Una de mis observaciones tras capturar bronce en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Mayagüez, fue que no nos precipitáramos llegando a conclusiones de carácter universal, partiendo de un hecho muy coyuntural, el que además se prestaba a consideraciones como la ausencia de Cuba y el desinterés de algunos países, reflejado en los equipos que enviaron.
Sin embargo, aquí celebramos la medalla con júbilo. Y era comprensible. Hemos logrado tan poco, que con poco nos alegramos. Pero además se reconoció, y con toda justicia, la entrega y valentía con que los muchachos pelearon cada juego, hasta vencer en el duelo por el bronce.
Eso estaba bien. Los muchachos pelearon y ganaron, pero esa medalla no debía llevarnos a concluir que estábamos bien. Sin embargo, el entusiasmo se desbordó y pese a que se advirtió que el Premundial sería exigente, muchos fanáticos volvieron a apostar a otra sorpresa, de tal modo que cuando el equipo no puede ante rivales de más calibre, se decepcionaron.
Y hablo de sorpresa, porque el equipo de Mayagüez nos sorprendió. Esa medalla, ganada con toda legitimidad, no fue el resultado de un trabajo planeado que desembocó en la obra hecha por los muchachos, sino la consecuencia de una tropa inspirada, que se sobrepuso a sus carencias a base de agallas y coraje, y dentro de un contexto que le favoreció.
Entonces, vino el Premundial y nos fue mal, pero eso era lo previsible. Un torneo, en el que se pondrían en disputa, boletos para el Mundial y Panamericanos del 2011, hizo que los demás países enviaran mejores tropas, porque tienen de dónde echar mano. Nosotros, en cambio, ya no teníamos a quién recurrir. Pero en vez de admitir que no hay calidad, se buscó culpables.
Ahora viene el viaje a China, aventura que se hace más por razones políticas que deportivas, y se envía a un combinado, del que no se sabe qué esperar. La Copa muestra además rivales de calibre como Cuba y otros anecdóticos como Tailandia o Hong Kong. Aún con eso, es difícil sentir optimismo. No podemos pretender alcanzar resultados distintos si seguimos haciendo lo mismo. Pero aún cuando se hiciera un buen trabajo, no nos apuremos a creer que estamos bien.
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