Managua y San José
Nicaragua puede aprovechar la acusación de Costa Rica, por supuestos daños a un sitio Ramsar, para demostrar cuál es el verdadero país que realiza actividades en detrimento del medio ambiente. Así lo aseguró el ex director de Áreas Protegidas del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), Milton Camacho.
En su urgencia por hacerse de Harbour Head, la zona más remota del sureste de Nicaragua, Costa Rica envió una carta a la Convención Internacional sobre Humedales Ramsar, en la que se queja de la limpieza que realiza el Gobierno nicaragüense en río San Juan.
Costa Rica denunció a Nicaragua por dragar el río San Juan, que es considerado sitio Ramsar, además de depositar sedimentos en la zona y talar árboles. Esta queja, sin embargo, puede ser fácilmente rebatida por Nicaragua, según Camacho, por varias razones.
La primera de éstas es que Nicaragua está dragando porque necesita limpiar los sedimentos que Costa Rica deposita permanentemente en río San Juan, desde que hizo desaparecer sus bosques por plantaciones industriales.
Una segunda razón consiste en que Costa Rica sí amenaza al río San Juan al promover el proyecto Las Crucitas, una mina a cielo abierto.
Otra razón es que Nicaragua simplemente está restableciendo un ecosistema que fue transformado por Costa Rica cuando decidió desviar las aguas del río San Juan hacia el cauce del río Colorado.
La acusación de Costa Rica podría perder más valor si se toma en cuenta que los humedales de importancia internacional, denominados Sitios Ramsar, pueden ser transformados e incluso creados de forma artificial, siempre que beneficien la flora y fauna del planeta.
En el caso de Nicaragua, la esperanza en términos ambientales es recuperar los ecosistemas de especies tradicionales de la zona, como el pez sierra, el tiburón que habita en el Gran Lago de Nicaragua y el manatí, así como proteger a la lapa verde, cuyo único alimento es el almendro, un árbol cuya madera es codiciada en Costa Rica, a pesar de que su ausencia amenaza la existencia de este guacamayo.
La ministra del Ambiente, Juana Argeñal, aseguró que en la zona únicamente se está quitando maleza, sedimentos, troncos, y que el estudio de impacto ambiental deja claro que, si bien hay una transformación de la naturaleza, al final habrá un beneficio para la flora y la fauna, porque tendrán un río más limpio y caudaloso. Argeñal comentó que Costa Rica, en vez de quejarse, debería estar agradecida con Nicaragua.
“Nicaragua le ha dado oxígeno, cosecha de agua a Costa Rica… le ha dado a Costa Rica, a Centroamérica, a América Latina, la sustentabilidad ambiental, cumple una función reguladora entre América del Norte y América del Sur, es una zona de humedales, de muchos espejos de agua”, añadió la ministra.
Camacho expresó que “lógicamente que en una intervención hay un impacto, pero para eso se hace un estudio de impacto ambiental, para minimizar los daños”. En un comunicado la Comisión Nacional de Enlace, de Costa Rica, recordó que la zona fronteriza ha estado históricamente abandonada por los dos países, cuya ausencia de institucionalidad estatal —dice— ha permitido operación del narcotráfico.
“Es muy interesante que el Gobierno de Costa Rica, que no se ha preocupado de las posibles consecuencias ambientales en el lado nicaragüense por la operación de la empresa minera canadiense Infinito Gold (Crucitas), ahora resultó un abanderado ambiental frente al dragado del río San Juan”, señala.
Costa Rica aseguró a la Convención Ramsar que dicho estudio no existe, pero una copia de este documento en poder de LA PRENSA confirma que los costarricenses realmente no están interesados en defender el medio ambiente, sino en otros objetivos.
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