Ayer domingo fue de angustia para el padre del joven nicaragüense supuestamente secuestrado en San Luis, Potosí, México, por presuntos miembros de Los Zetas, pero también de esperanza, pues los raptores de su vástago no llamaron.
La espera de todo el día de la llamada de los secuestradores —que hasta el cierre de esta edición no llegó— alteró los nervios de la madrastra del joven.
El padre del joven chinandegano, con celular en mano estuvo listo para pedir “misericordia” para su vástago, además de una prórroga y una cuota menor a los cuatro mil dólares que solicitan para liberarlo.
Aún cuando existe esperanza, el temor que invade a esta familia, compuesta por cuatro miembros —incluyendo dos niños— no les abandonó este domingo. Incluso los vecinos y hasta miembros de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC) de Chinandega no se pronuncian sobre el caso porque tienen miedo.
La Policía del departamento le ha pedido a esta familia que mantenga la calma. El progenitor relató que cerca de las 8:00 a.m. de ayer el celular vibró, lo que le hizo saltar por los nervios cuando realizaba una diligencia en su bicicleta. Pero quien le llamaba era una de sus hijas para conocer información del caso, que a todos mantiene en alerta.
El padre del joven es muy pobre. Laboró durante 30 años en el muelle de Puerto Corinto. Ahora recibe 2,800 córdobas de pensión, lo que considera una miseria. Además sufre de varias enfermedades.
Tres de sus hijos viven en Costa Rica, uno en El Salvador, pero la falta de empleo de ellos no les permite poder enviarles dinero para ayudar a obtener los cuatro mil dólares que piden los supuestos secuestradores.
Los hermanos del joven secuestrado que viven en Costa Rica escucharon la información en Radio Managua, en San José, lo que les hizo preguntar si se trataba de su hermano menor.
La madrastra del joven fue quien recibió hace dos viernes la primera llamada que hicieron los supuestos secuestradores, quienes aseguran ser de Los Zetas. En esa oportunidad le pasaron al teléfono al hijastro, a quien lo crío desde que tenía siete años cuando quedó huérfano de madre.
“Viejita, aquí me tienen, me agarraron”, relató la señora haber escuchado decir al joven. Luego escuchó la amenaza del secuestrador. “Consigan 10 mil dólares para el rescate, de lo contrario te mandamos un pedazo de él”, contó.
En la llamada del pasado jueves al padre le llamó la atención la expresión “adiós” del secuestrador, aunque antes le había dado el ultimátum del plazo fatal que se vencía ayer domingo.
El obispo Bosco Vivas Robelo, de la Diósesis de Occidente, expresó ayer en Chinandega que lamentaba la triste realidad de esta familia y les envió una medalla y un rosario, además de prometer oraciones. “Ojalá este joven retorne al hogar. Dios y la Virgen Santísima le permitan que regrese y esta familia pueda tener paz”, dijo.
La experiencia de un secuestro anterior para esta familia fue hace más de seis años. Ocurrió en Honduras cuando delincuentes detuvieron a un hijo de la señora. Ella es la dueña de la casita, pero no duda en empeñarla o venderla y conseguir el dinero para que su hijastro sea liberado. Ella es estudiante de los Testigos de Jehová y le reconfortó el encuentro vespertino en la Congregación.
El joven, de 21 años, secuestrado, logró llegar hace más de dos años a Los Ángeles, California, Estados Unidos, pero fue capturado y deportado por Migración. Hace un año viajó otra vez “mojado”, pero resultó agredido en México y regresó a Chinandega.
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