Se evidencia mundialmente la triste y burda manera en cómo el gobierno comunista de China con diversas, retorcidas e infantiles formas de presión intenta ocultar (lo inocultable) a la nación, a la ciudadanía china en general, sobre la internacional noticia del otorgamiento del premio Nobel de la Paz 2010 a Liu Xiaobo, quien para el Partido de Pekín es sólo un “delincuente” encarcelado desde diciembre de 2009 por “subversión contra el Estado”. Liu, ex catedrático de la Universidad de Pekín, de 54 años, cumple condena de once años en una cárcel situada a 480 kilómetros de Pekín por el “pecado” de demandar al gobierno la aplicación de derechos constitucionales básicos, como la libertad de prensa y el pluripartidismo. Liu es famoso líder veterano del movimiento democrático de Tiananmen, y enemigo declarado del régimen comunista. El compromiso con sus ideales democráticos lo ha sostenido por décadas, largos periodos de torturas y detenciones. Liu lloró al recibir la noticia e inmediatamente dedicó el premio a los “Mártires de Tiananmen“, afirmó su esposa, Liu Xia, la que inmediatamente después de visitar a su esposo fue incomunicada y puesta bajo arresto domiciliario por las autoridades chinas.
En un mensaje escrito en su cuenta de Twitter, Xia escribió el siguiente mensaje posteado: “Hermanos, volví a casa. El 8 de octubre fui puesta bajo arresto domiciliario. No sé cuándo podré ver a alguien. Mi celular está fuera de uso y no puedo hacer ni recibir llamadas”. El banal intento de represión y censura contra los medios de comunicación internacionales, ONG y diplomáticos radicados en China resultó un boomerang colosal e incontrolable que ahora absorbe la atención del mundo libre con mayor interés, sobre las absurdas medidas represivas del régimen en contra de quienes demandan una efectiva apertura democrática en el país. “El reconocimiento a Liu fue aplaudido en Estados Unidos y Europa, y el Presidente estadounidense, Barack Obama, así como, gobiernos de países europeos, las Naciones Unidas entre otros importantes entes occidentales, demandan a China su inmediata liberación. El acosado Ministerio de Relaciones Exteriores de China respondió calificando al premio como una “obscenidad”, amenaza y culpa al Gobierno noruego, pese a que el liderazgo de Oslo no tiene poder alguno de decisión en la entrega del premio. (Información de Reuters/AYV)”. Se estima que unos 200 disidentes y defensores de los Derechos Humanos chinos, entre ellos ex funcionarios del régimen, como han afirmado que la concesión del Premio Nobel de la Paz 2010 al preso político chino Xiaobo es una “magnífica” decisión que debería llevar a China a aplicar reformas para establecer un sistema democrático. Recordemos que no es lo mismo ser disidente en China o Cuba que en Occidente. En regímenes tiránicos el hermetismo del silencio oficial es fundamento temerario que mantiene controlado el dócil pánico entre la población con excelentes resultados, de allí que el gobierno comunista chino hace lo que tiene a su alcance para ensuciar en lo posible el honor concedido en el extranjero a Xiaobo. Por eso el gobierno chino desató su visceral cólera contra el gobierno noruego, que nada tiene que ver en esto, y el comité del Nobel por su decisión independiente, con el cándido alegato de que Liu está en la cárcel “por violar la ley”. ¿Cuál ley? ¿A qué ley se refieren los dirigentes chinos? ¿La estarán inventando mientras yo escribo este artículo? Esta confusión, sin matices, entre leyes y derechos ha sido siempre una adecuada coartada maquiavélica para encubrir la pura, cínica y dura dominación totalitaria. ¿En dónde hemos visto situaciones similares en que gobiernos intransigentes y totalitarios retuercen las leyes a conveniencia?
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