La Fundación un techo para mi País es financiada por varias empresas y organismos internacionales, además los jóvenes realizan colectas año con año. LAPRENSA/FÉLIX RIVERA.

Un Techo Para Mi país llega a Jinotega

En tres días 180 jóvenes universitarios de Managua y miembros de la Fundación Un Techo Para Mi País (UTPMP) construyeron 20 casas para igual número de familias en los barrios Carlos Rizo II etapa y Villa Valencia, ubicados en la periferia noreste de la ciudad jinotegana.

CORRESPONSAL/JINOTEGA

En tres días 180 jóvenes universitarios de Managua y miembros de la Fundación Un Techo Para Mi País (UTPMP) construyeron 20 casas para igual número de familias en los barrios Carlos Rizo II etapa y Villa Valencia, ubicados en la periferia noreste de la ciudad jinotegana.

La Fundación Un Techo Para Mi País nació en 1997 en Chile; en Nicaragua tiene presencia desde el 2008. Hasta el momento cuenta con mil 500 jóvenes voluntarios.

Los jóvenes universitarios, dejaron sus comodidades de clase media y alta y llegaron a la lluviosa y fría Jinotega. Bajo esas adversas condiciones climáticas, desde las primeras horas de la mañana los jóvenes equipados con sombreros o cascos y sus botas de hule escalaron las faldas del empinado macizo Alemania, llevando en sus cabezas y hombros zinc, arena y cemento, para construir las 20 viviendas.

Cada vivienda tiene un costo de mil 500 dólares, el área construida es de 36 metros cuadrados y es elaborada en madera de pino curado.

Los beneficiarios contribuyen con 2 mil córdobas como parte de un fondo revolvente para ayudar a construir casas a gente pobre de otros departamentos del país.

EJEMPLO A CASAS PARA EL PUEBLO

Los jóvenes, apoyados por UTPMP han dado el ejemplo al tan publicitado programa Casas para el pueblo, porque sin muchos requisitos han convertido champas de plástico negro, cartón, ripios de madera y pedazos de zinc sarroso en viviendas de pino curado con su respectivo tragaluz y un techo digno.

“Los jóvenes nicaragüenses no podemos hacernos de la vista gorda ante las condiciones infrahumanas en que vivía esta pobre gente. Tenemos la responsabilidad de apoyar al que no tiene donde vivir y apoyar en organización, unidad y charlas de autoestima a la gente y con nuestra actuación apoyamos el desarrollo de nuestra nación”, dijeron Frank Irschitz y Karen Castillo, parte de los jóvenes que participaron en la construcción de las casas.

Los beneficiarios dieron las gracias por la ayuda. “Antes me mojaba, por debajo de mi cama corría el agua que baja de los cerros; ahora doy gracias a Dios a estos jóvenes por estas casas que nos han construido”, dijo doña Martha Lucila Pineda, quien vive con su padre de 106 años.

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