Desesperados y cubiertos de cenizas muchos indonesios lograron escapar de las aldeas y refugios que fueron alcanzados por la más reciente erupción del monte Merapi. LA PRENSA/AP/STK

Éxodo y pánico por erupción del Merapi

El mortífero Monte Merapi tuvo el miércoles la erupción más grande de su actual período de inestabilidad y lanzó nubes de ceniza hirviente varios kilómetros al aire, mientras los soldados evacuaban a más pobladores de la zona e incluso a los habitantes desplazados días atrás.

MONTE MERAPI, INDONESIA / AP y EFE

El mortífero Monte Merapi tuvo el miércoles la erupción más grande de su actual período de inestabilidad y lanzó nubes de ceniza hirviente varios kilómetros al aire, mientras los soldados evacuaban a más pobladores de la zona e incluso a los habitantes desplazados días atrás.

La explosiva erupción duró más de una hora. Los desplazados del campamento Umbulhardjo gritaban y los niños lloraban al ver cómo el volcán despedía lava y cenizas al cielo y por sus laderas.

“Ésta es una erupción extraordinaria, el triple de la primera erupción” del 26 de octubre, dijo el vulcanólogo oficial Surono.

El Gobierno amplió la zona de peligro de 10 a 15 kilómetros, mientras el nuevo estallido ponía en peligro zonas que hasta ahora no habían sido evacuadas y los campamentos de refugiados que estaban dentro de ese perímetro.

“Ésta ha sido la primera vez que la erupción se ha prolongado por más de una hora, por lo que decidí mover los centros de evacuados a 15 kilómetros del volcán, en vez de los 10 kilómetros que teníamos”, anunció Surono, por la televisión.

El vulcanólogo Subandriyo indicó por su parte que la nube caliente llegó más lejos que otras veces, a los nueve kilómetros de distancia, porque muchas de las casas y los obstáculos naturales, como los árboles, han sido calcinados.

Habitantes que habían sido desplazados cuando la montaña comenzó a erupcionar la semana pasada, debieron partir de nuevo hacia zonas más seguras. Los soldados los trasladaban en camiones desde el campamento, a 10 kilómetros del cráter, a la población de Wukirsari, a unos 15 kilómetros.

“No pensé en nada más que salvar a mi mujer y mi hijo. Dejamos la casa y todo”, dijo Tentrem Wahono, de 50 años, residente de Kaliurang, a unos 10 kilómetros del cráter. Mientras los tres huían en una motocicleta, relató, “Corríamos entre sonidos de explosiones y la ceniza incandescente nos perseguía desde atrás”.

A pesar del peligro, algunos indonesios que habitan junto al Merapi abandonan de madrugada los centros de evacuados para atender sus cultivos, alimentar los animales que crían o simplemente para asegurarse que su hogar sigue en pie.

Muchos de los que se encontraban en la zona de peligro escaparon de la muerte bajo las cenizas a bordo de motocicletas.

No había reportes inmediatos de nuevas víctimas. La mayoría de las 38 muertes hasta ahora ocurrieron el primer día de las erupciones.

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