Joaquín Absalón Pastora
Vuelve a embelesar la riqueza melódica, melancólica y sensible del dramaturgo italiano, Giacomo Puccini (1858-1924). Retorna porque ya de él se puso en el Teatro Nacional Rubén Darío, dentro de las consideradas como modelos de su celebridad creadora, el canto sensual de La Bohemia , dotados sus actos de diligente y fuerte emoción y de un lirismo patético relacionado con el final irreversible de la muerte..
Y si reaparece Puccini a darnos Tosca (1900), impacta otra vez el verismo, sobre cuyo significado cabe ser explícito para ubicar certeramente la personalidad que cupo en el italiano, respecto del proceso evolutivo de las formas de presentar tanto el argumento como la música en la ópera italiana.
Para reflejarlo mejor se debe ir con paso regresivo a sus antecedentes, a la raíz donde fecundó su estilo, a las influencias que alentaron y modificaron su “modo de ser” de salirse de los personajes legendarios, de los héroes mitológicos para introducirse en la existencia de “carne y hueso”, en el rito cotidiano de la vida real, en el contexto de donde de las trivialidades, emergen los grandes dramas.
Debe decirse del autor de Tosca , de La Bohemia , de Madama Butterfly , de Manon Lescaut, por citar algunos de sus obeliscos, que es el heredero, el sucesor en gloria de Giuseppe Verdi. Nada igual en el transitar de mucho camino por cuanto en la medida en que va siendo más fluida la firmeza de criterio, diseña su propia imagen de verista. De autor y reconstructor del melodrama realista.
Su flexibilidad melódica es irrebatible, la hace seductora una paciencia irreprochable y laboriosa. Por algo y por mucho la diafanidad tímbrica de sus notas, justificó un término que lo separa de los demás de su tiempo: “La música Pucciniana”. Él tiene registrado su apellido para representarse él mismo y evidenciar oyéndolo que por las venas de su melodía, corrió siempre sin que ninguna otra la mezclara, la sangre “pucciniana” con el mismo color para que el diletante diga con solo parar las orejas en los primeros compases: ése no puede ser otro, ese es Puccini. Puede apreciarse en la estructura compositiva, su espontaneidad. Y otra particularidad definitoria: poner a las mujeres como protagonistas de sus temas, patente con solo ver el título de algunas de sus obras, las más notables: Tosca , Madama Butterfly . Cómo no tener presente el derrumbe de la japonesita cuando decide excluirse de la vida por la vía del filo atroz, como tampoco olvidar la caída de Mimi en los brazos de Rodolfo en La Bohemia y el alarido del tenor: Mimí, Mimí cuando ya todo estaba consumado..
Decía que tuvo antecesores que lo inspiraron en su tesis realista. No escapan y son ejemplos de influencia: Bellini, Donizetti y Verdi, palmario este último, por haber visto en la última década del siglo XX, nuevos temas tomados aparecidos en la literatura realista del tiempo en el cual Ëmile Zola se inclinaba por presentar a la humanidad con todas sus sombras, sus desgracias, con una crudeza que no fuese capaz de incidir en el escamoteo.
Otros cultivaron el verismo pero con poca relevancia o acaso con una mención inferior en la directriz de presentar a la vida en el lado oscuro de sus esquinas. Un ejemplo de verismo poco mencionado (podría ser uno malo de esa escuela) es Humberto Giordano (1867-1948) quien pone al adulterio con no disimulada reiteración, teniendo como sede y crimen los fondos de baja laya de Nápoles.
Puccini tomó el sendero de la reflexión sobre esas asperezas y se fue (lo vamos a señalar en Tosca , programada para verse en este noviembre en el Teatro Nacional Rubén Darío) por la ambientación histórica y por la versión constructiva en el afán liberador que hubo un siglo antes de que esta ópera naciera en Italia… Totalizada en tres actos tiene ribetes políticos y lleva una misión enaltecedora que toca e implora el corazón de la solidaridad en la lucha por lograr la felicidad italiana. Y si no veamos el viraje que Puccini le da al verismo en esta escena de Tosca : El correo trae la noticia de que Bonaparte ha ganado la batalla de Marengo. El pintor Mario Cavaradossi canta el triunfo de la Italia libre y maldice a todos los tiranos. Se lo llevan a prisión y se oyen los tambores de ejecución. El pintor solo ha vivido para el arte y el amor. Los soldados cumplen con su deber. El, vestido de patriota, ella precipitada en el abismo. ¿Hay aquí un mensaje o no?
Antes del mutuo desenlace los amantes recuerdan las veces que se reunían bajo la luz de las estrellas y cantan el episodio más sentido y admirado de esta obra: “El cielo resplandecía de estrellas”.
Hay que recordar y no con aislado énfasis que a partir del 2006 se dio el resurgimiento de la ópera en Nicaragua. Buscando los ángulos plácidos de la remembranza, valoro la ruptura del hielo con el canto lírico. Después de muchos años de ausencia de ella, afloró Carmen de Bizet y luego siguieron La Traviata de Verdi, Don Giovanni de Mozart y otras escapadas de la frágil retentiva, todas embellecidas por la pluralidad de ambientes, lo cual constituye un portento cultural dentro de las limitaciones, un esfuerzo para el cual se requiere la unificación de varias culturas.
Ahora con Tosca el sueño vuelve a cuajar teniendo como motor a varias instituciones en la unificación de varias culturas, entre ellas la Fundación del Festival Pucciniano de Italia, la cual facilitó los elementos indispensables para que el espectáculo pudiera contar con la escenografía, el concepto original, la traslación física a la época en el drama, en el color, en las luces, en el enfoque de utilería. Desde hace muchos años La Camerata Bach dirigida por el loable Ramón Rodríguez, ha jugado un papel preponderante, protagónico en estos empeños. En esta oportunidad cuenta con aliados latinoamericanos y europeos en la instrumentación de una orquesta plena que debe reunir todos los requisitos en el foso para acompañar con los temas musicales a los personajes en su desenvoltura en el escenario principal en el cual también trascenderán las voces nicaragüenses, soprano y tenor. Coros (20 hombres, 20 mujeres, 10 niños y más de 40 ejecutantes). Toda una suma de factores para lograr una correcta e integral interpretación.
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