No basta lamentarse

Sé que suena repetitivo, que cada vez que la Selección Nacional de Beisbol da uno de sus ahora frecuentes tropiezos, se venga a hablar de la necesidad de reflexionar seriamente al respecto, de formular planes y replantear objetivos.

Por Edgard Rodríguez C.

Sé que suena repetitivo, que cada vez que la Selección Nacional de Beisbol da uno de sus ahora frecuentes tropiezos, se venga a hablar de la necesidad de reflexionar seriamente al respecto, de formular planes y replantear objetivos.

Sin embargo es ridículo esperar que las cosas cambien si seguimos haciendo lo mismo. Y mi propósito no es hablar de esta crisis que sufre el beisbol, para promoverla, pero callar es tolerar y exaltar el conformismo. «En vez de eso, trabajemos para superar la verdadera crisis, que es la crisis de la incompetencia», como dijo Albert Einstein.

Me hubiese gustado ver al equipo clasificado, pero no se pudo por múltiples razones, entre otras porque no tenemos la calidad necesaria, pero en lugar de seguirnos lamentando y emprender una búsqueda de culpables, se debería pensar en qué se va a hacer para salir del atolladero en que nos ha sumergido nuestra propia ineptitud y el nuevo contexto del beisbol.

Quedar fuera del próximo Mundial y de los Panamericanos de Guadalajara en el 2011, lejos de ser visto como algo dramático, debería ser una oportunidad para finalmente aceptar que no se está trabajando bien, y a partir de ahí hacer los replanteos que el beisbol necesita desde hace tiempo, y que el no haberlos hecho nos ha mandado inexorablemente hacia la cola.

Cuando se realiza una edificación, lo primero que se establece es la fundación. Sin una buena base, no hay consistencia, sea cual sea el proyecto. Lo mismo pasa en el beisbol. Queremos una buena selección, en una etapa más exigente del beisbol, y sin invertir los recursos necesarios en las pequeñas ligas para establecer el fundamento.

Los recursos económicos no son muchos. Estamos claros. Y sabemos que eso nos pone en desventaja respecto a los demás países, pero cuando se planea, se establecen objetivos claros y en los plazos correctos, hay un mejor aprovechamiento de lo poco que se tiene. Además nos queda, o lamentarnos porque tenemos poco, o nos decidimos a aprovechar mejor lo que hay.

Hay que formular un plan y dejar de jugar a lo que salga. Se debe pensar en entrenadores capacitados en todos los niveles, atender seriamente las ligas pequeñas y convocar a los jugadores que, además de calidad, aún sientan respeto por el uniforme que usan.

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