Algunos diputados de la oposición reconocen que ésta tiene una gran deuda de responsabilidad con los ciudadanos democráticos, pero alegan que ellos sí actúan honestamente aunque se les echa en un mismo saco con los oportunistas y corruptos.
En realidad, sin duda que algunos diputados cumplen o tratan de cumplir sus funciones correctamente, aunque sea difícil apreciarlo porque lo que salta a la vista es el oportunismo, la irresponsabilidad ante el mandato electoral de la población, y la corrupción de no pocos “representantes del pueblo”, quienes aprovechan el cargo público para medrar y traficar en su propio beneficio sin importarles la crítica pública ni el desprecio de los ciudadanos.
Al respecto, en esta columna editorial siempre que criticamos a la oposición parlamentaria debido a la responsabilidad y culpa que le corresponde por permitir los desmanes del régimen de Daniel Ortega —el que prácticamente ha impuesto una nueva dictadura en Nicaragua o al menos ejerce el poder en forma dictatorial—, hacemos la salvedad de que entre los diputados y políticos habituales hay excepciones que es necesario reconocer. Nos referimos a aquéllos que critican y denuncian sistemáticamente los abusos dictatoriales de Daniel Ortega, y, aunque ahora esos diputados son minoría en la Asamblea Nacional, no le dan tregua a la renaciente dictadura.
Pero en los poderes políticos colegiados, como son la Asamblea Nacional, el Poder Judicial, el Consejo Supremo Electoral y la Contraloría, aunque sea posible y justo reconocer los méritos particulares de las personas que los integran, si es que los tienen, sin embargo por su naturaleza jurídica e institucional la responsabilidad en esas instituciones es colectiva, precisamente porque son organismos colegiados.
En el derecho político y constitucional en general, y en la Constitución de Nicaragua en particular, se establece que el único poder político que se ejerce de manera personal y bajo la responsabilidad individual de su titular, es el Ejecutivo, o sea el Presidente de la República en nuestro caso. Según el artículo 144 de la Constitución de Nicaragua, el titular del Ejecutivo concentra la triple responsabilidad personal de ser “Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y Jefe Supremo del Ejército de Nicaragua”. Por eso es que siempre que se critican las acciones presidenciales, se alude y se responsabiliza directamente al Presidente, es decir, a Daniel Ortega en la actualidad.
En cambio, al criticar la gestión de los poderes Legislativo, Judicial, Electoral y de Contraloría, el cuestionamiento se generaliza, porque estas instituciones públicas actúan según la voluntad y la decisión colectiva de sus integrantes, convertidas en leyes, sentencias o acuerdos de conformidad con los procedimientos que señala la Constitución o que ellos mismos se han conferido.
Por otra parte, independientemente de las actitudes personales, toda la oposición parlamentaria tiene culpa por los graves problemas institucionales que está sufriendo Nicaragua. Y ante todo porque la población le dio, mediante el voto popular, una consistente mayoría de 53 diputados frente a la minoría de 38 que eligió el FSLN, pero los diputados de la oposición malversaron ese tesoro democrático. De manera que la oposición es ahora una minoría que ni siquiera puede reunir 47 votos, para aprobar resoluciones y leyes ordinarias. Daniel Ortega y el FSLN han conquistado de hecho la mayoría parlamentaria que no pudieron conseguir limpiamente con los votos ciudadanos. Y todo eso por culpa de las debilidades, del oportunismo, del pactismo y de la corrupción, de diputados que fueron elegidos en las papeletas de la oposición pero ahora sirven de manera disfrazada o descarada a los intereses de la nueva dictadura de Daniel Ortega.
En el caso de aquellos diputados de la oposición que se mantienen fieles al mandato popular que recibieron en las elecciones de 2006, si quieren que los ciudadanos los respeten deben ganárselo con acciones meritorias. Por ejemplo, haciendo más visible su defensa de la democracia, poniendo en agenda los temas de verdadero interés popular, inclusive donando parte de sus jugosos sueldos y privilegios a obras de beneficio social. Éstas son cosas pequeñas que no cambiarían la situación del país, pero con gotas de agua es que se forman los mares, como sentenció Madre Teresa de Calcuta.
No son todos los diputados de la oposición los que han claudicado o se han vendido, es cierto, sino una parte de ellos. Pero la verdad es que los que no se han sometido a la dictadura tampoco han hecho mucho por diferenciarse de aquellos.
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