Prohibir el cultivo de café robusta “es locura”, afirma el economista Óscar Neira.
El especialista en políticas macroeconómicas considera que la siembra de la variedad robusta abona a la diversificación de la producción nacional, por lo que se debería impulsar, pero con las debidas regulaciones para evitar perjuicios al tradicional café arábiga, explica.
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Con el impulso del café robusta en Nicaragua, productores de café arábiga han protestado, argumentando que esa variedad afectará la imagen del café nicaragüense y desplazará al café tradicional.
Neira dice que en el país se pueden producir los dos tipos de café, garantizando las debidas regulaciones para ambos, y el resto “dejarlo a los juegos del mercado”.
Esas regulaciones, indica, deberían ser principalmente en la delimitación de las áreas geográficas donde se cultive cada tipo de café, y así se garantizaría que cada una de las variedades tenga el mejor rendimiento y de mejor calidad.
“Si vos querés generar café de calidad, podés regularlo, decir que el café para exportación sea a partir de tal altura… Si querés regular para la exportación, podés imponer parámetros”, explicó el economista.
NO PROHIBIR
La semana pasada un grupo de productores de café arábiga de Madriz, Jinotega, Estelí, Nueva Segovia, Matagalpa y El Crucero hicieron un plantón frente a la Asamblea Nacional para exigir una ley que prohíba la producción de café robusta.
“Deben tomarse medidas jurídicas, políticas, económicas, sociales y organizativas nacionales y urgentes, que permitan eliminar definitivamente las siembras de café robusta, de tal manera que se evite no sólo su extensión al futuro, sino que se eliminen ya las plantaciones existentes en el país”, dice el documento que los productores entregaron a legisladores sandinistas, los que les dieron su respaldo.
Neira señala que “prohibiciones, en general, no deberían de hacerse a menos que sean cultivos dañinos”, pero no es el caso, pues el café “es uno de los pocos cultivos que no es depredador del bosque porque necesita sombra”.
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