PARÍS/AFP
Los sindicatos franceses ganaron ayer una arriesgada apuesta con una movilización récord de la población en una nueva jornada de huelgas y protestas contra la reforma de las jubilaciones, aunque el gobierno conservador de Nicolas Sarkozy advirtió que no dará el brazo a torcer.
Los sindicatos reivindicaron la presencia de 3,5 millones de personas en las 244 manifestaciones convocadas en todo el país, una cifra que triplica a la estimación del Gobierno, de 1,2 millones de personas en las calles.
Esas evaluaciones superan a las hechas por ambas partes en las tres jornadas de lucha previas convocadas desde inicios de septiembre (que iban de 2,5 millones a 3 millones para los sindicatos y de 900,000 a un millón para la policía).
Pese a esa movilización, el Gobierno descartó hacer más concesiones en esa reforma, la principal del mandato de Sarkozy, cuyos puntos más polémicos —aumentar de 60 a 62 años la edad mínima legal para jubilarse y de 65 a 67 años para cobrar una jubilación completa— ya fueron aprobados por los senadores.
Trabajadores ferroviarios y empleados públicos y del sector privado, así como jóvenes profesores y hasta bomberos engrosaban la manifestación parisina. En la marcha destacaba la presencia de miles de estudiantes de secundaria, un factor novedoso, y para algunos inquietante, en la movilización. Además, once de las 12 refinerías del país se plegaron a la huelga, acatada también en los sectores portuario, químico, energético y metalúrgico.
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