El gorilismo del siglo XXI

En Nicaragua, la amenaza verbal más grave contra la democracia la ha proferido un antiguo comandante de la revolución sandinista del siglo pasado. En Venezuela, en cambio, la misma amenaza la ha hecho un vigoroso y activo general del Ejército, al que como premio por su barbarie antidemocrática lo ascendieron al máximo cargo en la fuerza armada venezolana.

En Nicaragua, Tomás Borge, quien fuera el titular del temible instrumento de represión de la dictadura sandinista de los años ochenta, el Ministerio del Interior (Mint), declaró el 26 de julio del año pasado a Telesur que el Frente Sandinista no volverá a entregar el poder “a la derecha”. La grabación de esa siniestra advertencia es difundida a diario por Radio Corporación, para que la gente sepa a qué atenerse y luego nadie diga que no fue advertido a tiempo.

En Venezuela, el mayor general del Ejército, Henry Rangel Silva, jefe del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Bolivariana, aseguró la semana pasada que el Ejército no permitirá que se entregue el poder a la oposición democrática, si ésta gana las elecciones del próximo año. Esta grave amenaza del alto jefe militar venezolano contra la democracia venezolana, fue rechazada públicamente por el secretario general de la OEA, el socialista chileno José Miguel Insulza.

“Yo no opino sobre cosas que dicen altos funcionarios —dijo Insulza ante las siniestras amenazas del jefe militar venezolano—, pero en este caso hago una excepción porque es muy grave”. Y agregó: “Que un comandante del Ejército amenace con una insubordinación a priori me parece inaceptable. Correspondería a la autoridad civil que hoy en día hay en Venezuela, corregir eso”.

Ciertamente, la amenaza del general Rangel atenta contra la Constitución de Venezuela, la cual establece en su artículo 5 que la soberanía nacional reside en el pueblo y que nadie puede arrogarse su representación; el artículo 328 señala que la Fuerza Armada es una institución esencialmente profesional y apolítica; y el artículo 330 consigna que los militares tienen derecho a votar en las elecciones, pero no pueden optar a cargos de elección popular, “ni participar en actos de propaganda, militancia o proselitismo político”.

De manera que el general Rangel Silva se hizo acreedor a destitución, juicio y condena judicial por su flagrante delito contra la Constitución. Sin embargo, lo que hizo el presidente Hugo Chávez fue insultar públicamente —otra vez— al secretario general de la OEA, ascender al general insubordinado contra la Constitución y condecorarlo como “héroe” de la revolución bolivariana, cual es la denominación oficial de la revolución comunista de viejo tipo que se está impulsando en Venezuela y tratando de exportar por medio del Alba a otros países de América Latina, con el nombre de “socialismo del siglo XXI”.

Pero también en Bolivia, que forma parte del Alba y donde impera otro régimen populista de izquierda como el de Venezuela, el comandante en jefe del Ejército, general Antonio Cueto, proclamó el recién pasado domingo 14 de noviembre que la fuerza armada boliviana es socialista y antiimperialista, y la puso al servicio de la revolución que lidera el presidente Evo Morales con su partido político, el Movimiento al Socialismo (MAS).

En realidad, lo que está ocurriendo en los países que han caído bajo la dominación del populismo izquierdista y forman parte de la alianza Alba que encabeza Hugo Chávez, es un retorno al gorilismo que imperó funestamente en la región durante gran parte del siglo XX. La diferencia es que el gorilismo del siglo pasado era derechista y el de ahora es o se dice izquierdista, pero la brutalidad militarista, el odio a la libertad, el menosprecio de la democracia y la disposición represiva son las mismas que las de aquellos tiempos.

Nicaragua también forma parte del Alba e igualmente está dominada por un arbitrario gobernante populista que se dice de izquierda, igual que los de Venezuela y Bolivia. Pero, ¿se alinearán también en la corriente del gorilismo del siglo XXI los militares nicaragüenses, quienes durante los 16 años de gobiernos democráticos avanzaron admirablemente en su profesionalismo e institucionalidad, y se ganaron por eso el respeto de prácticamente todos los nicaragüenses? Esperamos que no, quisiéramos que en vez de retroceder a la condición de fuerza armada de Daniel Ortega y el FSLN, sigan avanzando honrosamente como el Ejército de Nicaragua, de todos los nicaragüenses.

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