Alejandro A. Tagliavini

Cómo seguir siendo dictador, sin problemas

Si quiere ser dictador tiene que conseguir dinero para comprar y corromper voluntades. Nadie ha coaccionado y martirizado a su pueblo sólo en base a románticas frases, aunque hayan servido para la propaganda del régimen. Si no, pregúntele a los Kirchner por el problema que tienen para conseguir el dinero suficiente para sostener a sus “aliados”. Pero, ¿cómo conseguir esos fondos? Hay tres caminos.

Primero, “heredarlos”, como Perón que recibió un gobierno repleto de oro como consecuencia de las enormes ventas de alimentos argentinos a un mundo hambreado por la guerra, o como Chávez que tiene más petróleo que cualquier jeque árabe lapidador de adúlteras.

Segundo, conseguir que los ricos como Bill Gates y Warren Buffett hagan donaciones, y mejor si son gobiernos porque preguntan menos por el destino y tienen más dinero. Benjamín Powell y Matt Ryan, del Independent Institute, mostraron como EE.UU. y sus socios en la OECD han contribuido con ayuda “humanitaria” a regímenes como el de Sudán, otorgándole “más de US$$6,000 millones… La OECD contribuyó con asistencia a todos los 20 peores dictadores del globo que, en conjunto, recibieron US$$55,000 millones”.

La tercera alternativa, cuando no queda más remedio porque las otras no alcanzan, es dejar que la gente trabaje en lugar de estar rindiendo pleitesía al Gobierno, o sea que el mercado funcione sin que el Gobierno lo impida con regulaciones, y luego cobrarles impuestos. Por ejemplo, la URSS llegó a autorizar mini chacras privadas y éstas, a pesar de que totalizaban sólo el 3 por ciento de las tierras cultivables, producían el 27 por ciento de los alimentos nacionales. El “milagro” consistió en que la gente trabajaba en lugar de estar “haciendo burocracia” (haciendo “huevo”, se dice en Argentina, por referencia a las gallinas).

Pero el caso más sintomático es China, que se ha enriquecido gracias a que cada vez más deja que la gente trabaje, es decir, que el mercado funcione sin que los burócratas estatales lo impidan. Así, según la revista Foreing Policy , en la lista de los peores dictadores del mundo aparece décimo el chino Hu Jintao, que está cada vez más firme en su lugar y a nadie se le ocurriría destronarlo. En cambio, los nueve que lo preceden como Kim Jong Il, de Corea del Norte, y Robert Mugabe, de Zimbabwe, quién sabe dónde terminarán.

Hugo Chávez aparece en el puesto 17 y si sigue como viene, con el país cada vez más empobrecido a pesar del petróleo, no está claro si podrá continuar, mientras que en el puesto 21 aparece su socio Raúl Castro, que está cayendo en la cuenta de que necesita dinero urgente si quiere seguir el envidiable camino de Hu Jintao, y no el de Mugabe.

Así es como los Castro han decidido que eliminarán, en los próximos seis meses, más de 500,000 puestos, el 10 por ciento de la “fuerza laboral estatal”, es decir, menos burócratas y más gente que trabaje para lo que ampliarán la iniciativa privada. Increíblemente la Central de Trabajadores dijo que “Nuestro Estado no puede… continuar manteniendo empresas, entidades productivas, de servicios y presupuestadas con plantillas infladas y pérdidas que lastran la economía, resultan contraproducentes, generan malos hábitos y deforman la conducta de los trabajadores”. Castro ya había reconocido que “Cuba es el único país del mundo en que se puede vivir sin trabajar”.

El autor es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

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