La justa lucha de los adultos mayores

La lucha que están librando los afiliados a la Unión Nacional del Adulto Mayor (UNAM), para que el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) les reconozca su derecho a recibir una pensión diferenciada por vejez, según la cantidad de cotizaciones que pagaron durante su vida laboral, no solamente es justa sino también admirable.

Se trata, sin duda, de una lucha bien organizada y mediante acciones impactantes, debidamente planificadas y ejecutadas, en las que se advierte la experiencia organizativa de los dirigentes de esa asociación. Pero lo más importante es que se trata de una lucha que, por ser justa y legítima, debe ser apoyada por la sociedad para que las autoridades correspondientes la atiendan y resuelvan.

En realidad, como dicen los dirigentes de la organización de los adultos mayores, no están pidiendo una dádiva sino exigiendo el reconocimiento de un derecho que legítimamente les corresponde por las cotizaciones que pagaron al INSS. Además, reclaman concretamente el cumplimiento del compromiso que adquirió con ellos el presidente del INSS, el 2 de julio pasado. En esa fecha, el máximo representante del INSS firmó un acuerdo con la organización de los adultos mayores, mediante el cual se comprometió a resolver en todo el mes de agosto, cuál será el monto que se pagará a los antiguos afiliados al Seguro Social que no completaron las 750 cotizaciones que manda la ley para tener derecho a una pensión ordinaria, pero aportaron sus cotizaciones durante el tiempo suficiente para merecer una pensión reducida por vejez y otros beneficios sociales.

La pensión de vejez que el INSS debe asegurarles a los antiguos y actuales afiliados al Seguro Social, no es como el premio que una empresa comercial da al cliente que reúne una determinada cantidad de cupones que son distribuidos de manera gratuita. Los adultos mayores reclamantes son personas que trabajaron durante toda su vida útil, pero por distintas razones no pudieron cotizar las 750 veces que establece la ley. Sin embargo ellos aportaron 250 y más cotizaciones, que pagaron con su dinero, con el fruto de su trabajo, el cual, junto con las correspondientes aportaciones patronales y estatales, les debe de ser retribuido ahora en la modalidad de pensiones reducidas de vejez y otros beneficios sociales.

Todos los trabajadores afiliados al INSS, antiguos y actuales, han sido y son víctimas de un sistema de seguridad social burocrático, injusto y corrupto, lo que se manifiesta en la deficiente asistencia médica, en las miserables pensiones que recibe la mayoría de los jubilados, en el saqueo de los fondos de retiro por parte de gobernantes que, con raras excepciones, los han usado como caja chica para turbias operaciones de interés particular, o como fuente de financiamiento de proyectos empresariales que favorecen a miembros y allegados de los círculos gobernantes, y en fin, para muchas otras cosas ajenas a los intereses de los asegurados antiguos y activos, así como de los jubilados.

Pero el sector más castigado, de todos los maltratados por el INSS, es el de los jubilados. Y peor es la situación de quienes pagaron más de 250 cotizaciones pero no alcanzaron la cifra de 750, y por eso se les niega el derecho de recibir una mínima pensión que les permitiría cubrir al menos algunas de sus necesidades más perentorias.

Para justificar la negación o el regateo de esta justa demanda de los adultos mayores, las autoridades del INSS alegan que la institución no podría soportar esa carga adicional, porque supuestamente está casi quebrada. Pero eso no es culpa de aquellos que pagaron sus cotizaciones para asegurarse la pensión de vejez que ahora reclaman con todo derecho. Además, ¿cómo es que el INSS no puede pagar una pensión reducida a los adultos mayores que están desamparados, pero tiene recursos para financiar millonarios proyectos empresariales ligados a los intereses de los gobernantes? ¿Y por qué la administración del Estado botín puede pagar, con los recursos del INSS, pensiones para muchas personas que nunca cotizaron, y a algunos que poseen cuantiosos recursos, pero le niega o regatea una pensión reducida a personas que la reclaman con todo derecho?

Desde cualquier perspectiva que se le mire, la demanda y la lucha de los adultos mayores es totalmente justa, como absolutamente injusta e inhumana es la actitud de los representantes de un régimen que, sin embargo, hipócritamente ostenta el rótulo de “solidario, socialista y cristiano”.

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