La unidad de Alemania fue el fenómeno sociopolítico más trascendental del pasado siglo XX. El sueño, el pensamiento y la realidad de un hombre extraordinario, estadista alemán, príncipe prusiano y Canciller del Reich, Otto Von Bismarck, artífice de la primera Federación de Alemania.
Culminación a su figura actual como la República Federal de Alemania. Muchos años y acontecimientos históricos deplorables y trágicos sucedieron para que esa unidad se terminara al finalizar la segunda guerra mundial.
El advenimiento del Poder Soviético, esos insaciables geófagos tragatierras, continuaron con la tradición centenaria de la Madre Rusia. Un camarada de apellido Ulbricht líder marxista, más ideólogo que teutónico, quien había pasado más de una década de huésped del Kremlin, fue el principal colaborador de los nuevos invasores, convirtiéndose en su más fiel satélite en el corazón de Europa y bautizando con el ficticio nombre de República Democrática Alemana el territorio más occidental de la expansión comunista.
Se estaba haciendo realidad la soñada premonición del binomio Marx-Engel y su sagrada obra Das Kapital . La política y el Ejército Rojo de Stalin caen sobre los países bálticos, continúan con Yugoslavia, Rumanía, Bulgaria, Hungría, se anexionan casi la mitad de Polonia y hacen del este de Europa su principal predio territorial.
De allí saltan para China, hasta Vladivostok, estamos ya en frente de Japón, y para no equivocarse se apoderan de las Islas Kuriles. Rusia ya representa más de la quinta parte del planeta y eso sin haber llegado todavía al estrecho de la Florida y a su idílica Cuba que tendrá que esperar las siguientes décadas.
Tanta euforia expansionista de la URSS estaba llegando a su fin. De nuevo Alemania iba a tener un protagonismo histórico, sería con la caída del muro de Berlín, y esa situación prendió la mecha de nuevo. Y comienzan las sacudidas de los terremotos donde los pueblos protestan de tanta opresión, de tanta humillación, desde la Unter den Linden en Berlín hasta la Plaza Roja de Moscú, y sucede algo increíble, recordemos que los regímenes comunistas fueron impuestos por los tanques y las bayonetas y el día que se derrumbaron, cuando se fueron, cuando huyeron, no se disparó un solo cañonazo, ni un solo tiro. El muro de Berlín se eliminó después de 18 años de erigirse, representó oposición, tragedia, sangre de un siniestro régimen que prohibió a sus propios ciudadanos visitar a familiares al otro lado del muro. Fue demolido a golpe de martillo, a golpe de gritos de alegría, y de cantos del pueblo más alegre de Alemania, con testigos inamovibles y centenarios, serenos, con sabiduría de siglos, el majestuoso Reichstag y su leyenda inmortal en el frontis “Dem Duetsche Volk”, al pueblo alemán, la puerta de Brandeburgo, sin olvidar la Columna de la Victoria, el Tiergarten, todos en compañía de la Avenida Unter Den Linden, y por supuestos los berlineses en multitudes impresionantes, ríos de gente, con sus rubias Berliner Kindl y las espumosas copas del vino blanco del Rin, siempre presente en ocasiones especiales.
Ahora recordamos las aleccionadoras frases de un hombre sabio. El socialismo, es filosofía del fracaso, credo de los ignorantes, prédica de la envidia, distribución de la miseria en forma igualitaria para el pueblo hambriento. Winston Churchill.
El muro de Berlín cayó el 9 de noviembre de 1989 y las primeras elecciones de la Alemania unificada se realizaron el 18 de marzo de 1990. Actualmente, la Fiesta Nacional de Alemania Federal se celebra en el mes de octubre.
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