En esta misma edición de LA PRENSA, publicamos en la sección de artículos de opinión un escrito del ex Presidente costarricense y Premio Nobel de la Paz 1987, Oscar Arias Sánchez, en el cual este fija su posición ante la disputa entre Nicaragua y Costa Rica por el recurrente problema del río San Juan. Es un artículo que a nuestro juicio debe ser conocido por los lectores de LA PRENSA, para mayor profundización en el asunto que más atrae la atención actualmente en ambos países.
Por supuesto que, igual que ocurre con todos los artículos de opinión firmados por sus autores que se publican habitualmente en LA PRENSA, la publicación del escrito del expresidente Arias no significa que compartamos sus criterios y su posición sobre el conflicto entre Nicaragua y Costa Rica. En realidad, como es muy bien sabido pero es útil repetirlo, nuestra opinión se expresa únicamente por medio del comentario editorial, sin perjuicio de que en algunos casos podemos coincidir y en otros discrepar con las opiniones que se publican en estas páginas, las cuales son una tribuna de la libertad y la diversidad de opinión que es esencial en una institución genuinamente democrática como es LA PRENSA.
En el caso del diferendo entre Nicaragua y Costa Rica, ante todo partimos del criterio de que, igual que todos los conflictos internacionales, este sólo se puede resolver de manera pacífica, mediante la negociación diplomática y el acuerdo político, o mediante resolución del organismo internacional competente. Lo cual implica discutir ampliamente las distintas opiniones, contrastar los diversos argumentos, confiar en la palabra como el único medio válido para resolver las disputas entre las personas y las naciones, en sustitución del anacrónico y funesto procedimiento de la violencia y la guerra.
Y en lo que se refiere específicamente al escrito del ex presidente costarricense Oscar Arias, debemos señalar que compartimos su opinión de que Daniel Ortega está violando la soberanía del pueblo de Nicaragua al devastar la institucionalidad democrática, al irrespetar la separación e independencia de los poderes públicos, al atropellar las libertades políticas de los nicaragüenses y desconocer el mandato constitucional que le prohíbe expresamente volver a reelegirse. Todo esto lo hemos denunciado de manera clara y sistemática aún en la compleja situación creada por el conflicto con Costa Rica. Pero discrepamos de la aseveración del ex presidente Arias, de que el Gobierno de Nicaragua está modificando por vías de hecho la frontera con Costa Rica; y que la presencia de militares nicaragüenses en Harbour Head —que los costarricenses llaman Isla Calero—, es una agresión y una invasión de territorio costarricense.
Para todos los nicaragüenses, no sólo para Daniel Ortega, Harbour Head es parte inalienable del territorio nicaragüense. Así se desprende inequívocamente del Tratado Jerez-Cañas, del 15 de abril de 1858; del Laudo Cleveland, del 22 de marzo de 1888; de los Laudos Alexander, de 1897 1898; y, finalmente, de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia dictada el 13 de julio de 2009. En todo caso, si Costa Rica tiene otra percepción y pretensión sobre la demarcación fronteriza en la zona de Harbour Head, debe recurrir a la negociación bilateral o apelar al órgano internacional que tiene competencia en este asunto, o sea la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Pero el gobierno costarricense, tratando de darle al problema un sentido de agresión extranjera a Costa Rica, lo ha planteado en la OEA que es un órgano estrictamente político. Y esto es un error que evidentemente comparte en su artículo el ex presidente Arias, al pedirle a su gobierno que traslade el problema al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como si de un casus belli o situación de guerra se tratara.
Sin duda que el Gobierno de Nicaragua, como el de Costa Rica también ha cometido graves errores en el manejo de esta situación. Tales son los casos de poner a un militar y no a una persona técnicamente competente al frente del dragado del río San Juan, el desconocimiento de la resolución de la OEA y la amenaza de retirarse de este organismo, la acusación a gobiernos amigos de estar al servicio del narcotráfico, y la manipulación política del diferendo con Costa Rica en favor de la pretensión reeleccionista de Daniel Ortega.
Pero la solución de este conflicto sólo se puede encontrar en las negociaciones bilaterales o recurriendo al instrumento internacional apropiado, que es el Tribunal de La Haya, de acuerdo con el derecho internacional y en base del Tratado Jerez-Cañas, los Laudos de Cleveland y de Alexander, y la sentencia de la Corte Internacional de Justicia.
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