LA PRENSA/ AGENCIA

Enterrados vivos

Por Ariel Montoya   (A los 33 mineros rescatados de la mina San José en el desierto chileno de Atacama) Vivieron a la zozobra, el cielo del mundo acarició sus desbocadas frentes tras el desmesurado insomnio.   Descendieron a la vida y al amor con la Cruz de la Unidad a cuestas mutando mariposas salvables […]

Por Ariel Montoya

 

(A los 33 mineros rescatados de la mina San José en el desierto chileno de Atacama)

Vivieron a la zozobra, el cielo del mundo acarició sus desbocadas frentes tras el desmesurado insomnio.

 

Descendieron a la vida y al amor con la Cruz de la Unidad a cuestas

mutando mariposas salvables en las plantaciones de la eximida defunción

para que la luz volviera

 

como de un obsceno cuento pavoroso y palpable a sus destinos

ahora fondeados por la iluminación y la gloria.

 

Debió ser frágil y obcecada la niebla taciturna;

rabiosa la estéril mañana —mientras afuera la Tierra ofrecía sus

pálidas lámparas de asombro—;

abolida la primavera

 

cuando al pronóstico lo tentaban impuros martillazos de angustia;

triste el desvelo cuando en las costillas de la madrugada

anidaban detestables murallas de encierro y desolación. Nunca tanta médula

humana

 

estuvo más al tanto de las señales auspiciosas que cantaran simuladas victorias

cuando la intemperie y la ira golpeaban corazones de madres, mujeres, hijos, amigos

Gobernante y misioneros, no quitando los ojos del yacimiento,como si el milagro en ebullición no fuese jamás a engendrarse.

Nunca tanta multitud global

 

deambuló por periódicos y satélites prodigando el rescate luminoso del gran día,

el magno acontecimiento esperado entre casas de campaña, baños químicos y

desvaríos sobre la acechanza de la muerte y la tempestad de la vida en tantos

rostros curtidos mientras,abajo,

 

ustedes Enterrados bajo Tierra como atronadoramente anuncia CNN en sus televisoras,

despeñados en la caverna mineral bajo la térmica, fluctuante intemperie del desierto chileno, derrotaban con su ejemplo

la siniestra predicción de que los pobres no generan respuestas corporativas inmediatas

como cuando a un rico le sobreviene algo.

 

Después vendrá el recuerdo de la lúgubre gruta testimoniando el oficio de la existencia,

del vacío de aquel recinto habitado por la vergüenza de unos ángeles custodios previéndoles el amanecer,

 

¿entre la roca baldía, y la pretensión de volver a morder frutas y pechos allá afuera?

del actuar de duendes indolentes que los arrastraron hasta esa ruinosa orgía del desencanto,

de la empotrada empatía colectiva junto a un Dios con vocación de eterno que no abandona, que ha ascendido con ustedes desde esa apagada hoguera donde la muerte no supo encontrarlos.

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