Massiel Largaespada, Gloria Picón y Wendy Álvarez
La gente que apoya al misionero Alberto Boschi tenía programada una misa para ayer jueves, pero el oficio religioso no se llevó a cabo porque ninguno de los sacerdotes que buscaron tenía tiempo para celebrar el acto religioso.
Boschi, quien hoy amaneció indocumentado en Nicaragua porque ayer se le venció la visa de turista, dijo que le pidieron a monseñor Miguel Mántica que oficiara la misa, pero respondió que no podía porque están en la semana de la Biblia.
Lo mismo respondió el padre Juan de Dios García, párroco de una de las iglesias de Ciudad Sandino, según relató Boschi, un misionero católico de origen italiano al que el Gobierno de Daniel Ortega le quitó la nacionalidad nicaragüense hace tres meses.
Boschi comentó que entiende que los sacerdotes estén ocupados, pero la semana próxima, si todavía está en el país, insistirá en hacer la celebración religiosa.
A partir de ayer, al misionero sólo le queda esperar lo que decidan las autoridades nicaragüenses sobre su situación legal en el país.
Las aulas de clases en el colegio Lorenzo Milani, fundado por Boschi en Ciudad Sandino, lucían vacías ayer y había un ambiente de tristeza entre los vecinos, que han sido beneficiados durante años por el proyecto social educativo del misionero, en la Zona 11 de ese municipio.
La noche del miércoles unas 300 personas, entre madres, alumnos y docentes de la escuela, acompañaron a Boschi en una vigilia hasta el amanecer, por lo que ayer fueron suspendidas las clases para los más de 500 estudiantes favorecidos por el proyecto.
“Los padres de familia y profesores siempre quieren solidarizarse conmigo y me han apoyado en todas las actividades que he tenido que realizar para quedarme en este país, y eso afecta las clases de los niños, desafortunadamente”, expresó Boschi.
INCERTIDUMBRE
“No sé si me van a dar un plazo de unas 72 horas para salir del país, o si van a venir a sacarme por la fuerza, pero en un país civilizado, como se supone es Nicaragua, habrá de llegarme alguna notificación, creo. Pero todo es posible”, dijo Boschi al referirse al vencimiento de su visa.
Katy Munguía, una joven de 19 años, indicó que el proyecto de Boschi “ya no es sólo de él, sino que nosotros nos hemos apropiado de esa labor social, que es el mayor legado que nos ha dejado don Alberto”.
El embajador de Estados Unidos, Robert Callahan, dijo ayer que no cree que el Gobierno de Ortega solicite su retiro de Nicaragua por haber recibido a Boschi, quien expuso al diplomático su situación legal migratoria.
Callahan declaró que Boschi no ha cometido “ningún delito, él está en este país legalmente y entonces está en su derecho de pedirnos una reunión. Yo creo que, como diplomático, es nuestro derecho y nuestro deber, porque es una cosa completamente normal en la vida diplomática”.
Hace dos semanas el Gobierno de Ortega pidió el retiro del representante de la OEA, Pedro Vuskovic, a quien calificó de injerencista por haber recibido a Boschi.
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