LA HABANA/AFP
El programa de reformas que impulsa el presidente cubano Raúl Castro está “pidiendo a gritos” un “cambio de mentalidad” en los cubanos para poder propiciar un despegue económico, advirtió ayer el diario oficial Granma.
- El vicepresidente y canciller de Panamá, Juan Carlos Varela, apoyó ayer en La Habana los cambios económicos emprendidos por el presidente Raúl Castro y manifestó que su país quiere ser un facilitador y un embajador de ese proceso ante el mundo.
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El proyecto, que será debatido en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) en abril, “nos está pidiendo a gritos un cambio de mentalidad a todos los niveles, desde los dirigentes políticos y cuadros administrativos hasta el pueblo trabajador”, subrayó un artículo de Granma.
El Gobierno propone en el documento una serie de medidas de apertura al capital extranjero y al trabajo privado, y prevé la formación de pequeñas empresas privadas en la producción y los servicios.
El programa coloca a la eficiencia en el centro de la gestión económica, prevé la eliminación de subsidios, incluida la canasta básica, y contempla la aplicación de un fuerte sistema tributario, en un país donde la población está acostumbrada al paternalismo estatal y a no pagar impuestos.
El texto, distribuido profusamente, debe ser discutido no solo en las instancias del PCC, sino también en los centros laborales y de estudios, así como en el marco de las organizaciones de vecinos, en un proceso que inicia el 1 de diciembre y concluye el 28 de febrero.
Granma exhortó a un debate “a camisa quitada” inmunizado contra “los mítines formales y las consignas”, que han prevalecido durante medio siglo de revolución.
La disidencia moderada, agrupada en la plataforma Nuevo País, estimó “altamente beneficioso para la sociedad” que el programa de reformas sea discutido “con todos los ciudadanos”, y ofreció una hoja de ruta a sus partidarios para tratar de incluirlos en el proyecto.
En otros sectores de la oposición, la bloguera Yoani Sánchez reconoció que el texto “carece de ese lenguaje de barricada que lo resuelve todo a base de consignas”, pero “peca de ser el edulcorado listado de lo que podría llevarse a cabo si el sistema realmente funcionara”.
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