse de un voto en rechazo al partido en el poder, cuyos afiches amarillos y verdes con el rostro de Celestin se observan en todo el país. “Los haitianos no quieren continuismo. Quieren cambio, incluso una ruptura”.
Celestin es considerado muy allegado al presidente saliente, pero los haitianos no parecen creer que el nuevo presidente, sea quien sea, pueda reconstruir el país. “Hemos tocado fondo más rápido que otros pueblos. Necesitamos reconstruir a los hombres, su visión, la manera de aprender las cosas. Se necesita un nuevo equilibrio en todos los niveles”, expresó la cantante, admirada en Haití, Yole Derose.
Por otro lado, pese al caos generado por el cólera, que causó la muerte de 1,523 personas desde mediados de octubre, las autoridades rechazaron postergar los comicios. Y el jefe de la Minustah, la misión de la ONU en la isla, Edmond Mulet, vaticinó que las elecciones se desarrollarán en un clima “moderado, tranquilo, sereno y sin violencia en las circunstancias haitianas”.
La epidemia de cólera provocó actos de violencia contra los cascos azules nepaleses, acusados por una parte de la población de haber traído el brote de cólera al país. Las manifestaciones dejaron seis muertos la semana pasada en el centro y norte del territorio, y la campaña también quedó marcada por enfrentamientos entre partidarios de los diferentes candidatos, que dejaron dos muertos.
Sin embargo, Mulet reiteró ayer que los análisis de cólera realizados a los cascos azules nepaleses resultaron “negativos”. “No puedo decir que no venga (el cólera) de los soldados de la Minustah, pero tampoco puedo decir que viene de ahí, pues todos los análisis dan negativos…”, afirmó.
El jefe de la Minustah anunció que la reducción del número de cascos azules en la isla y su “eventual retirada” son temas que serán examinados en abril-mayo de 2011, siempre y cuando las elecciones del domingo y el traspaso de poder se desarrollen sin contratiempos.
Con instituciones destruidas por el sismo, una clase política desgarrada y una sociedad dividida por la miseria, la tarea se perfila titánica. “Los futuros dirigentes tienen que entender que tenemos un país que salvar y construir juntos”, dijo el sacerdote Jean Desinor, director de la radio de la Iglesia católica, quien espera que los males que azotaron al país en 2010 permitan “volver a empezar sobre nuevas bases”.
Ayer, en las oficinas de registro, cientos de personas hacían filas para retirar el documento de identificación nacional.
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