Ayer 26 de octubre se celebró el Día del Médico en Nicaragua, que se ha venido celebrando desde el 25 de enero de 1950, según el Acuerdo Presidencial 111 que fue publicado en La Gaceta No. 37 del 20 de febrero de ese año. Mediante ese Acuerdo fue creado el Día del Médico y se “escoge para ese día la fecha del 26 de octubre de cada año en el cual se conmemora el nacimiento del sabio maestro doctor Luis H. Debayle, fundador de la Cirugía en Nicaragua”.
Al doctor Luis H. Debayle su coetáneo y coterráneo Mariano Barreto (1856-1927) lo retrató en estas líneas: “Inteligencia precoz, viveza de espíritu y actividad infatigable, prendas son que maduraron en él, y despertaron sus ansias de vivir y de saber… Él, que de Nicaragua salió joven todavía, volvió convertido en hombre con su cerebro nutrido de conocimientos nuevos, frescos y hondos. La cuchilla salvadora vibraba en sus manos de cirujano experto, y la palabra de conferencista insigne, palpitaba en sus labios, abundante, fogosa y fuerte”.
Después de mencionar y recordar al doctor Luis H. Debayle, deseo hacer algunas reflexiones sobre el Día del Médico y su importancia. Cabe mencionar la necesidad imperiosa de que el médico nicaragüense continúe realizando su noble labor anteponiendo la salud de su paciente, su prioridad y misión número uno. El médico es un ser humano que entrega todo, por los demás sin esperar nada a cambio más que una justa remuneración y reconocimiento por su labor, pero sobre todo la satisfacción del deber cumplido, la sonrisa del paciente curado o el agradecimiento del paciente que aunque no se curó se le dio apoyo y consolación.
Un deber importante del médico es buscar como alcanzar niveles de calidad en la medicina que permitan mayores oportunidades a los enfermos, mejorar la calidad de vida, mejorar las estadísticas existentes en cuanto a expectativa de vida al nacer, mortalidad infantil, mortalidad prenatal, porcentajes de desnutrición, infecciones en general y nosocomiales. Esto se logra dando pasos dentro de lo que se ha llamado los Programas de Mejora Continua de la Calidad en los Servicios de Salud. Si el médico en forma individual tiene ese deber, aún mayor es el deber de los médicos que les toca dirigir. Estos médicos deberían de ser transparentes y basar su gestión en el fin primordial de su función “asegurar la salud de la población con calidad y calidez”.
Todo esto me recuerda la necesidad imperiosa de que exista un Colegio de Médicos en Nicaragua. Podemos ver la desorganización actual que existe en el gremio médico, en la forma que se acostumbra en el sistema público de salud para la contratación de médicos, en la aceptación de un número desmedido y no programado de residentes de diferentes especialidades que al finalizar su programa, no tendrán garantía de oportunidad de trabajo. Se necesita un Colegio de Médicos que sea el rector de la Medicina en Nicaragua, que sea dirigido por médicos honorables, respetuosos de los intereses de la población y de sus colegas, anteponiendo éstos a sus interés personales. Con toda una estructura donde funcione la debida atención a las quejas del público, donde exista un comité de acreditación para los médicos nacionales y extranjeros (independiente de la nacionalidad), que exista un comité de ética para darle seguimiento al comportamiento ético de los médicos, en fin, un colegio de médicos que ayude a mejorar el nivel de la medicina en Nicaragua. Sin lugar a duda con colegiatura obligatoria para todos los médicos del país.
Después de estas reflexiones sobre la realidad y esperanzas de los médicos en Nicaragua, felicito a todos mis colegas, a esos médicos que se encuentran en todas las regiones del país haciendo el bien a sus semejantes.
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