La herida del 11S sigue sangrando

La conmemoración, hoy, del noveno aniversario de los ataques terroristas de Al Qaeda contra las Torres Gemelas de Nueva York, y contra el Pentágono en Washington DC, el 11 de septiembre de 2001, tiene lugar en un ambiente de derrotismo de Estados Unidos al mismo tiempo que de recrudecimiento del antiislamismo estadounidense.

Es que la conmemoración de este nuevo aniversario del 11 de septiembre se realiza muy pocos días después de la retirada —con muchas justificaciones, pero sin ninguna gloria— de las tropas de combate de Estados Unidos en Irak. Además, las autoridades municipales de Nueva York y el presidente Barack Obama acaban de autorizar la construcción de un simbólico y controvertido centro cultural islámico, a escasa distancia del santuario de las víctimas del terrorismo que es la zona donde se alzaban las Torres Gemelas del World Trade Center, desaparecido símbolo del poderío económico universal estadounidense que en los últimos años ha venido a menos.

Sobre la guerra en Irak, aparte de que no era cierto que el dictador genocida Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva —de lo que el déspota babilónico se jactaba falsamente y los servicios de inteligencia de Estados Unidos al parecer lo creían—, la invasión, la prolongada ocupación militar y el cruento y costoso conflicto bélico ni siquiera logró garantizar un confiable sistema democrático de gobierno en aquel país árabe. Si esto se hubiera logrado, se hubieran compensado al menos un poco los enormes costos humanos y materiales de la guerra en Irak, que dejó el saldo macabro de 4,400 soldados estadounidenses muertos, más de 31,000 mutilados y muchísimos más excombatientes con padecimientos sicológicos, así como gastos económicos por más de 700,000 millones de dólares.

Lo único que ha quedado claro en Irak, es que así como no se puede exportar la revolución ni imponer por la fuerza, a otro país, un sistema comunista o de orientación socialista marxista-leninista, tampoco se puede exportar la democracia ni imponer el sistema de vida democrático a ningún país cuyo pueblo no tenga conciencia de su propia necesidad de vivir en libertad.

De modo que pareciera que los terroristas y demás enemigos de Estados Unidos tienen razón de sentirse triunfadores por la retirada de las tropas de combate norteamericanas en Irak, que a todas luces significa una derrota estadounidense, independientemente de que sea el cumplimiento de una de las principales promesas del presidente Obama y no obstante la alegría que embarga a las familias norteamericanas por el regreso de sus parientes sanos y salvos.

Por otra parte, la construcción de un centro cultural islámico cerca de donde estuvieron las Torres Gemelas y se construye un gran monumento a las víctimas del holocausto del 11 de septiembre de 2001, es percibida como un símbolo de derrota de Estados Unidos a manos del terrorismo autollamado islámico.

En realidad, la decisión de las autoridades de Nueva York y del presidente Obama, de autorizar la construcción de ese centro cultural islámico que incluirá una mezquita, es congruente con el principio constitucional sobre la libertad de conciencia y con la tradición de tolerancia a la libertad de cultura y de culto religioso. Si bien es cierto que no siempre se ha respetado esa tradición, su vigencia como valor fundacional y permanente de Estados Unidos constituye precisamente una de las características más importantes de esa gran nación, la condición de su inmensa superioridad moral respecto de otras sociedades que son tenazmente intolerantes, como es el caso de los países islámicos fundamentalistas.

De cualquier manera, los terroristas que organizaron los ataques contra las Torres Gemelas y causaron la muerte de más de 3 mil personas, así como sus amigos en todas partes del mundo que los celebraron, presentan el establecimiento del centro islámico cerca del santuario del 11 de Septiembre como un signo de victoria sobre Estados Unidos. Por su parte, muchos familiares y amigos de las víctimas del 11 de septiembre, y una inmensa cantidad de estadounidenses, quizás la mayoría, lo perciben como una ofensa a la conciencia y al honor nacional.

Sin embargo, el hecho de que en Estados Unidos se pueda establecer un centro cultural y religioso islámico en la zona donde ocurrió el holocausto de las Torres Gemelas, siendo que es imposible construir un templo cristiano cerca de algún lugar sagrado del Islam en cualquier país musulmán, demuestra la grandeza de Estados Unidos. Así como también enseña su gran debilidad ante el exasperante avance del totalitarismo en sus diversas expresiones, políticas y religiosas.

COMENTARIOS

  1. Rodrigo Luis Alvarez Barreto
    Hace 16 años

    Entonces que hacemos? cual es la respuesta al comentario?

  2. kyoto
    Hace 16 años

    Ya pusieron sus centros comerciales y McDonalds en IRAQ ? o cuando exploten todo el petroleo lo van hacer?

  3. nica made in usa
    Hace 16 años

    Lo que el gobierno USA deberia hacer ,es un referendo con la gente que reside en Nueva York y que se haga lo que dice la mayoria,y no hacer lo que piensan esos fanaticos religiosos ,que a todas luces se ve mas que todo como una provocacion y falta de respeto a la gente que murieron en esos atentados;soy gringo y esa es mi opinion;y no siento ningun odio por ningun musulman e incluso muchos de ellos no estan de acuerdo con lo de la mezquita como respeto a las victimas;tengo amigos musulmanes

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