Mauricio Mendieta Herdocia

La necesaria unidad opositora

Fabio Gadea Mantilla tiene las caracte- rísticas y credenciales necesarias para ser un candidato de unidad. Sin embargo, si quiere ser un candidato unitario tiene que apoyarse en la institucionalidad que requiere una candidatura de esa naturaleza, la cual consiste en establecer con los diferentes partidos políticos que lo puedan apoyar, la estructura y el desarrollo organizacional necesarios, primordiales y hasta determinantes, de la que hablaba mi buen amigo venezolano David Zune, estratega y asesor político de grandes capacidades y particular inteligencia.

Si Fabio continúa permitiendo que Eduardo Montealegre lo siga manejando como su proyecto personal, “el proyecto Gadea” corre no solamente el gran riesgo de no ser un candidato de unidad, sino que la oposición se fragmente ante un eventual surgimiento de otras candidaturas, pues para ser de unidad tiene necesariamente que recibir el apoyo institucional de los partidos y no de grupos y personas únicamente. Debe demostrar independencia y no permitir que su candidatura sea manipulada con propósitos y objetivos absolutamente personales. Nicaragua necesita algo más que una candidatura con intenciones solamente electorales.

Dentro de esta unidad deben de estar obviamente todos los partidos no orteguistas, exceptuando por supuesto por razones conocidas al PLC con Arnoldo Alemán. Aliarse con Alemán significaría la muerte política, porque precisamente él es parte del problema y por lo tanto no puede ser ni factor de unidad ni mucho menos de solución. El PLC sin Alemán es apreciable, pero resulta difícil su emancipación y liberación, tanto por el férreo control que él ejerce sobre el partido, como por la docilidad de su dirigencia.

Aunque ciertos políticos no creen en las encuestas, o mejor dicho, cuando salen bien sí creen y cuando aparecen mal las descalifican, sin embargo, para los que sí les damos crédito por ser valiosas herramientas de análisis y proyecciones estratégicas, comenzar con un piso del 25 por ciento de intención de votos como el de Fabio Gadea es definitivamente una gran fortaleza.

La sugerencia a Fabio de una candidatura nuestra a la Vicepresidencia de parte de la Coalición Democrática, agrupación política a la que pertenezco como persona independiente, lejos de tratar de condicionar la misma a cambio del apoyo que pudiera brindar la Coalición a su candidatura, fue producto de una decisión unánime del Directorio, quienes en una conversación de acercamiento unitario le mencionaron mi nombre. Al contrario de lo tradicional, se sugirió con total transparencia y buena intención, no solapadamente. No se llegó a pedir ni a exigir las odiosas cuotas de participación prebendaria, de tal manera que él está en la absoluta libertad de escoger y designar a quien él considere más oportuno para acompañarlo.

En la verdadera oposición en su conjunto solo tenemos dos alternativas: o actuamos con un genuino y verdadero patriotismo, traducido en una firme voluntad para alcanzar la unidad, alrededor de una plataforma programática que contenga el necesario carácter estratégico a corto, mediano y largo plazos para fundar la República Democrática que nunca hemos tenido, y en un desprendimiento sincero, donde hagamos prevalecer los intereses de la nación sobre los personales y partidarios, o nos convertimos en la práctica ante una falta de unidad efectiva, en verdaderos facilitadores del triunfo del orteguismo.

Esta unidad debe representar no solamente una propuesta distinta y mejor al estatus político actual entrampado por el pacto, sino organizarse, desarrollarse y posicionarse como la alternativa política al pactismo, que tanto daño ha ocasionado, como también ser la expresión del verdadero cambio que la población demanda y la nación reclama. La plataforma programática y las candidaturas que resulten debemos convertirlas en los dos grandes eslabones unitarios.

Los que pensamos distinto a la clase política tradicional que dice lo contrario de lo que piensa y actúa de forma contraria a lo que dice, tenemos la responsabilidad histórica de procurar esta vital unidad, no solamente para establecer la República, sino para realizar las transformaciones sociales que nuestro pueblo requiere.

Debemos necesariamente convertir al pantano séptico de la corrupción, de la mediocridad y la inmoralidad política en un terreno fértil, estableciendo de una vez por todas una nueva forma de hacer política, sustentando principios y valores éticos y morales, y predicando con el ejemplo.

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