El compromiso de Rousseff con la libertad

En su primera declaración pública después de ganar la elección presidencial del domingo pasado, la oficialista candidata de izquierda y ahora presidenta electa de Brasil, Dilma Rousseff, se comprometió a respetar incondicionalmente la libertad de prensa, asegurando que “prefiere el ruido de la prensa libre que el silencio de las dictaduras”.

Es muy importante que la presidenta electa de Brasil asuma públicamente este compromiso con la libertad de prensa, ya que en septiembre pasado, durante uno de los grandes mítines de su campaña electoral en San Pablo, estando junto a ella el presidente Lula da Silva, este arremetió en forma virulenta contra los medios de comunicación independientes. La furia de Lula era motivada por las denuncias e informaciones sobre corrupción en su gobierno, particularmente un caso de tráfico de influencia en el que estaba involucrada una ahora ex ministra muy cercana a Dilma Rousseff. Además, el oficialista Partido de los Trabajadores, o sea la organización política en la que militan Lula y Rousseff, convocó a empleados públicos y miembros de organizaciones de masas progubernamentales, como la Central Única de Trabajadores, la Unión Nacional de Estudiantes y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, a manifestarse en la calle contra los principales medios de comunicación independientes y el Sindicato de Periodistas de San Pablo. Recurriendo a la absurda y mendaz acusación de que los medios de comunicación independientes practican un “periodismo golpista”, los partidarios de Lula y Rousseff pretendían atemorizar a los periodistas y obligar a los medios a abstenerse de publicar informaciones y denuncias sobre la corrupción gubernamental.

De manera que ante la inminente victoria electoral de la candidata oficialista Rousseff, y debido a sus antecedentes como militante izquierdista más radical que Lula, aquellos ataques gubernamentales contra la libertad de prensa y los medios de comunicación independientes generaron temor de que el próximo gobierno podría alinearse con la izquierda autoritaria y represiva latinoamericana que representa Hugo Chávez. Al respecto, Sergio Guerra, presidente del Partido de la Social Democracia de Brasil, principal de oposición, llamó la atención a que Lula y sus partidarios “no se sorprenden por la corrupción. Se quejan de las noticias que revelan la corrupción”. Por su parte el candidato presidencial de la oposición, José Serra, condenó la arremetida de Lula y sus partidarios contra los medios de comunicación independientes y advirtió que “la prensa no puede dejarse presionar por el gobierno, que está queriendo chantajearla”. En tanto que la Asociación Nacional de Diarios y la Orden de Abogados de Brasil rechazaron en términos muy enérgicos los ataques del presidente Lula contra la libertad de prensa y las acciones intimidatorias de sus partidarios contra los medios de comunicación independientes.

Ante la gravedad de las amenazas de Lula y del oficialista Partido de los Trabajadores contra la libertad de información, el presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Alejandro Aguirre, emitió una declaración en la cual señaló: “Vemos (en Brasil) un gobierno con deseo de seguir los pasos de otros gobiernos en América Latina, donde se desarrollan actitudes muy fuertes contra medios que quieren mantener una línea independiente, que no siguen la línea del Estado, con reacciones negativas por parte del gobernante. Es el caso de Hugo Chávez, en Venezuela, y de la presidenta de la Argentina, Cristina Kirchner. Es algo peligroso. Es definitivamente un caso de mucha preocupación”, aseguró el periodista norteamericano de origen nicaragüense que preside actualmente la SIP.

Cabe reconocer que la señora Roussef, quien estaba al lado del presidente Lula cuando este arremetió contra la libertad de prensa y pertenece al gubernamental Partido de los Trabajadores que convocó a las movilizaciones oficialistas contra los medios de comunicación independientes, no avaló las amenazas de su padrino político, aunque tampoco las contradijo. Pero ahora, como presidenta electa de Brasil, ella ha puesto en primer plano su compromiso de respetar incondicionalmente la libertad de prensa.

En realidad, la misma experiencia brasileña ha demostrado que, si se quiere, se puede gobernar desde la izquierda sin atentar contra las instituciones de la democracia; que es posible ejecutar exitosamente programas gubernamentales de justicia social, respetando la libertad de prensa y demás libertades humanas y derechos ciudadanos. Además, sería absurdo que los gobernantes de un gran país occidental con pretensiones de convertirse en potencia mundial, cual es el caso de Brasil, se comportaran igual que mandamases primitivos y anacrónicos como los de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

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