El título es un paso para los mayangnas. Ahora hace falta saber qué pasará con las familias asentadas en ese territorio indígena. LA PRENSA/G.MIRANDA

El peleado suelo Mayangna

Por ley se ha titulado, en los últimos dos años, el 68 por ciento de los pueblos indígenas de la Regiones Autónomas del Caribe nicaragüense. Tanto en la RAAS como en la RAAN, donde el proceso ha avanzado un 95 por ciento. Todavía faltan siete de los 22 territorios.

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En Awas Tingni hay que tener vista de águila para espiar al vecino. Los cerca de 300 ranchos quedan distantes unos de otros, separados por el verde que domina ese caserío. Las casas se alzan en pilotes para proteger a sus moradores del lodo pegajoso del invierno, pero también para salvarlos del ingreso inoportuno de animales domésticos y silvestres. Algunas casitas tienen a un costado, o en la espalda, un apéndice de madera y zinc con ventanas que expelen humo, por donde asoman sus narices mujeres que cocinan descalzas, sin sostenes, que huelen a hollín. La distancia entre los ranchos es más real cuando se recorre a pie. La separación no parece cosa del azar, sino un asunto adrede y calculado por los ancianos mayangnas, los sabios de la comunidad quienes a la larga quieren demostrar con la dispersión que esta comunidad, pequeña y remota de Waspam, en la que viven 1,584 personas, es lo suficientemente vasta como para administrar las 73,000 hectáreas que desde hace dos años, por ley, les pertenece.

Por ley se ha titulado, en los últimos dos años, el 68 por ciento de los pueblos indígenas de la Regiones Autónomas del Caribe nicaragüense. Tanto en la RAAS como en la RAAN, donde el proceso ha avanzado un 95 por ciento. Todavía faltan siete de los 22 territorios.

El 14 de diciembre de 2008 el pueblo mayangna de Awas Tingni, arrancó a este gobierno lo que le había pedido a los tres presidentes anteriores —Violeta Barrios, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños— y ninguno concedió: su título de propiedad. Aunque la petición se correspondía con una promesa de campaña de Daniel Ortega, la titulación de los mayangnas tenía que ver más con una pelea de años que se zanjó en instancias internacionales.

En el año 2001, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, había concluido que el Estado nicaragüense era violador de los derechos del pueblo mayangna de Awas Tingni por entregar concesiones a empresas madereras pasando por encima de los derechos indígenas a quienes ampara un amplio marco jurídico fuera y dentro del país. Por eso, la CIDH llamó al Estado nicaragüense a titular el territorio a favor de los habitantes de Awas Tingni.

[doap_box title=»Mucho por sanear» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Un informe de Conadeti, a junio de este año, dice que hace falta el saneamiento en 23 territorios y que también hay 10 títulos pendientes de entrega, además que en nueve territorios hace falta solucionar conflictos.

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  • LA TIERRA ENDEBLE DE LOS RAMAS (EL CAPÍTULO DE LA TITULACIÓN EN EL SUR)
Para viajar una y otra vez al terreno a diagnosticar, a amojonar, a definir linderos, a resolver conflictos de propiedad, la Comisión Nacional de Demarcación y Titulación, Conadeti, no tiene suficientes fondos. Así lo reconoce un informe a junio de este año que esa comisión entregó a las nuevas autoridades de la Conadeti, que ahora —y por dos años— tendrá sede en Bluefields, RAAS.

El informe, que refiere el grado de avance del proceso de demarcación de territorios, reconoce que “los recursos económicos asignados a la Conadeti-CID vía Ministerio de Hacienda y Crédito Público y de otras fuentes son insuficientes, comparado con las demandas del proceso, de los territorios y comunidades para avanzar en el proceso de demarcación y titulación que es mucho mayor”. Sin embargo, no se detalla cuál ha sido el monto para este proceso.

“…no hay suficientes GPS, computadoras equipadas con programas paquetes tecnológicos, cámaras digitales y de vídeo, plotter, fotocopiadoras, pangas y motores fuera de borda, camionetas, teléfonos satelitales, brújulas, botiquines, salvavidas”, según reza un informe de evaluación de Conadeti.

El informe establece, además, que se incumplen artículos de la ley 445, la ley de demarcación que manda crear un fondo nacional de demarcación, y todavía no se ha creado el fondo, y por supuesto, no hay recursos.

La Conadeti de Puerto Cabezas, desde donde se originó este informe, también cuestiona que al resto de instituciones involucradas en el proceso de demarcación, como los mismos gobiernos regionales, no les gusta colaborar con ellos: no facilitan vehículos ni destinan recursos, aunque la ley establece que el proceso de demarcación y titulación involucra a varias instituciones estatales.

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TITULACIÓN CON MUCHOS OBSTÁCULOS

Aunque tuvieron todo para demostrar que la tierra reclamada era suya, como lo constataron luego los miembros de la Comisión Nacional de Demarcación y Titulación, Conadeti, la titulación de Awas Tingni no fue fácil. Hubo peleas con comunidades vecinas -todas miskitas— que reclamaban parte del territorio mayangna. Hubo amenazas de ex combatientes de Yatama contra sus líderes. Jhielly Ortiz, uno de los dirigentes mayangnas de la comunidad, recuerda que como parte de las represalias, meses antes de la titulación, fue retenido durante horas en el empalme de la carretera que une a Waspam con Puerto Cabezas. El propio día de la entrega del título llegaron a pensar que el Procurador no lograría entrar porque había bloqueos en el camino.

Después de la entrega ha habido intentos por arrebatárselo, pero Ortiz confiesa que el documento lo mantienen “bien escondido”, como un tesoro, y sólo lo sacan de vez en cuando para enseñarlo a los niños de la comunidad, para que sepan que ese suelo es de ellos, explica este hombre moreno y fuerte que entiende cuatro idiomas: mayangna, miskito, español e inglés criollo.

“La gente tenía la esperanza que cuando tuvieran el título cambiaría la forma de vivir”, dice Ortiz. Y es verdad que la vida empezó a cambiar. Ortiz explica con optimismo que “ya llegó el proceso de desarrollo” a esta comunidad que pertenece a Waspam. Hasta hace unos años no había electricidad, todavía no hay agua potable y todavía los pobladores caminan más de dos horas para llegar al empalme de la carretera que lleva a Bilwi, el centro económico más importante de la RAAN (Región Autónoma Atlántico Norte), y donde compran y venden los mayangnas de Awas Tingni.

Ortiz refiere que algunos de los proyectos orientados a mejorar se han hecho con el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) y el Banco Mundial, que han apoyado la siembra y el aprovechamiento de la madera caída tras el paso del huracán Félix, en septiembre de 2007. Otras organizaciones, como Acción Médica, apoyan con la creación de una finca modelo que está a media hora del caserío.

COLONOS EN SUELO INDÍGENA

La historia de la titulación de Awas Tingni podría tener un final feliz si no fuera porque en el último año, al suroeste del territorio, han plantado sus ranchos alrededor de 300 familias de colonos provenientes del Norte y el Pacífico del país. No existe un dato exacto de cuántas familias de mestizos se han asentado en los territorios indígenas ya titulados, pero se estima que son miles en las dos regiones del Caribe. Y muchos han empezado a organizarse y exigir también demarcación y titulación de territorios para ellos.

La comunidad mayangna de awas tingni aspira al desarrollo de ese pueblo indígena ahora que logró el título.LA PRENSA/G.MIRANDA

A mediados de junio de este año, un grupo de colonos trancaron la entrada en Siuna, Rosita y Bilwi. Uno de sus líderes, Bonifacio Padilla, que habló en representación de los colonos de 45 comunidades, dijo que ellos también quieren tener seguridad jurídica sobre la tierra. Las disputas han sido agrias en el territorio Mayangna Sauni Bas, que comprende parte de la reserva de la biosfera de Bosawas. Allí se calcula que viven unas 800 familias. La presencia de colonos en Bosawas data desde mediados de los noventa, mucho antes que fuera declarada reserva de la biosfera en 1998.

“Han entrado muchos terceros (colonos mestizos), que no llegan sólo por llegar. Hay unos que agarran una parcela de tierra y luego la venden a otros, es como una fuente negocio”, dice Cristina Poveda, del capítulo de la Conadeti de Bilwi, quien se cuida de usar las palabras traficantes de tierra. Poveda reconoce que quienes trafican a veces son los “terceros”, pero también los mismos líderes de las comunidades. “Si venden a uno, en un año son 20, 30 y hasta 40 familias las que están ahí en esa manzana, y si es así, ¿cuánto es el avance de la frontera agrícola?”, pregunta Poveda.

La funcionaria asegura que al desorden también abonan los políticos de la región, quienes juegan en sus campañas con la promesa de la tierra.

“Nosotros ya hablamos a nivel regional y a nivel central. Estuvo una comisión de Procuraduría y de Inafor (Instituto Nacional Forestal) que fueron al territorio… y allí la gente tenía armas de fuego”, explica un líder de Awas Tingni, que advierte que ellos estuvieron pacíficos durante ese recorrido, pero tienen claro que si los tocan van a actuar.

EL ÚLTIMO PASO

Después de la titulación viene el paso definitivo y quizá el más complejo del proceso de demarcación: el saneamiento, una fase que será un reto para las autoridades regionales. La etapa de saneamiento prevé dos aspectos clave: el desalojo de los invasores de los territorios, o la convivencia con ellos pero ateniéndose a las reglas de los pueblos indígenas.Sin embargo, las políticas de saneamiento aún no están normadas. Está previsto, entre otras cosas, respetar los títulos entregados mediante reforma agraria. También se prevé indemnización del Estado en algunos casos, pero aún los funcionarios locales que están en el proceso no tienen muy claras las reglas del juego.
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Para Hernando Samuel Francis, intendente de la Propiedad en Bilwi, la etapa de saneamiento será “agitada” por varias razones. Una, es porque no existe un banco de tierra para reubicar a las familias de las cuales no se tiene un censo exacto (pero se prevé que son miles), y el otro problema es que, por ahora, no existe presupuesto para indemnizarlos. 

Los mayangnas están a la expectativa de lo que ocurra con esas 300 familias que están en su territorio. Están pendientes de recorrer el territorio, pero quieren hacerlo con instancias del Gobierno, para evitar roces. Aunque no lo dicen abiertamente, no parecen renuentes a llegar a un acuerdo. Sin embargo, ahora ellos tienen otras preocupaciones.

Quieren ampliar el servicio de electricidad a través de paneles solares, están interesados en montar una granja en los que haya hasta pelibueyes, en la finca modelo, y también les interesa que el Gobierno les apruebe nuevas plazas de maestros y de preferencia que sean de la comunidad, porque todavía hay 80 niños fuera de la escuela por falta de maestros. Lo mismo quieren que llegue un médico, o por lo menos una enfermera permanente con algunas medicinas, porque allí se han muerto niños de gripe y dengue este año. El tema de la tierra no está resuelto como ellos quieren, pero con el título escondido y con la ilusión óptica de ser una comunidad enorme, se sienten a salvo.

LA PRENSA/G.MIRANDA/FOTO ARTE/B. RODRÍGUEZ

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