PARÍS /AFP
El Senado francés aprobó ayer la reforma de la jubilación impulsada por el presidente conservador Nicolas Sarkozy, pese al rechazo mayoritario de los franceses en manifestaciones, que se repetirán en las próximas semanas, y huelgas que provocaron escasez de combustible.
El proyecto de ley fue respaldado por 177 senadores de la oficialista Unión para un Movimiento Popular (UMP, derecha) y centristas, y rechazado por 153 senadores de la oposición socialista, comunista, radicales y verdes.
“Llegará el día en que los adversarios de esta reforma estarán agradecidos al Presidente de la República, al Gobierno y a la mayoría gubernamental”, declaró el ministro de Trabajo, Eric Woerth, minutos antes de la votación.
La reforma que contra viento y marea llevó adelante el presidente conservador Nicolas Sarkozy, en el poder desde mayo de 2007, elevará de 60 a 62 años la edad mínima para jubilarse, de 65 a 67 años la edad para cobrar. una pensión completa y de 40.5 a 41.3 los años de aportes.
La reforma, que pondrá fin a un “símbolo” de los años ochenta, durante la presidencia del socialista Francois Mitterrand, es rechazada por sindicatos y la oposición de izquierda por considerarla “injusta”, pues el grueso de la carga financiera de las futuras jubilaciones recaerá en los más modestos.
Tras su aprobación en la Asamblea Nacional (cámara de Diputados) el 15 de septiembre, y ayer viernes en la cámara Alta, el proyecto de ley será aprobado definitivamente el miércoles por los diputados, como preveía el ejecutivo, poniendo fin a tres semanas de batalla en el hemiciclo y también en la calle.
Con esta reforma, Francia se acerca a sus vecinos europeos, aunque los expertos consideran que es la más dura.
NUEVAS PROTESTAS
Tras seis jornadas nacionales de manifestaciones y huelgas desde principios de septiembre que movilizaron hasta a 3.5 millones de personas según los sindicatos, y con el respaldo del 70 por ciento de los franceses, las centrales obreras convocaron a dos nuevas jornadas nacionales de protesta: el jueves 28 de octubre y el sábado 6 de noviembre.
Las protestas, que en los últimos diez días se concentraron en el sector petrolero en vísperas de 10 días de vacaciones de la “Toussaint” (Día de todos los santos) que arrancan este sábado, llevaron al Gobierno a tomar medidas para frenar la amenaza de una parálisis por falta de combustible.
Este viernes a la mañana la policía despejó de forma pacífica el acceso a la refinería de Grand puits, una de las seis del grupo francés Total, a 54 kilómetros de París.
Las 12 refinerías de Francia están en huelga desde el martes pasado y el 20 por ciento de las 12,300 gasolineras de Francia seguían sin combustible, según fuentes oficiales.
El Gobierno anunció el viernes que “una vuelta a la normalidad llevará todavía varios días”.
El tráfico ferroviario seguía perturbado, la recolección de residuos afectada en Marsella, Toulouse y Brest, y manifestaciones sectoriales tenían lugar en diversos puntos del país.
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