PUERTO PRÍNCIPE/AFP/AP/EFE
Pedradas contra los cascos azules, barricadas en los cruces de calles, disparos y gases lacrimógenes: las escenas de guerrilla urbana se multiplicaron ayer en el centro de Puerto Príncipe, donde los manifestantes reprochaban a la ONU haber introducido el cólera en Haití.
- La Organización Panamericana de la Salud (OPS) pidió ayer a los haitianos que ayuden para que los episodios de violencia no impidan a los profesionales de la Salud cumplir su labor y evitar así más muertes a causa del cólera.
La representación de la OPS ha recibido informes de víctimas del cólera que mueren en la calle, porque no pudieron llegar a tiempo a los establecimientos de Salud debido a las protestas.
El Ministerio de Salud de Haití ha notificado 18,382 hospitalizados y 1,110 muertes debidas al cólera en todo el país.
Los expertos de la OPS prevén que habrá unos 200,000 casos entre los próximos 6 y 12 meses.
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En medio de un calor sofocante, y gritando en creole “la Minustah trajo el cólera”, unos 150 jóvenes se reunieron en el centro de la capital para pedir a la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah) que abandone el país, en plena psicosis por el desarrollo de la epidemia.
Desde el comienzo de la manifestación, los participantes arrojaron piedras, que se encuentran por todas partes desde el sismo del 12 de enero, contra una decena escasa de cascos azules brasileños que pasaban a bordo de una camioneta blanca de la ONU.
Bajo una lluvia de piedras, los militares encaraban a los manifestantes que los rodeaban. En vano. De modo que haciendo chirriar los neumáticos partían a toda velocidad.
Los manifestantes, que corrían por las calles, en pocos minutos se transformaban en varios cientos. Algunos llevaban pasamontañas. Decían que querían llegar a la base de la Minustah en Gourdon. En una calle que sale del centro fueron detenidos por militares no identificados.
Hubo disparos que no se sabe de dónde provenían. Más lejos, gases lacrimógenos lanzados por otros militares dispersaron a los manifestantes que se volvieron a juntar después en la plaza de Campo de Marte, ante el Palacio presidencial en ruinas.
“La ONU vino aquí para matar, para envenenarnos”, gritó Alexis Clérius, un agricultor de 40 años, mientras levantaba una barricada en medio de la plaza. “Revolución social”, gritaban sus amigos bajo un sol inclemente.
Un joven llevaba una cruz de madera sobre la que colocó una enorme fotografía de un casco azul. Estudiantes que protestaban contra el partido Unidad, del presidente René Préval, se unieron a los manifestantes con un ataúd de madera con los colores del partido. Quemaron neumáticos y el ataúd mientras proferían gritos de alegría.
Luego levantaron los baños de plástico instalados por la ONG Acción contra el Hambre y los tiraron a la calle.
Los enfrentamientos duraron varias horas en medio del campo de desplazados, donde miles de haitianos viven en tiendas de campaña. De un lado, los jóvenes que tiraban piedras. Del otro, blindados de la ONU que lanzaban gases lacrimógenos bajo la mirada perdida de las familias que allí viven.
Una mujer en lágrimas, que no tenía nada que ver con los enfrentamientos, se vaciaba un cubo de agua en la cara para contrarrestar los efectos de los gases.
Otra observaba a los jóvenes. “Deberían ayudarnos a luchar contra la enfermedad limpiando el campo, en lugar de crearnos nuevos problemas”, opinó Marta Joseph, de 22 años.
La creciente protesta en Haití sucede una semana antes de las elecciones generales.
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