Raoul Shade

La sedenterización forzosa de los gitanos

Las deportaciones masivas em- pobrecen una nación desde el punto de vista espiritual son graves reminiscencias de un pasado que no se debe olvidar nunca. En el caso de los gitanos —los últimos esclavos de Europa— nos recuerda la triste época de la Francia de Vichy, bajo el dominio nazi. No fue hasta 1995, con el Gobierno de Chirac, que Francia reconoció su participación activa en el genocidio de los judíos. Mejor tarde que nunca.

Montreuil Bellay fue uno de los tantos campos de concentración para gitanos, entre el 8/11/1941 y 16/01/1945 y bombardeado por los Aliados entre junio y julio del 44, hasta la llegada de las tropas norteamericanas que liberaron París. Para los judíos hubo otras decenas de campos por todo el territorio nacional. Con la diferencia que a los 6,000 gitanos internados en Francia no los deportaron a Auschwitz, pero sí a otros campos (Jargeau y Angoulême) para otra sedenterización forzosa aún después de la liberación de 1945, que duró hasta junio de 1946.

Se calcula que unos 400,000 fueron enviados a los seis campos de la muerte en Polonia desde varios países de Europa ocupados por los nazis. Otro miles fueron fusilados por las Einsatzgruppen de Heydrich. Sin embargo, Himmler pretendió apartar a los gitanos de pura raza para estudiarlos y tal vez disecarlos como especie rara. Incluso ellos recibieron trato preferencial en los campos de concentración, puesto que las familias gitanas estaban juntas. A partir de 1939 Eichmann asume el cargo de reubicar a los gitanos. Eventualmente a él lo reubicaron en Buenos Aires, gracias a Juan Perón, el hombre de confianza de Hitler en América Latina, quien había ordenado la impresión de miles de documentos falsos para que los genocidas nazis pudieran huir de Europa. Otra razón por la cual J. L. Borges detestaba a Perón. El tristemente famoso doctor Mengele se refugió en Brasil; otros criminales de guerra en Chile.

Entre 1941 y 1942, Rumania deportó a 26,000 gitanos de Bukovina, Bessarabia, Moldavia y Bucarest a Transnistria (Ucrania) causándoles la muerte a miles, debido al maltrato, hambruna y enfermedades. En la Hungría de hoy, a pesar de que los gitanos solamente representen el 6 por ciento de la población, se reportan decenas de graves hostigamientos y varios asesinatos. Sin embargo, unas 2,000 personas procedentes de toda Hungría, durante el entierro de una de las víctimas en Tatárszentgyörgy, pidieron perdón a los gitanos “por no haberles aceptado desde hace 500 años”. En el juicio de Nuremberg, la gran farsa del siglo XX, condenaron a los genocidas nazis pero no a los criminales de guerra de la URSS, quienes también exterminaron a los gitanos y a los judíos. Además de desaparecer a Raoul Wallenberg en Siberia, el diplomático sueco quien heroicamente rescató a decenas de miles de judíos en Budapest entre julio y diciembre 1944.

Todavía hay gente de mala fe que disputa el número exacto de víctimas en un holocausto o masacre. No es el número, sino la intención que se juzga. Si Hitler solamente asesinó, aproximadamente, a 400,000 gitanos o Francia deportó solamente a 75,000 judíos (incluyendo a 11,000 niños) a Auschwitz, es porque no tuvieron más a su alcance. Comparar Hitler con Stalin también es un disparate, puesto que ambos en 1939 se unieron para invadir Polonia, que se defendió de manera heroica antes de caer. Lamentablemente, la Francia del “socialista” François Mitterrand se vio directamente involucrada en otro genocidio: el de Rwanda (1994).

La Historia se repite y se repetirá siempre. Esto es el mensaje de este artículo.

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