La líder opositora y Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, defendió ayer la libertad de expresión, en su primer mitin político al día siguiente de finalizar su reclusión en Birmania. LA PRENSA/AFP/SOE THAN WIN

Nobel de la Paz vuelve al tablero político

La disidente birmana y también Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, regresó ayer a la arena política, con un llamamiento a la unidad de las fuerzas democráticas de Birmania, en un discurso pronunciado en la sede de su partido al día siguiente de su liberación.

RANGÚN/AFP

La disidente birmana y también Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, regresó ayer a la arena política, con un llamamiento a la unidad de las fuerzas democráticas de Birmania, en un discurso pronunciado en la sede de su partido al día siguiente de su liberación.

Al dirigirse a sus compañeros de la Liga Nacional para la Democracia (LND) y a miles de seguidores reunidos para ver cómo asumía de nuevo el liderazgo contra el régimen militar, Suu Kyi reivindicó su lugar en el tablero político.

“Quiero trabajar con todas las fuerzas democráticas”, declaró. “No guardo ningún rencor a aquéllos que me detuvieron. Creo en los derechos humanos y en el imperio de la ley”, afirmó la opositora, ataviada con un vestido tradicional azul marino.

“La democracia es la libertad de expresión”, insistió. “Necesito la energía del pueblo (…). Quiero oír la voz del pueblo y, luego, decidiremos lo que queremos hacer”, dijo.

El breve baño de multitudes del sábado por la noche, cuando apareció radiante ante la verja de su vieja casa familiar de Rangún, se prolongó este domingo en la sede de la LND, donde la esperaban miles de seguidores entusiastas.

Nada más salir del coche se abrió paso hasta el cuartel general del partido, con el que entró en política hace dos décadas. Acto seguido, se cerraron las puertas y la disidente se reunió con diplomáticos extranjeros.

“Estoy a favor de la reconciliación nacional. Estoy a favor del diálogo y, sea cual sea mi autoridad, quiero utilizarla para este fin”, agregó Suu Kyi.

“Espero que lo que hago para este país no sólo esté fundado en la autoridad moral, me gustaría pensar que formo parte (…) de un movimiento eficaz”, concluyó.

LIBRE PARA LA POLÍTICA

Muchos dudan que la junta militar en el poder le permita implicarse en actividades políticas y se interrogan sobre los límites que le va a imponer, pero el abogado de Suu Kyi, Nyan Win, confirmó a la AFP que su liberación era incondicional.

“No había ninguna condición para su liberación. Está completamente libre” y “es muy feliz”, declaró.

Un responsable birmano ya había asegurado el sábado que no se regateó su liberación, con lo que respondía a una de las inquietudes de la comunidad internacional.

SUS POSIBILIDADES

Muchas son las expectativas que carga sobre sus hombros Aung San Suu Kyi, una carismática mujer de 65 años de complexión delgada, pero con un aguante psicológico a toda prueba.

Pero aunque sus partidarios siguen depositando en ella sus esperanzas democráticas, la hija del general Aung San, figura venerada de la independencia birmana, está debilitada frente a una junta más poderosa que nunca.

La junta disolvió la LND, que boicoteó las elecciones legislativas del pasado domingo, dejando a la oposición democrática a su merced. Algunos directivos del partido se fueron de él y crearon la Fuerza Democrática Nacional (NDF) para poder participar en los comicios.

“Según lo que he oído decir, hay muchas preguntas sobre la regularidad del escrutinio y hay muchos alegatos respecto a los fraudes”, declaró Suu Kyi en una entrevista a la BBC.

La disidente anunció que una comisión de la LND abriría una investigación sobre las quejas y presentaría un informe.

Las próximas semanas serán esenciales para ver si su llamamiento a la unidad se cristaliza, o por el contrario la fractura es demasiado profunda.

Aung San Suu Kyi, que pasó casi 15 de los últimos 21 años privada de libertad, también tendrá que familiarizarse con un país sobre el que no sabe nada desde 2003. Su liberación provocó el sábado un alivio emotivo, pero prudente en la comunidad internacional. Numerosos países instaron a la junta a dejar en libertad a los otros 2,200 prisioneros políticos eclipsados desde hace años por el aura de la Nobel de la Paz.

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