Dino De Laurentiis fue un productor de cine italiano, reconocido internacionalmente por las numerosas películas exitosas.LA PRENSA/ AP

Dino de Laurentis: Un productor napolitano

El público suele tener una idea muy confusa de lo que hacen los productores de cine y la crítica se ocupa poco de ellos.Existen los gerentes generales (también llamados productores) de las grandes compañías productoras y los productores ejecutivos (gerentes de proyecto), que se involucran más directamente en el proceso de producción.

Por Franklin Caldera

El público suele tener una idea muy confusa de lo que hacen los productores de cine y la crítica se ocupa poco de ellos.Existen los gerentes generales (también llamados productores) de las grandes compañías productoras y los productores ejecutivos (gerentes de proyecto), que se involucran más directamente en el proceso de producción.

Los productores responden ante los inversionistas (que pueden ser la compañía productora para la que trabajan o fuentes externas), lo que con frecuencia crea conflictos entre productores (encargados de garantizar que los directores se ciñan al presupuesto y plazos de producción) y directores (realizadores), concentrados en la parte artística/creativa de una película.

Hay productores que son dueños de sus propias compañías, lo que no significa que carezcan de compromisos económicos. En Estados Unidos es usual actualmente que los directores asuman también tareas de producción (Scorsese, Spielberg, Cameron, etc.). Esta fusión no es corriente en Europa, donde hay menos tensiones entre directores y productores por la mayor tolerancia hacia las espontaneidades creativas, lo que a su vez se debe a la existencia de un público receptivo a las complejidades intelectuales en el cine.

Dos productores europeos, verdaderos megaempresarios, desempeñaron un rol determinante en el auge del cine italiano en las décadas de 1950 y 1960: Dino De Laurentiis y Carlo Ponti.

Ese auge coincidió con el llamado “milagro económico” que se inicia bajo el gobierno democristiano del primer ministro Alcide de Gasperi, fomentado por el ingreso de Italia al Programa de Recuperación Europea (Plan Marshall), a la Comunidad Económica Europea y a la Organización del Atlántico Norte (OTAN), alianza político-militar paralela al llamado Pacto de Varsovia.

Además de la alta calidad de los realizadores de posguerra (Rossellini, Visconti, De Sica, Fellini), tres factores promovieron el cine italiano a escala internacional: la popularidad de las maggiorattas : Silvana Pampanini, Gina Lollobrigida, Sophia Loren, Claudia Cardinale; de las comedias “a la italiana” ( Divorcio a la italiana , Il sorpasso ) y el sorpresivo resurgimiento del peplum, con Le fatiche di Ercole (1958) protagonizada por el atleta estadounidense Steve Reeves.

Dino (Agostino) De Laurentiis (nacido en Torre Anunziata, cerca de Nápoles; fallecido el 11 de noviembre pasado en Beverly Hills, California, a los 91 años de edad) comenzó su carrera en el cine desde la adolescencia, desempeñando múltiples oficios.

Después de su servicio en la Segunda Guerra Mundial logró su primer éxito mundial como productor (para la Lux Film) con Arroz amarga (1949), filmada en los arrozales del Piamonte (dirigida por Giuseppe di Santis), que dio un giro más comercial al neorrealismo incorporando el elemento erótico, gracias a la sensualidad natural de su protagonista, Silvana Mangano. De Laurentiis y la actriz permanecieron casados durante cuarenta años, hasta la muerte de ésta en 1989.

Otro éxito de la pareja fue Anna (1951), de Alberto Lattuada, en la que la actriz canta (doblada por Flo Sandon) El negro zumbón (de Armando Trovajoli) y Non Dimenticar (de Michele Galdieri y Pier Giorgio Redi).

Una de las primeras películas que produjo De Laurentiis (para la Lux Film) fue El bombero de Viggiú (1949), con el famoso comediante Totó, que es la película proyectada por Philippe Noiret desde la ventana de su cabina de proyección, en la pared del edificio de enfrente, en Nuovo Cinema Paradiso (1988), de Giuseppe Tornatore.

Silvana Mangano  y  Laurentiis permanecieron casados durante cuarenta años.LA PRENSA/ AP

En 1950 De Laurentiis formó con su colega Carlo Ponti (compañero y futuro esposo de Sophia Loren) la Ponti-De Laurentiis (ambos productores medían un metro con sesenta y dos centímetros de estatura), compañía que lanzó internacionalmente a Fellini con La Strada (1954).

La Ponti-De Laurentiis produjo también (con la Paramount) la monumental Guerra y paz (1956), de King Vidor (según Tolstoi), con Audrey Hepburn, rodada en los estudios de Cinecittà (Roma). La sociedad terminó en 1957.

Con su propia productora, Dino de Laurentiis Cinematográfica, Dino (como le gustaba que lo llamaran) produjo, en la época de oro de las coproducciones internacionales, La tempestad (1958), de Lattuada (según Pushkin), filmada en Yugoslavia, con la Mangano y Van Heflin (como Pugachov); Barrabás (1961), de Richard Fleischer, con Anthony Quinn; La Biblia (1966), de John Huston; Barbarella (1968), de Vadim, con Jane Fonda; y Waterloo (1971), del ucraniano Sergei Bondarchuk (coproducida con la Mosfilm), con Rod Steiger como Napoleón, estas cuatro filmadas en los estudios Dinocittá.

De las películas que produjo con el comediante Alberto Sordi destaca Mafioso (1962), de Lattuada, filmada en Sicilia y Nueva York.

La crisis de De Laurentiis en Italia coincide con la crisis político-institucional que azotó al país a partir de 1969, los llamados años del plomo, marcados por el terrorismo (los extremismos de “destra’ y “sinistra”) y la violencia interna.

Por sus conexiones con las grandes productoras de Hollywood, De Laurentiis no tuvo problemas al trasladar su base de operaciones a Estados Unidos, donde algunos de sus fracasos ( Orca, la ballena asesina , 1977; Huracán , 1979) alternaron con filmes memorables: Serpico (1973), de Sydney Lumet (con Al Pacino); Tres días del Cóndor (1975), de Sydney Pollock, con Robert Redford como un agente de la CIA en guerra contra la organización; Ragtime (1981), de Milos Forman (con Howard E. Rollins y el legendario James Cagney); y la surrealista Blue Velvet (1986), de David Lynch, que expone los aspectos sórdidos ocultos en una típica comunidad estadounidense.

Raffaella De Laurentiis produjo para la compañía de su padre, Dino De Laurentiis Company, Conan el bárbaro (1982), de John Milius, con Arnold Schwarzenegger (filmada en Andalucía y Castilla-La Mancha, España), y Dune (1984) de David Lynch, con Kyle McLashlan (filmada en los Estudios Churubusco de México), en la que intervino como actriz su madre, Silvana Mangano.

La Prensa Literaria

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